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“El ocaso del socialismo mágico” el 1 de diciembre en Barcelona

@AndreinaAveledo

“La autopsia del chavismo”, “el amanecer del pensamiento”, “el dialogo entre las izquierdas”; al
documental de Michele Calabresi (78min) se le han acuñado diversas funciones. Sin embargo, se
trata de un registro visual del experimento llamado “socialismo del siglo XXI” en Venezuela. Este
documental no es otra cosa que un dialogo, ciertamente, reflexivo sobre el detrimentos de un
movimiento político que “ilusionó a muchos, engañó a unos menos y enriqueció
extraordinariamente a pocos”, como diría Bioy Casares.

De la mano de importantes figuras que han seguido de cerca el proceso desde sus inicios, este
documental nos ofrece una lectura analítica, casi académica, del panorama político venezolano
actual. Los entrevistados Teodoro Petkoff, Margarita López Maya, el fallecido Manuel Caballero, el
preso político Leopoldo López, Freddy Guevara, Carlos Hermoso, los sindicalistas Froilán Barrios,
Orlando Chirino y Rubén González, así como los intelectuales chavistas Mariclen Stelling y Javier
Biardeau y el eterno guerrillero Douglas Bravo resurgen casi como testigos de una odisea que ya
pasó.

A forma de etnólogo, Michele Calabresi se adentra en un viaje de constatación. Y como buen
observador foráneo, logra una radiografía en movimiento del funcionamiento del Estado, sus
estrategias, sus alianzas, sus maniobras, para desvelar sus fallidos esfuerzos de rassemblement, de
progreso y de insumisión. Y, otra vez, como buen antropólogo, transforma el qué en un quién que
padece, siente, que desespera, que deambula por las calles, que tiene hambre.

Un análisis conceptual de lo político como sujeto es menester en un país en donde “lo político” se
ha apropiado sabiamente de lo social, lo económico, lo cultural; dejándonos con un ethos
neurotizado, agobiado, cansado.

Fatigados de ver al chavismo desde sus lentes antónimos, este documental nos brinda una
oportunidad al dialogo desde un nuevo paradigma: el de la observación de las tendencias populistas
desde fuera, pero en su contexto.

Más allá de intentar resolver o dar respuesta a la incesante casi obstinada pregunta: ¿cómo llegamos
aquí?, esta película revela al chavismo como una consecuencia inminente de nuestra malformación
social: la pobreza. Dejándonos entrever que el chavismo “no es siquiera la enfermedad, es su
síntoma”.

Es decir, no es el cáncer, es la metástasis avanzada de un aparato político y económico
infectado de células depredadoras, cuyas disfuncionalidades decidieron llamar “revolución”.
Lo mágico de este fenómeno lo resume espléndidamente Ignacio Cabrujas cuando dice:
Nunca levantamos muchas salas de teatro en este país.

¿Para qué? La estructura principista del poder fue siempre nuestro mejor escenario…. ¿De dónde sacamos nuestras instituciones públicas? ¿De dónde sacamos nuestra noción de “Estado”? De un sombrero. De un rutinario truco de prestidigitación [magia]. … La aparición del petróleo como industria creó en Venezuela una especie de cosmogonía. El Estado adquirió rápidamente un matiz “providencial”. Pasó de un desarrollo lento, tan lento como todo lo que tiene que ver con la agricultura, a un desarrollo “milagroso” y espectacular. ¿Por qué? Porque el Estado no tiene nada que ver con nuestra realidad.

El Estado es un brujo magnánimo. El anuncio de que éramos un país petrolero creó en Venezuela la
ilusión de un milagro. (José Ignacio Cabrujas en El Estado Mágico de Fernando Coronil, 1997).
Mucho sentido tiene que el dramaturgo venezolano compare la vida política venezolana a un teatro
y a sus gobernantes a magos con la milagrosa capacidad de tele-transportarnos a cosmovisiones de
riqueza, igualdad y progreso; lejos de la materialidad terrenal que cada día nos recuerda que todo
esto no fue mas que un éxtasis, un nirvana, un espejismo colectivo basado en la ilusión de riqueza
que procura el petróleo.

La intención del director Michele Calabresi es, a su vez, despertar de este sueño a la lejana izquierda
europea romantizada por los alardes pseudo-progresistas, incapaz de reconocer abiertamente los
errores del chavismo y reacia a admitir las secuelas del creciente militarismo y del irreversible
autoritarismo que en Venezuela hoy dejan huella.

 

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