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Adobe no sabe lo que hizo

VÍCTOR SUÁREZ –

Mucha gente está pegando el grito en el cielo. “Qué voy a hacer con mi portafolio, que lo tengo en Behance”. “Esto es peor que habernos quedado sin papel y sin periódicos impresos; no podríamos leerlos tampoco en la red”. “Nos quedaremos sin soporte”. “Es una medida exagerada”. “Tengo un centro de formación certificado por Adobe, somos los más perjudicados”. “Dependo de Photoshop”. “Diseñadores de Venezuela recurren a la piratería al no poder utilizar Adobe”, reporta la agencia Reuters. Los gritos son de angustia, pánico y desesperación…

Adobe no sabe lo que hizo

Adobe Inc, corporación estadounidense líder mundial en software de edición multimedia, decidió esta semana suspender inmediatamente la prestación de servicios y acceso a sus productos a sus clientes en Venezuela. Tampoco les permitirá hacer nuevas compras. Para ello, se atiene a la Orden Ejecutiva 13384 emitida por el gobierno de Estados Unidos el 5 de agosto 2019, la cual prohíbe a las empresas de ese país transacciones con el gobierno de Venezuela.

La corporación, con sede en San José, California, ha extendido el objeto de esa Orden Ejecutiva a todas las empresas, entidades e individuos residentes en Venezuela. Ha otorgado, en consolación, un “período de gracia” a sus clientes afectados para que descarguen los contenidos que estuvieran almacenados en sus cuentas en Adobe.com. El día 28 de octubre es la fecha de finalización de las relaciones de Adobe con el mercado venezolano. A partir de allí el acceso estará vedado.

Los productos de Adobe son utilizados en Venezuela por miles de profesionales y entusiastas del diseño gráfico, la ilustración, la publicidad, la administración de redes, la videografía, entre otros más especializados. De las dos decenas de paquetes de software desarrollados por Adobe, los más solicitados son Photoshop, InDesign, Premiere, Illustrator y Acrobat. Las industrias editorial, publicitaria y de imagen y sonido, son las que más utilizan esos productos. En criterio amplio, al igual que en muchos otros países, todo venezolano que procesa y luego distribuye por correo electrónico o en redes sociales alguna fotografía o algún documento en formato PDF, está utilizando algún producto originario de Adobe. Adobe inventó la edición digital de imágenes, el lenguaje tipográfico digital y la portabilidad de los documentos. Igualmente, todo venezolano que escribe, procesa y almacena algún documento en Word, Excel o Power Point, es tributario de Microsoft y de Bill Gates. A pesar de existir múltiples soluciones para los mismos efectos, los productos de Adobe y Microsoft se convirtieron en estándares de facto en Venezuela (menos para el Estado, que impuso un Decreto a favor del llamado Software Libre y con ello desterró el software propietario de la Administración Pública).

Las observaciones ante la medida de Adobe se refieren a:

1.- Nos deja sin herramientas de trabajo indispensables;

2.- Con ello, no se está penalizando al régimen de Maduro;

3.- Literalmente, la Orden Ejecutiva de Trump no le obliga a tomar esa medida;

4.- Abre la puerta para que otros proveedores de software hagan lo mismo;

5.- Adobe se ha excedido, y está pecando de Over Compliance (excesivo cumplimiento);

6.- Ya existe una licencia (#25) que autoriza este tipo de transacciones (Hardware, software, Internet…);

7.- Son daños colaterales de las sanciones de EEUU contra Maduro;

8.- Hay que reclamar.

El resguardo de Adobe, ante medidas como la del caso venezolano, es una previsión que se encuentra expresamente contenida en los documentos que la corporación somete anualmente a la Securities and Exchange Commission (SEC, Comisión de Bolsa y Valores de EEUU): “Enfrentamos varios riesgos asociados con nuestra operación como corporación multinacional. Como empresa global que genera aproximadamente el 43% de nuestros ingresos totales de las ventas a clientes fuera de Estados Unidos, estamos sujetos a una serie de riesgos, que incluyen la imposición de sanciones económicas gubernamentales en los países en los que hacemos negocios o donde planeamos expandir nuestro negocio”.

Pero, ante la Orden Ejecutiva del 5 de agosto, Adobe ha actuado fuera de bordes, y se ha excedido. Y ante las prescripciones que establece la Licencia #25, que autoriza las operaciones que involucran algunas tecnologías, las ha obviado.

Lo único que sabe Adobe es que Venezuela no existe como mercado.

PARAISO DIGITAL

Adobe no sabe lo que hizo
Thomas Knoll, creador del programa Photoshop, primero para Apple Macintosh y luego para Windows-Intel. Foto/ © Harvey Wang

Desde hace mucho tiempo, el mercado venezolano es un mercado perdido, tanto para Adobe como para muchos otros proveedores de software de escritorio.

La piratería digital en Venezuela es más vieja que Walter Raleigh. Ha sido sombra inmanente de la innovación tecnológica. En todo tipo de soporte. Con el cassette, el CD, el iPod o el pincho USB, en la industria musical; con el Betamax, el VHS, el CD o el DVD, en la industria cinematográfica; con los decodificadores librres, en la recepción de la televisión satelital; con el PDF en la industria editorial; con el célebre “chipeo” de las consolas de videojuegos. La piratería se aposenta en la cúpula: hasta Maduro es usurpador.

A medida que la tecnología avanza, la tendencia local se ha hecho norma. Hasta hoy, en que su porcentaje de uso ilegal de software es uno de los tres más altos del mundo.

En 2003 la tasa de piratería estaba en 72%. En 2004 subió siete puntos (79%). Para ese momento siete países de la región se encontraban en la lista de los 20 países con las mayores tasas de piratería: Paraguay (83%), Bolivia (80%), El Salvador (80%), Nicaragua (80%), Venezuela (79%), Guatemala (78%) y República Dominicana (77%).

En 2009 Venezuela no sólo aumentó el porcentaje de uso de software pirata, hasta alcanzar 87% de todo lo que se instalaba en equipos de computación, sino que se convirtió en el líder negativo en América Latina.

El último informe de la Business Software Alliance (BSA – 2018), organización a la que pertenece Adobe Inc, señala que los tres países con mayor índice de piratería son Libia, Venezuela y Zimbabue, con porcentajes de 89, 90 y 90.

Pero no solo el ingenio del “bachaquero digital” dominaba el juego. También, la acción (o inacción) del Estado estiraba la piel de zapa que ahogaría esa industria en su vertiente nacional. La entidad que se ocupaba de hacer campañas contra la piratería y de hacer los estudios sobre el uso y extensión del software ilegal (Business Software Alliance-BSA), decidió abandonar sus esfuerzos en Venezuela. En 2007 cerró su oficina en Caracas. William Peña, periodista del newsletter Inside Telecom, señalaba entonces: “La BSA se retiró, quizá rendida al observar que en materia de combate de la nación contra el software pirata, poco o nada se estaba haciendo”.

En 2004 el Seniat creó la Sub Comisión contra Delitos en Propiedad Intelectual. En 2005 nace GANA (Grupo de Acción Nacional Antipiratería), un conglomerado de buena fe que tenía la misión de unir esfuerzos entre el sector público y privado para combatir eficientemente los delitos contra la propiedad intelectual. Allí estaban desde la cámara del libro hasta la sociedad de autores y compositores.

Habían descubierto, unos y otros, que las pérdidas económicas por efecto de la piratería habían llegado a 536 mil millones de bolívares, que al cambio de entonces (Bs 1.920/$) equivalía a 279 millones de dólares. Habían descubierto, unos y otros, que las pérdidas al fisco nacional por ese mismo efecto habían alcanzado en 2004 la suma de 127 mil millones de bolívares, que al cambio de entonces equivalía a 66.145.833 dólares. Debe observarse que para 2004 un bolívar era un bolívar. No 1.000 bolívares (Bolívar Fuerte) ni 100.000.000 de bolívares (Bolívar Soberano).

Según GANA, de la que también formaba parte la BSA, en 2004 la industria del software dejó de ingresar 54 millones de dólares.

Esa iniciativa se diluyó. Sus esfuerzos se convirtieron en polvo cósmico.

Una iniciativa gubernamental había cambiado el juego, y con ello el caldo había pasado de magenta a morado. El 28 de diciembre de 2004 el Ejecutivo Nacional emitió el Decreto 3390, sobre uso de “Tecnologías Libres”, que obligaba a todas las entidades de la Administración Pública a utilizar “prioritariamente Software Libre desarrollado con estándares abiertos en sus sistemas, proyectos y servicios informáticos”. Sin el Estado como cliente, el llamado software propietario comenzó a mermar su caudal de ventas. La adquisición de una suite de Office, por ejemplo, se convirtió en un acto de “traición a la patria”.

Como pasó con la cartera de productos de software empresarial SAP, que utilizaba Pdvsa para la gestión de todos sus procesos administrativos. En los tiempos del paro petrolero (2002-2003), la corporación norteamericana Intesa era la contratista que manejaba el corazón informático de la petrolera nacional. Fue acusada de alinearse con los dirigentes de la huelga petrolera y, mediante el bloqueo de las claves de acceso, de impedir el funcionamiento de los sistemas estratégicos (automatización y telecomunicaciones). Intesa, SAP, Gente del Petróleo fueron acusados de ser agentes de la CIA.

Para el chavismo, el software propietario era un bastión del imperialismo al que había que destruir. Al final, acabaron con la industria nacional del software y condenaron a los desarrolladores a la postración o al exilio.

Tales factores, entre otros, hicieron de Venezuela un mercado nulo para las multinacionales del software, dejando el campo aun más abierto a la piratería.

Pasillo de Ingeniería – UCV – Foto/Mochilero en Europa

EL BACHAQUEO DIGITAL

En relación con la medida de Adobe, muchas de las conversaciones que hemos tenido esta semana con usuarios venezolanos de software, tanto dentro como fuera del país, han terminado abruptamente en el momento en que se les ha pedido que contesten el siguiente cuestionario:

1.- Muestre usted alguna factura que certifique haberle pagado algún céntimo de bolívar o de dólar a Adobe por concepto de alguna licencia de uso de alguno de sus productos. Se aceptan facturas con fechas comprendidas entre 28 de febrero de 1982 (fecha de su fundación) y 7 de octubre de 2019 (fecha del anuncio de su cierre de operaciones en Venezuela).

2.- ¿Puede usted certificar que efectivamente alguna empresa de medios, diseño gráfico, publicidad, RRPP, mercadeo, etc., en la que haya trabajado, ha pagado a Adobe alguna licencia por el uso de sus productos? Si es así, por favor, muestre la evidencia.

3.- ¿Tiene usted (o ha tenido) cuentas de Adobe.com registradas en Venezuela?

4.- ¿Se siente usted amenazado ante la medida de Adobe de suspender todos sus servicios en Venezuela? En caso positivo, ¿qué le hace pensar así?

5.- ¿Cree usted que las empresas que utilizan productos de Adobe en Venezuela, se sienten amenazadas en su continuidad a partir del anuncio de Adobe?

6.- ¿Cree usted que si ha podido usar durante 30 años consecutivos, sin pagar absolutamente nada, productos de Adobe, se verá obligado a dejar de utilizarlos a partir del 28 de octubre de 2019, a consecuencia de la medida anunciada?

7.- ¿Cree usted que, a partir de noviembre, el parche que lleva en el ojo, tendrá que regalárselo a Walter Martínez?

8.- ¿Por qué razón Bill Gates nunca se ha metido con usted?

9.- ¿Se ha dado cuenta de que la medida de Adobe solo afecta a sus clientes? ¿Ha sido usted cliente de Adobe?

LOS CLIENTES

Adobe es una corporación de 9 mil millones de dólares en ingresos anuales. En los últimos cuatro años ha aumentado en 46% lo que entra en sus cajas registradoras. Es una de las empresas que nacieron con la computación personal en los años ´80 y que en el camino ha evolucionado de tal forma que su núcleo original (Publishing) no se parece en casi nada a su núcleo actual (Digital Media). Igualmente, lo que hace 30 años le proporcionaba 100% de sus ingresos (Photoshop, Illustrator…), hoy representa el 6,8% de las ventas. De las licencias standalone, ha pasado al modelo de suscripciones de servicios en la “nube” (Cloud Computing). De los tres segmentos en que basa su estrategia (Digital Media, Digital Experience y Publishing), a la tercera, correspondiente a Photoshop, InDesign y Premiere, les llama “productos legados maduros”; es decir, demodé.

Adobe no sabe lo que hizo

El usuario venezolano, a su vez, ha sido considerado por sus pares en América Latina como uno de los más avanzados, creativos y emprendedores, que asimila muy rápidamente la tecnología y es capaz de evolucionar a su ritmo. En diseño y producción editorial, en publicidad, en talleres de separación de colores, en talleres de audio y video, en academias. En Venezuela se hizo el primer periódico totalmente digitalizado en América Latina (La Columna, Maracaibo, 1989); también implantó el primer periódico que logró mezclar con éxito las dos plataformas de computación personal (Apple y Windows) que se disputaban el mercado (El Globo, Caracas, 1991); el primero en América Latina en captar, procesar y distribuir vía satélite/Internet fotografías tomadas en el terreno (El Gurú, 1988); el primero en la región en presentar un software de calidad profesional para la producción editorial (Quark Express, ElectroEdición, 1991); el primero en utilizar el Portable Document Format (PDF) para distribuir vía Internet un newsletter especializado (Inside Telecom 2000-2014), entre muchas experiencias que convirtieron al usuario venezolano en pionero en la región.

En Venezuela, el usuario de productos de Adobe es muy distinto al cliente de Adobe. Los primeros son casi todos, que pasado el susto inicial volverán a lo suyo: cada vez que descargan de su teléfono móvil cientos de fotos, su herramienta principal seguirá siendo Photoshop, que ya va por la versión 20.0. Los segundos forman un conglomerado muy importante de diseñadores gráficos, ilustradores, publicistas, community managers, creadores web, videógrafos, cuyas relaciones con sus clientes se verían afectadas si no tuvieran “los papeles en regla”. Desde el punto de vista corporativo, los clientes de Adobe son grandes empresas multinacionales cuyos principios de responsabilidad social corporativa les obligan a respetar la creación intelectual, por lo que no pueden permitirse utilizar software sin licencia. Es un imperativo de sus casas matrices. Igualmente, grandes empresas nacionales que tienen relaciones con multinacionales, que no se arriesgan a ser considerados, eventualmente, agentes depredadores del ecosistema digital.

El cliente de Adobe debe estar permanentemente conectado con Adobe. El soporte técnico, las actualizaciones, la interacción con sus pares en foros profesionales, el acceso a nuevas herramientas o productos Beta que aun no han salido al mercado, la evaluación de sus propias creaciones, etc., no serían posibles si no se es cliente de Adobe. De esta manera, todo el universo creado por esta corporación le está disponible. Para el cliente de Adobe, ese almacén-laboratorio de la creatividad es un bien inapreciable. Que, por supuesto, tiene un costo.

¿Cuánto cuesta una aplicación única (Photoshop, por ejemplo)? $239,88 anual, que incluye edición y composición de imágenes para crear y mejorar fotografías, ilustraciones y diseños en 3D. 100 GB de almacenamiento en la nube, y acceso a aplicaciones como Fresco, Portfolio, Fonts y Spark.

El costo anual por todas las aplicaciones es de $ 359,88. Esta es una oferta que se vence el 11 de octubre de este año, seis días después de la medida de suspensión total de operaciones con los venezolanos. Incluye la colección completa de las más de 20 aplicaciones móviles y de escritorio, además de 100 GB de almacenamiento en la nube, acceso a Portfolio, Fonts y Spark.

También existen planes especiales para estudiantes, profesores, institutos y universidades.

Ese grupo de clientes ha ido mermando. Muchos creadores se han marchado, en busca de mejores oportunidades. En la medida en que el régimen ha convertido al país en un campo de concentración, sin opciones de ningún tipo, los creadores que aún permanecen han perdido el mercado interno. No hay periódicos, revistas, publicidad. La oferta se ha reducido hasta la inexistencia. Y lo peor es que son vistos desde afuera como miembros de una maquila gigantesca cuyas compensaciones, en dólares, andan por los suelos. Así como la industria textil europea encontró en el sudeste asiático la mano de obra más barata del mundo, y la manufactura norteamericana del móvil se mudó a China por sus bajos salarios y su esclavista legislación laboral, asimismo me encuentro editores en España que dicen: “Igual me lo hacen en Venezuela por 50 euros”.

Eso es lo que ha hecho el chavismo con los creadores digitales.

El desmantelamiento de la industria de medios, ha separado al país del avance tecnológico. Muchos productos de Adobe, desarrollados o incorporados en los últimos cinco años, son de impensable aplicación en el momento actual, aun si gratis.

VIDEO: El periodista Fran Monroy, especializado en tecnologías de información, considera que la acción de Adobe respondería a una forma elegante de salirse de un mercado que no le es rentable; y para ello se enmascara con la Orden Ejecutiva de Trump.

TOCA RECLAMAR FUERTE

Grupos de venezolanos, como Gente de Petróleo, han colgado en Change.org un llamado a firmar una petición que le solicita al Departamento del Tesoro de Estados Unidos emita una Licencia General que exima a los proveedores de software de las restricciones establecidas en las órdenes ejecutivas de Estados Unidos en lo que concierne a la provisión de servicios a individuos y empresas venezolanas.

Inmediatamente, al ser conocida la noticia, el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, declaró a La Voz de América que “estamos trabajando para que los calificados como “overcompliance” (exceso de cumplimiento), “liberen esta medida y no afecten al ciudadano”. “Estamos haciendo las gestiones y esperamos que los próximos días se pueda liberar (suspender) esa medida, porque en definitiva no tiene nada que ver con el ciudadano común y con lo que hizo y generó Nicolás Maduro”.

Otros han observado que el área de herramientas de hardware, software y telecomunicaciones no está incluida en la Orden de Trump.

En efecto, la Licencia # 25, emitida el 5 de agosto por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), autoriza la exportación y reexportación, directa o indirecta, de servicios de software, hardware y tecnología relacionada con Internet, desde Estados Unidos o por personas estadounidenses, donde sea que se encuentren, hacia o que involucre al gobierno de Venezuela. Incluye en estos servicios y productos mensajería instantánea, chat y correo electrónico, redes sociales, intercambio de fotos y películas, navegación web, blogs, servicios web de alojamiento y registro de nombres de dominio.

La acción del gobierno interino debe dirigirse a lo medular. Adobe se equivocó. Adobe debe rectificar. Adobe no puede hacer lo que no le han pedido, ni puede obligar a sus clientes en un mercado determinado, por mínimo que sea, a no utilizar sus herramientas.

Debe pensar (Guaidó y sus abogados) en que si logra detener la acción de Adobe, también estaría deteniendo ese mismo tipo de acciones de parte de otros proveedores de tecnologías.

Pero el gobierno interino debe tener claro que una cosa es el usuario, y otra es el cliente de Adobe.

Fuente http://actualy.es/adobe-no-sabe-lo-que-hizo/

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