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«Metimos toda nuestra vida en una maleta»

Mario Muñoz, junto a su hijo Carlos en un parque de Cruz del Señor, en la capital tinerfeña. Montse Santos

La familia de Mario Muñoz cumplirá, a finales de este mes, tres años en Tenerife y confía conseguir pronto la residencia.

M. A Autero

Atrás dejaron dos negocios y dos viviendas antes de verse obligados a salir de su país.

El próximo día 26, la familia de Mario Muñoz cumplirá tres años en Tenerife. Salieron de Venezuela con «toda su vida en una maleta», asegura Mario, capitán retirado del Ejército venezolano. Percibe una pensión, pero que ni siquiera cobra porque «son al cambio unos tres euros al mes», admite resignado. Con estudios de Economía, tras salir del Ejército «gerenció» algunas sociedades mercantiles hasta que montó «una empresa que fabricaba chalecos antibalas». «Iba muy bien, pero el Gobierno se apoderó de ella. El Estado la tuvo un tiempo produciendo, pero luego dejó de pagar a los empleados a los que, ya por último, les dio las herramientas y la maquinaria como salario antes de cerrarla. Un desastre». Mario Muñoz señala que ese no fue el único motivo que le llevó a emigrar con 50 años junto a su esposa y su hijo, que entonces tenía 23 años: el matrimonio iba a tener un bebé. «Venezuela no era el mejor escenario para traer un hijo al mundo. Hasta los médicos nos lo decían: márchense a otro país con más oportunidades».

El hijo de Mario, Carlos Muñoz, señala: «Estuvimos mirando opciones para emigrar primero en América, pero decidimos venir a Tenerife, ya que aunque no somos descendientes de canarios, mi madre había estado aquí; luego apareció una amiga mía que me habló de Tenerife, luego un familiar lejano que le había ido bien (…)».

Así las cosas viajaron a Tenerife dejando atrás la casa de Caracas y otra vivienda en la playa, que acabó «okupada». Carlos señala que por aquel entonces tenía pensado independizarse con «una agencia de publicidad y marketing digital».

El primer año, la familia Muñoz vivió en Tenerife de los ahorros que habían logrado sacar del país. «El segundo año fue peor de lo que esperábamos», recuerda Mario que añade: «Descubrí que con 50 años era de la tercera edad y me rechazaban para un trabajo».

Mario asegura que «lo primero que nos recomendaron, abogados y asesores de diferentes ONGs es que no pidiéramos el asilo humanitario y esperáramos a la residencia, pero nos asesoraron mal. Ya estamos en proceso de pedir el permiso de residencia por arraigo social porque estamos a punto de cumplir tres años viviendo en España, sin embargo, aunque yo esté trabajando con mi empresa y haya declarado y tributado a través de diversas sociedades para hacerlo todo legal, el principal escollo que tiene un inmigrante es tener contrato de trabajo», afirma Carlos que añade que «de poco vale decir que eres autónomo, que trabajo con un ordenador en casa. Te piden un contrato».

Gracias a la comunidad venezolana arraigada en Canarias, la familia cuenta que ha salido adelante con trabajos esporádicos. «Uno va sobreviviendo poco a poco», manifiestan Mario y Carlos.

«Nosotros decimos que salimos a tiempo de Venezuela, pero otros venezolanos que salieron antes hacen la misma afirmación. Desde que salimos de allí, el país ha empeorado en un mil por mil; la gente sale por las fronteras todos los días, millares de venezolanos ya sea hacia Brasil, Colombia, Argentina, Estados Unidos o a Europa. La situación es insostenible y ni siquiera puedes salir a la calle a quejarte, a protestar, porque te encuentras con una cuerda de malandros que te dispara y acaba con tu vida; hay miedo y delincuencia, no hay comida, se raciona la electricidad con tres horas de luz al día (…)». «Nos gustaría volver algún día, pero quien sabe cuando».

Fuente https://www.eldia.es/sociedad/2019/09/15/metimos-vida-maleta/1008652.html

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