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Qué hay detrás del fenómeno Glovo: las dos caras de la nueva economía digital

Rodrigo Terrasa

Fundada en 2015 en Barcelona, la empresa Glovo ha llevado sus repartos a más de 100 ciudades de todo el mundo. Su expansión imparable crece en paralelo a las críticas a su modelo de negocio.

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Sacha Michaud es un tipo pequeño. Mide como tres mochilas de Glovo apiladas una encima de la otra. Lo sabemos porque le sepultamos en unas cuantas para la foto. Y, sin embargo, tiene un aire a Chuck Norris, sobre todo cuando aprieta los dientes y tuerce la barba pelirroja para lanzar las mochilas por los aires por orden del fotógrafo. Ahora. Clic. Una vez más. Clic. La última, te lo prometo. Clic. Al menos tres veces repetimos la escena de acción antes de hacerle saltar desde una mesa cargado con una bici y otra mochila. Y Sacha ni rechista. Desde hace unos meses el cofundador de Glovo lidera su Departamento de Políticas Públicas o, lo que es lo mismo, Sacha es quien da la cara en nombre de una empresa que desde 2015 ha crecido en todo el mundo haciendo malabares entre los elogios de quienes la señalan como ejemplo mundial de la nueva economía digital y las censuras a un modelo de negocio que sus críticos consideran la esclavitud del siglo XXI.

Mitad inglés, mitad canadiense y ciudadano español desde hace dos décadas, Michaud, que empezó en Londres como repartidor de periódicos y de botellas de leche y fue jockey de caballos, dejó en 2014 la compañía de apuestas on line Betfair para aliarse con un joven emprendedor llamado Oscar Pierre (Barcelona, 1992). Juntos crearon la empresa de recados que ha llenado medio mundo de bicis y motos cargadas con mochilas amarillas. En 2015 abrieron en España. Luego vinieron Italia, Francia y Portugal. Cuatro años después han llegado a Turquía, Ucrania, Georgia, Costa Rica, Puerto Rico, Egipto, Kenia… Glovo está hoy en más de 100 ciudades de 23 países distintos.

Nosotros quedamos con Sacha en Madrid, en el Glover Center, un local ubicado justo enfrente de la agrupación socialista del distrito de Tetuán. Pedro Sánchez acaba de ganar las elecciones generales y sólo unos días antes el fundador de Glovo criticaba públicamente al PSOE por no haber hecho «absolutamente nada» respecto a la situación en España de plataformas digitales como la suya. «Espero que pronto se cree una mesa de diálogo y puedan entender cómo funcionan estas plataformas», dice Michaud en perfecto castellano. «En los últimos dos años me he reunido unas 40 veces con políticos, sindicatos, gobiernos locales… Ninguna vez me han pedido ellos las reuniones. Nadie me ha preguntado nunca cómo funciona Glovo para regularlo bien».

– ¿Y cómo funciona Glovo?

– Glovo es una plataforma tecnológica que permite al usuario pedir lo que quiera en la ciudad para que nosotros se lo llevemos. El usuario tiene una app, con una lista de comercios, tiendas, locales y restaurantes y un botón mágico en medio para pedir lo que sea. Conecta con un glover, un repartidor, que acepta el pedido y se lo entrega.

La clave de su éxito es ese «lo que sea». Glovo se ha diferenciado de sus competidores porque no sólo te lleva la hamburguesa, la pizza o los tallarines con gambas hasta el sofá de tu casa, sino que el glover también va y te compra los regalos de Navidad o de San Valentín, le lleva las llaves de casa a tu marido cuando se ha quedado en la calle, llama al timbre para despertar a tu hijo, te hace la compra si se te ha hecho tarde en el trabajo, va hasta la farmacia si te urge una caja de condones o te compra una pastilla del día después si por lo que sea la cosa se complica. Incluso un predictor si la cosa se complica pero mucho.

«Había una señora mayor que tenía lumbago y llamaba cada mañana a un gloverpara que le ayudara a subir la persiana de su tienda», cuenta Michaud.

GLOVO HA ENTREGADO EN TODO EL MUNDO MÁS DE 10 MILLONES DE PEDIDOS, TIENE MÁS DE 10.000 ESTABLECIMIENTOS ASOCIADOS Y MÁS DE TRES MILLONES DE USUARIOS EN SU APP

Las cifras de la compañía dicen, aun así, que el 70% de los pedidos en España son de comida. Mandan, por este orden, las hamburguesas, el sushi y la pizza. Más datos: Glovo ha entregado en todo el mundo más de 10 millones de pedidos, tiene más de 10.000 establecimientos asociados y más de tres millones de usuarios en su aplicación. La empresa arrancó en enero de 2015 con una inversión inicial de 140.000 euros. Hace sólo un par de semanas cerró una ronda de financiación de 150 millones de euros, que se suman a los 134 millones que recaudó en 2018, para expandir su propia cadena de supermercados on line. El curso pasado, sin embargo, lo liquidó con unas pérdidas por encima de los 90 millones, que Glovo atribuye a su estrategia de expansión en todo el mundo.

Casi todo esconde un pero en el fenómeno Glovo. Si decíamos que la clave de su éxito era el «lo que sea», su debilidad es el como sea. Según los expertos en Derecho Laboral críticos con su modelo, Glovo -como Uber, Cabify, Deliveroo y otras plataformas digitales- se ha enriquecido tergiversando la esencia de la economía colaborativa, «sustentando su modelo de negocio en la elusión de la normativa laboral». Todos los repartidores de Glovo (ellos los llaman glovers o riders) son autónomos. Según los sindicatos, falsos autónomos. UGT calcula que Glovo se ahorra al año 4.000 euros en salario y otros 6.000 en cotizaciones a la Seguridad Social por cada trabajador al que no reconoce como tal. El sindicato ha estimado en cerca de 93 millones de euros el dinero que la Seguridad Social deja de ingresar cada año por los empleados «no reconocidos» por las plataformas digitales. Y las cifras se podrían multiplicar por tres en 2020.

La compañía responde con más números. Su dossier dice que hay 21.000 repartidores activos en todo el mundo, 7.000 de ellos en España. En ciudades como Madrid la lista de espera para trabajar como glover supera las mil personas. El 44% de los repartidores estaba en el paro antes de empezar a colaborar con la plataforma y -según Glovo- la media gana 1.000 euros al mes por «colaborar» 27 horas a la semana, unos 4 o 5 euros por pedido. El 79% de ellos están satisfechos con su trabajo y valoran de Glovo la flexibilidad del horario, el poder conseguir un complemento a sus ingresos y la facilidad para ganar dinero rápido.

Para los sindicatos, tras estas cifras se esconde la nueva precariedad laboral. «Los glovers no tienen derecho a vacaciones, ni a desempleo, ni horarios o turnos previsibles, ni seguridad o salud laboral ni el resto de cláusulas que incluye una relación laboral reconocida judicialmente», explica Rubén Ranz, delegado de UGT en Madrid. «La supuesta flexibilidad de la plataforma es mentira. Es la aplicación y el algoritmo quién lo decide todo. Cuando eres autónomo de verdad, te organizas tú. Así es la empresa la que tiene a cientos de repartidores en la calle esperando a que el algoritmo se encargue de hacerles caer un pedido. Y al que no le caiga, que se apañe. Ya se encargará él de pagar autónomos, el IVA, el IRPF, el mantenimiento de la moto… Los gastos son de los trabajadores y los ingresos de Glovo«.

«¿Cómo van a ser autónomos si están hasta geolocalizados?», se pregunta también el abogado Luis Suárez, el primero que llevó a Glovo a los tribunales. «Recibir órdenes y estar controlado es lo que establece una relación laboral de dependencia y en Glovo el control es absoluto. Trabajar a través de una app es un progreso, pero eso no puede privar a los trabajadores de sus derechos«.

LA SUPUESTA FLEXIBILIDAD DE LA PLATAFORMA ES MENTIRA. LOS GASTOS SON DE LOS TRABAJADORES Y LOS INGRESOS DE GLOVORUBÉN RANZ (UGT)

Varias actas de la Inspección de Trabajo yvarias sentencias judiciales han establecido ya que los repartidores son falsos autónomos. Otras sentencias, sin embargo, han dado la razón a Glovo, así que acabará siendo el Tribunal Supremo quien fije la posición definitiva.

«Sufrimos una absoluta inseguridad jurídica y espero que encontremos una solución antes de llegar al Supremo», dice Sacha Michaud. «Nosotros estamos convencidos al 100% de que trabajamos bajo la legalidad, de que nuestro modelo es del autónomo trade (aquel trabajador autónomo que realiza su actividad profesional para una empresa o cliente del que percibe al menos el 75% de sus ingresos). Estamos en 23 países, el debate sobre el futuro del trabajo existe en todo el mundo, pero el único país en el que se ha judicializado es España, nuestra casa, donde empezamos».

¿Por qué?

– Yo creo que por la fuerte presión de los sindicatos. En todos los países se crean mesas de diálogo y se intenta entender cómo funcionan las plataformas tecnológicas porque no van a desaparecer. Sobre todo hay que escuchar a los riders y ver su punto de vista y aquí nadie está hablando con ellos.

Para eso nos abren las puertas del Glover Center de Madrid. Aquí trabaja Karen. Es canaria y tiene 34 años. Empezó repartiendo para Glovo cuando era trabajadora social. Un día escribió una carta a Oscar Pierre sorprendida por el contraste entre su experiencia y la mala reputación de la empresa y el fundador la acabó fichando para encargarse del trabajo social corporativo. Hoy es la responsable de equipo de algo que aquí llaman «Flota Feliz». «Preparamos todas las acciones necesarias para que el tiempo de colaboración del glover con nosotros sea feliz. Aunque suene muy hippie, queremos que los repartidores sean felices y productivos», explica.

José es murciano, también ex glover. Aún se acuerda de cuando tuvo que ir a elegir unas bolas chinas por encargo de una señora. Hoy es formador de los nuevos repartidores. «Te acabas enamorando de este proyecto. Trabajamos con el sentimiento de que Glovo es algo nuestro».

La empresa nos presenta a tres currantes más. Gabriel es húngaro, titiritero y glover en sus horas libres. Pascual es venezolano, tiene un taller de motos y bicis y dedica unas cinco horas entre semana a Glovo y otras ocho los fines de semana. «Esto es una familia de verdad donde haces amigos de verdad, amigos de semáforo», explica. Gus, colombiano, es pianista clásico pero le dedica seis horas cada noche a repartir.

¿Y si la ley obligara a Glovo a contrataros a los tres? «A mí me arruinaría la vida, y a este señor también y al otro», dice Pascual. «Lo dejaríamos. A mí ser empleado no me sirve, yo no quiero cumplir un horario fijo, prefiero organizarme como y cuando yo quieray aquí nadie te obliga a nada».

En la calle hay otras opiniones no tan amables. Juan Carlos ha trabajado como repartidor para Deliveroo y para Glovo. Denunció a la empresa tras sufrir un accidente de bici y le cancelaron la cuenta. Hoy sigue siendo glover con el perfil que se abrió con otro número de teléfono. «Sólo puedo trabajar las horas que me asignan y facturo una mierda. Y si protestas por las horas, te dicen que tienes que estar en la calle para coger las buenas. Todo el día en la calle pendiente de la aplicación. Ellos saben dónde estás, dónde te conectas y yo no hago nada más que esperar en la calle a que a ellos les dé la gana de asignarme un reparto».

QUE EXISTA LA PRECARIEDAD LABORAL EN ESPAÑA NO ES, DESDE LUEGO, CULPA DE GLOVOSACHA MICHAUD, FUNDADOR DE GLOVO

Juan Carlos asegura que preferiría un contrato por horas con Glovo, pese a que Sacha Michaud insiste en que sus riders quieren flexibilidad: «La gente está en su derecho a querer trabajar 40 horas en una oficina y a tener un puesto fijo pero son cosas totalmente diferentes. El perfil glover está buscando flexibilidad y hay que dársela, sobre todo en un país con el nivel de desempleo más alto de Europa. Nosotros creemos que el modelo actual es el ideal pero mejorando las prestaciones sociales de los riders«.

¿Y por qué no las mejoran?

– Porque estamos con las manos atadas. Si doy más beneficios a la flota, les perjudicaría porque se consideraría relación laboral.

¿Usted cree que sus glovers tienen un trabajo digno?

– Desde luego que sí. No estaría en este negocio si tuviera la más mínima duda. Que exista la precariedad laboral en España no es, desde luego, culpa de Glovo. Que muchas personas no encuentren trabajo, tampoco. Nosotros somos un facilitador de trabajo. Los números hablan por sí solos. Yo no digo que ganen millones, pero hay glovers que están muy contentos y se ganan muy bien la vida.

Si el Supremo determina que tienen que contratar a sus repartidores, ¿peligrará Glovo?

– Nos adaptaremos. Lo que sí peligrará es el modelo flexible que está funcionando y creciendo tanto y está dando tantos ingresos adicionales a los comercios locales. Si juega el Madrid y está lloviendo y aumentan un 100% los pedidos de comida, con ridersfijos y horarios fijos no tendremos flexibilidad para dar respuesta a esa demanda.

– ¿Dónde se imagina Glovo dentro de cinco o diez años?

– Me encantaría que hubiera medio millón de personas ingresando dinero cada mes gracias a Glovo, contentos y bien remunerados. Eso sería el éxito.

Fuente
https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/05/16/5cda7d29fc6c8340158b46f6.html

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