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Entrevista al escritor venezolano Juan Carlos Chirinos

Juan Carlos Chirinos/foto: cortesía

Juan Carlos Chirinos: «Una novela siempre será una novela cuando su lenguaje  atrape, retuerza y despoje al lector de todos sus prejuicios; cuando lo aturda y lo ilumine».

Por Karen A Lentini Gómez

El escritor venezolano Juan Carlos Chirinos, nacido en Valera, Venezuela, ha publicado libros en diferentes géneros: novela, ensayo, biografía y cuento, asesor literario y profesor de escritura, nos complace hablando de su reciente trabajo: Los cielos de curumo,  publicado en España por la editorial La Huerta Grande y que será presentado en Madrid el lunes 25 de marzo, a las 19:00 horas en la librería los editores.

Los cielos de curumo es una narración cargada de erotismo y una brillante caracterización del poder y la oscuridad, una invitación  a los sentidos en un escenario caótico y despiadado, una mezcla entre lo sutil y lo feroz.

¿Cómo se hace una novela sobre el poder, la oscuridad y el mal con una narración sexual y erótica?

La novela comencé a escribirla hace 19 años. La primera versión estaba lista en el verano del año 2000 tenía 500 páginas. Considero que el verdadero trabajo de la escritura empieza al corregir y esta novela me ha supuesto un reto bastante particular en relación a otras cosas que he escrito. Al principio no estaba seguro hacía donde se dirigía y pensé que estaría lista en dos años. Pasó el tiempo y fui escribiendo otras cosas mientras esta seguía palpitando, pendiente de lo que estaba ocurriendo. En este período ha pasado la vida, la historia, he cambiado yo, y poco a poco la novela se fue encaminando en una dirección que me interesa mucho: el mal en las ciudades y como los animales pueden ser una metáfora, una representación de ese mal.

Aunque no me gusta escribir novelas políticas, entre otras razones porque se tiene la idea de que siendo latinoamericano se debe escribir sobre eso, me di cuenta que es imposible hablar de Caracas sin involucrar el proceso político e histórico. Yo soy un escritor en español que escribe sobre la herencia, sobre América, sobre Venezuela, el español, sobre el mundo y me gusta escribir sin categorizarme.

Tengo un rechazo profundo a la mirada eurocéntrica que existe sobre América, cuando eres del Caribe se cree que estás de buen humor siempre, no, la gente se deprime y se suicida. Somos humanos llenos de amor, solidarios, mezquinos, egoístas, envidiosos, generosos, heroicos, ladrones, corruptos y todos somos así en menor o mayor medida. Un venezolano y un madrileño tiene los mismos sentimientos pero la mirada europea con respecto a nosotros es la del «buen salvaje». Tengo un cuento  que trata de ese tema, la mirada de Rousseau y una biografía sobre Francisco de Miranda en la que hago una comparación sobre el viaje de Miranda y Goethe por Italia. A Miranda le parece  horrible y a Goethe hermosa, son ideas preconcebidas del mundo.

Yo fui consciente de que quería mostrar una ciudad en su mayor extensión, la parte bella y la terrible. Una visión lo más autentica y representativa posible de lo que yo percibo, y si me preguntas si es una novela sobre Caracas te respondería que es sobre mi Caracas, sobre mi Venezuela, como la siento yo.

Los cielos de curumo es una narración reducida por un proceso estético de condensación. El aspecto político cobró importancia cuando descubrí que podía relacionarlo con uno de los personajes: la brasileña que viaja a Venezuela,     y sin restarle importancia al mal y a esa parte sexual y erótica que mencionas.

Es una novela que tiene que ver con lo físico, con lo escatológico y lo sexual. No me cohíbo porque un autor no puede tener piedad con sus personajes, así como Dios no tiene piedad con los seres humanos. Por ejemplo en la vida real un niño cae en un agujero y se muere. Uno como creador no puede tener lástima y salvar al niño y no es que me crea Dios, es que  al personaje le tienen que pasar cosas, eso le da autenticidad al texto.   

¿Podríamos decir que esta obra es una predicción metaforizada?

Se llama pseudo profecía, es decir, profetiza lo que ya pasó. Yo estoy creando un universo que ocurre en Caracas, Venezuela, prediciendo lo que ha pasado los últimos 19 años,  tomando como referencia lo que ya ha ocurrido. Eso no quiere decir que sea una novela histórica, ni política. He intentado convertir o crear una ciudad análoga a Caracas en la ficción. Mi intención como venezolano es darle carácter ficticio a Caracas, porque una ciudad de la que no se escribe no existe literariamente.

Cuando lees el Buenos Aires de Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas, o el Buenos Aires que creó Borges en La muerte y la brújula, sientes que estás allí pero no en la ciudad real. Son ciudades ficticias y esto le da un valor distinto porque los autores las transforman en ciudades literarias ¿Por qué Nueva York es tan famosa? Por la literatura, el cine, porque los creadores de ficción tomaron esa ciudad y la convirtieron en una entidad ficticia, esa es «nuestra responsabilidad». También me gustaría hacerlo con Valera, la ciudad donde nací, sigo pensando en ello.

En un artículo reflexionando sobre el lenguaje afirmas que, «escribir bien» no solo es seguir las normas diseñadas por las academias y los técnicos que conocen la belleza de las formas; también es saber usar el código de la manera más eficiente para reflejar los sonidos que copiamos del mundo.Háblanos de ese código que copia el mundo en Los cielos de curumo, es contradictorio, delicado y procaz.

Cuando uno camina por Caracas algunos adoquines están sueltos y la mezcla de la lluvia con el polvo forma una especie de barro que al pisar te salpica, te ensucia ¿Cómo no escribir de manera procaz de una ciudad que te escupe cuando vas caminando por ella? Eso sucede y hay que buscar el lenguaje para describirlo.

Esto que mencionas lo reafirmo. Nadie puede hablar incorrectamente su lengua materna porque la función del lenguaje es comunicar. Si te puedes comunicar estás hablando correctamente. Lo que se confunde es ir contra la norma que la academia establece. No es lo mismo hablar bien que hablar según las normas de la academia. El lenguaje funciona por analogía. Un ejemplo es el niño que dice no cabo, según las normas debe decir quepo.

El lenguaje debe ser funcional en la literatura porque mientras más eficiente es en el sentido literario, contribuye mejor a que funcione lo que escribes, y eso tiene que ver con los vocablos que utilizas, como haces hablar a tus personajes, la conciencia que tienes para diferenciar la voz del narrador y la de los personajes.

¿Qué diferencias percibes en el lenguaje en el momento de escribir una novela o un cuento? 

La diferencia para mi en este sentido es como cuando juegas tirando piedras al mar y las ves rebotar varias veces, unas llegan más lejos y otras menos lejos, porque unas son planas y otra más rugosas o pesadas. Las anécdotas tienen estas características, llegan más o menos lejos. Allí es cuando identificas cuando una anécdota alcanza para una novela o un cuento, a partir de allí todo influye.

La lengua que vas a utilizar para escribir un cuento debe ser sintética sin dejar de ser profunda. Hay un filósofo llamado Byung- Chul Han que escribe libros de filosofía breves y puedes tardar mucho tiempo leyéndolos porque sus sentencias tienen mucha profundidad. Los cuentos son así.  

La diferencia entre el cuento y la novela es que con la novela tocas un trozo de universo, y con el cuento creas un universo, una capsula universal, quizá porque el cuento es mucho más antiguo, es el Australopithecus, el antepasado de la novela.

¿Cuál es el mayor esfuerzo que ha tenido que hacer JC Chirinos en este libro?

No lo llamaría esfuerzo, me gusta desacralizar la idea del artista que sufre. Esfuerzo es el que se necesita para sacar carbón de una mina o para levantar una piedra y hacer una pirámide. El concepto de esfuerzo en literatura hay que asumirlo con otra definición, quizá laborioso.

Con esta novela he trabajado poco a poco porque me ha llevado muchos años, la he dejado reposar y eso quizá ha sido beneficioso. Hice algo que disfruto mucho, la intertextualidad, he incluido frases de novelas famosas y también de otras de mis novelas de manera que el lector las reconozca.

¿Cómo crees que ha cambiado tu escritura en estos 19 años?

No me atrevería a decir que ha mejorado porque eso le corresponde decirlo a los lectores. La tarea como escritor la he hecho más consciente, como el balón medicinal que utilizan los futbolistas, el balón del escritor es el constante ejercicio alrededor del lenguaje, tomar consciencia de las palabras, y cambiar o suprimir. El trabajo del escritor es pensar en el lenguaje como un pintor piensa en los colores. Al hacer mi escritura más consciente me interesa saber si es positivo en la medida que sucede lo que espero que ocurra.

 ¿Y qué esperas que ocurra?

Que los lectores se rían, les dé miedo, no puedan dejar de leer, que el lenguaje  «atrape, retuerza, aturda e ilumine».

¿Cómo te gustaría definir a los lectores de JC Chirinos? ¿Chirinitas, Chirinositas o anarcobenedictinos?

Chirinitas suena muy bien, porque es como una secta, los peligrosos miembros de la secta chirinita. Anarcobenedictinos tampoco estaría mal.

Opinas que no has conocido un libro que haya salvado a una nación, a pesar de esto, ¿consideras que la literatura puede cambiar la vida?

Ningún libro ha cambiado el mundo, son los seres humanos quienes lo cambian. Cualquier libro que leas, La República de Platón, la Biblia, el Corán, el Libro rojo de Mao, el Libro verde de Gadafi, son modelos de vidas perfectas, el problema es aplicarlo. En esos libros el mundo funciona perfectamente pero siempre se queda alguien fuera. No sé si la literatura puede cambiar la vida, aunque suene contradictorio, sé que me la cambió a mí. Libros como: Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, Caballito loco de Ana María Matute, Ana Isabel una niña decente de Antonia Palacios y Percusión de José Balza me han hecho lo que soy, me han cambiado y conformado.

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