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Multinacionales huyen de Venezuela y sus trabajadores vigilan fábricas vacías

Víctor Ventura

La crisis no deja de empeorar en una Venezuela asolada por la hiperinflación y un hundimiento del PIB digno de un país en guerra. Y uno de sus efectos, agravado por las políticas del Gobierno de Nicolás Maduro, es la huída de las grandes multinacionales, que abandonan el país en masa dejando tras de sí a miles de trabajadores en paro y una creciente escasez de productos de todo tipo.

Las fugas no se deben, como dicen los medios chavistas, a una conjura internacional contra la ‘revolución bolivariana’, sino a motivos mucho más prosaicos: sin divisas, controladas estrictamente por el Estado, las empresas no pueden importar materiales necesarios para producir ni repatriar sus beneficios a sus países de origen. El hundimiento de la demanda, por la creciente pobreza y la histórica hiperinflación, hace que cada vez se venda menos. Y con una larga historia de expropiaciones y rebajas de precios forzadas, nadie se fía del Gobierno.

Fábrica de Smurfit Kappa en Venezuela, ahora cerrada. Foto: Reuters

La lista de gigantes que han abandonado Venezuela es larga. La última entrada fue la del gigante de empaquetaje irlandés Smurfit Kappa, que se fue en septiembre, después de que el Gobierno arrestara a varios directivos por «especulación» y les ordenara reducir sus precios. Antes que vender a pérdidas, la compañía decidió cerrar sus puertas, dejando a miles de empleados sin trabajo y dedicados a ir cada día a la planta solo para que nadie se lleve la maquinaria, según relató el Wall Street Journal.

Y el cierre ha tenido un efecto secundario: paralizar la fábrica de Colgate-Palmolive, en la que se produce detergente y jabón lavavajillas, pues ya no tienen dónde envasar su producción. La sección de pasta de dientes solo tiene cajas para un par de semanas más, según las fuentes de Reuters, lo que podría acabar con un nuevo cierre en cuestión de días.

Pero la lista va mucho más lejos. En agosto cerró la compañía de neumáticos Pirelli, con 5.000 trabajadores, que apenas estaba trabajando al 7,4% de su capacidad -52.000 ruedas hasta julio en una planta que puede fabricar un millón al año- por el desplome de la producción y venta de coches en el país en los últimos años.

En octubre, el embotellador de Coca-Cola para Latinoamérica, Femsa, anunció que planea despidos de hasta el 40% de la plantilla en el país, ante la falta de consumo de sus refrescos -el salario mínimo mensual, de unos 6 euros, apenas alcanza para comprar 9 litros de refresco en todo el mes, si estás dispuesto a alimentarte únicamente a base de Coca-Cola-. Y en septiembre, la suiza Nestlé despidió también a gran parte de su plantilla por motivos similares.

Entre las españolas que aguantan, Telefónica y BBVA han sido las peor paradas

Una de las reacciones del Gobierno venezolano ante el imparable cierre de empresas ha sido confiscar sus plantas y seguir produciendo mientras hubiera materias primas almacenadas. Así, la planta de Kimberly-Clark (que fabricaba pañuelos o papel higiénico) fue expropiada en 2016 y renombrada como «Cacique Maracay» para seguir produciendo papel con la marca Scottex, sin autorización de la compañía. K-C ya ha presentado una denuncia en el CIADI, el centro de arbitraje comercial del Banco Mundial.

Una situación parecida le ocurrió a Kellogg’s, que cerró sus puertas este año, en mayo, para ser expropiada y puesta en marcha de nuevo por el Gobierno. En ninguno de los dos casos hay datos fiables de producción, aunque el papel higiénico sigue sufriendo tanta escasez que muchos vendedores anuncian paquetes -o incluso rollos sueltos- en páginas de compraventa online.

Respecto a las grandes españolas, Telefónica ha visto desplomarse sus ingresos en el país caribeño hasta apenas 16 millones de euros, frente a los 2.305 millones que registró en 2012, hace apenas 6 años. Algo similar le pasó al BBVA, dueño del Banco Provincial, que en 2017 apenas ingresó 1,7 millones de euros en medio de un hundimiento del sector. Más suerte tuvo el Santander, que en 2009 vendió su filial, el Banco de Venezuela, al Estado por 755 millones. Y uno de los mejores parados ha sido Repsol, que no tiene apenas operaciones en divisas locales sino que negocia en dólares.

Aunque quizá lo que más efectos tenga sobre la población es la marcha de las aerolíneas: Latam, Lufthansa, Aeroméxico, Avianca, United o Delta Airlines han suspendido sus vuelos ante la negativa del Gobierno a pagarles en dólares. IAG (Iberia) y Air Europa siguen volando, pese a las grandes deudas acumuladas, como parte de su estrategia para seguir creciendo en Latinoamérica. Las principales víctimas, los cientos de miles de venezolanos que se ven obligados a emigrar por tierra ante el bloqueo aéreo.

Fuente https://www.eleconomista.es/internacional/noticias/9514113/11/18/Las-multinacionales-huyen-de-Venezuela-y-los-trabajadores-se-quedan-a-vigilar-fabricas-vacias.html

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