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No es el Caribe: es una playa española… y está en Madrid

Tras la ‘operación retorno’, aumentarán las visitas a la playa de la Virgen de la Nueva, en el pantano de San Juan. Es la primera (y única) de Madrid que ha logrado la bandera azul

Carolina Dominguez

Vaya, vaya, Madrid sí tiene playa y aquí puedes ver las mejores imágenes

“¡Que era la Pantoja, que sí, que sí!”, le grita la mujer en traje de baño a lunares rojos a su marido que mira resignado. Él tiene 84 años, ella 80 y, desde hace medio siglo, van a la playa de la Virgen de la Nueva en San Martín de Valdeiglesias. Aurora nació en este municipio madrileño pero, desde su adolescencia, vive en Almería, a escasos metros del mar.

Sin embargo, cada vez que pasa por Madrid le pide a uno de sus nietos que la lleve a la laguna estrella de la capital. “Una vez vino Isabel Pantoja”, repite. Su marido niega con la cabeza. Ella insiste: “Siempre dicen que aquí no hay playa [se ríe a carcajadas]. Dime si éste no es un buen escondite, ¿quién la imaginaría aquí?”.

La playa está a poco más de 50 minutos del centro de Madrid. Desde el pueblo hay que andar unos seis kilómetros, por lo que la mayoría se traslada en coche. Sus aguas esconden importantes edificios históricos que son parte del legado cultural de San Martín de Valdeiglesias: un puente medieval y las ruinas de la originaria ermita de la Virgen de la Nueva. El pantano está copado por madrileños, aunque también abundan los extranjeros (todos aquéllos que residen en la ciudad).

Una pareja de italianos cambió las paradisíacas costas de Cerdeña por el pantano de San Juan. Virginia y Matteo llegaron a la capital española hace dos años por trabajo. “La diferencia es abismal, pero el paisaje compensa“.

Fue ella quien descubrió este paraje cuando vio en televisión que la playa era distinguida con la bandera azul en mayo de este año (la primera y única en la Comunidad de Madrid). Esto implica que cumple con las condiciones medioambientales y de seguridad, un sello de calidad. Se instalaron baños públicos y se colocaron mesas y sillas para comer. El reconocimiento alegra a unos, pero enoja a otros: “¡Se ha petado de gente!”.

Los fines de semana se alcanzan hasta 3.000 visitantes. Este septiembre, se espera que se bata el récord, gracias a los madrileños que usarán esta playa fluvial para atenuar su morriña vacacional.

La arena rocosa, gruesa y parda y el entorno aclama a los que se han criado cerca del mar. Nada más llegar, el olor: huele a río, a chiringuito con especialidad en pollo asado. Y reina, principalmente, el perfume del aftersun. Las parejas, familias, amigos y almas solitarias se atrincheran durante todo el día y se aprovisionan para subsistir hasta que caiga el sol: carne asada, croquetas, bocadillos de lomo con pimientos. Claro, también agua, refrescos, cerveza y ron. ¿Ron? “¡Ron venezolano!”, exclama un joven caraqueño que entierra los pies en la arenilla a ritmo de una bachata que suena en un altavoz portátil. “¡Ya tú sabe, dame guerra chica!”, canta Denis, que está a punto de ponerse a gozar en el agua.

Este embalse tiene una capacidad de 162 hectómetros cúbicos y fue construido en 1955 para abastecer de agua y electricidad al suroeste de la Comunidad de Madrid. No tiene nada que envidiar a otras costas turísticas ya que ofrece deportes náuticos para todas las edades. Una hora de kayak individual cuesta 10 euros, mientras que el mismo tiempo por persona para hacer paddle surf son 14. “Mis hijos piden andar en la banana”, dice una mujer que pagó una promoción a siete euros por cada uno.

Puede sorprender, pero esta playa recibe a decenas de andaluces. Entre ellos a Raquel, de Almería: “El contexto es distinto. Hay mucho árbol, y por suerte, poca gente”. María, de Huelva, admite que así “baja los costos del descanso”.

Esta última razón es por la que también vuelve Hossain. El hombre, nacido en Cox’s Bazar, en Bangladesh, busca una sombra entre los árboles para extender su manta y desplegar un pícnic. De la ciudad con la playa más larga del mundo: 120 kilómetros, hoy chapotea con su familia en el pantano de San Juan que se extiende por 14 kilómetros. “¡Es lo que tenemos más cerca!”, dice con una tímida sonrisa.

Y mientras tanto, llegan más venezolanos, cubanos, dominicanos y colombianos. ¿Riders de Glovo? ¿Se pueden hacer pedidos hasta este sitio? Quizás, pero en este caso los 15 repartidores se disponen a pasar su día libre. Los latinos reivindican que no haya vendedores ambulantes, el paisaje de montañas, y principalmente, la seguridad. “Dejo mi bolso sin miedo”, sostiene.

España encabeza el ránking mundial de litorales sostenibles con 696 banderas azules: 590 en sus playas, 101 puertos deportivos y cinco embarcaciones turísticas; 12 más que en 2017. El País Vasco, Extremadura, Madrid y Galicia cuentan con estas playas de agua dulce.

Pese a la paz de la que presumen los veraneantes, la acción nunca falta en este pantano. Un helicóptero aterrizó en agosto para asistir a un hombre al que le dio un infarto y, en los últimos dos meses, hubo 20 rescates. “Algunos se confían pensando que es una piscina”, afirma uno de los socorristas de La Cruz Roja. No es piscina, no es mar, no es río, es pantano, pero funciona como playa.

Fuente http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/09/04/5b7fe8c846163f74b88b463d.html

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