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Venezuela desde España

El artista Waldo Balart (sentado, a la izq.), Virgilio Vivas (a su lado) y empleados y clientes del restaurante de la Taberna El Sur de Huertas, en Madrid. Cortesía de la autora
Olga Connor

En el aeropuerto de Miami, en el proceso de abordar el vuelo que me llevaría a España hace unas semanas, oía muchas voces con el acento que reconocemos como venezolano, acostumbrados a oírlo en Miami.

Al llegar a Madrid, lo primero que hago es comunicarme con el gran artista Waldo Balart, tío de los famosos congresistas Mario y Lincoln Díaz Balart. Siempre ha habido una especie de tertulia artística alrededor de su estudio, que queda muy cerca del Museo Reina Sofía, y de la Calle Atocha, donde me hospedo habitualmente.

Allí me encontré de nuevo a un restaurateur joven de origen venezolano, Virgilio Vivas, a quien los amigos llaman Johnny, y que ya había conocido hace unos meses en casa de Waldo. Ahora pudimos hablar de este fenómeno de la emigración o destierro venezolano, del que fui testigo en el aeropuerto, que alcanza a ser probablemente de unas 156,065 personas en España.

Vivas dirige una serie de restaurantes en ese barrio de las artes y las letras por donde vive Waldo Balart. Nos reunimos en uno de ellos. Pero se ve que le interesa mucho la literatura y la plástica, y nos confiesa que prefiere las biografías, como la de Alejandro Magno, de Mary Renault, y las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Él llegó de 18 años a Madrid, y ahora tiene 30. Me contó que se fue a estudiar a una escuela de gastronomía, y que más que aprender a cocinar aprendió cómo manejar un restaurante

Me quedé bastante impresionada con el temperamento y espíritu empresarial que mostraba el joven venezolano, y también por el hecho de que la comida que nos estaba sirviendo era típica española, pero con el servicio muy alegre y estimulante de muchos camareros venezolanos. Más de 60 trabajan con él actualmente, y asegura que el 95 por ciento llegan de Venezuela. Es un modo de albergue de trabajo a quienes lo necesitan.

“Los platos son recetas que intentamos tener iguales en cada sitio. Esta empresa es una escuela que forma a gente de Venezuela, y los que van aprendiendo van formando a los siguientes que van llegando, así obtenemos un efecto dominó”, añade Vivas. Los platos eran deliciosos, por lo que no era nada extraño encontrarnos a comensales de Miami allí.

Waldo me informó entonces sobre la Fundación Vivas que inició Virgilio el año pasado para ayudar a los muchachos a que se dediquen a los deportes y no a la delincuencia en su tierra de Venezuela.

“La Fundación Vivas tiene en Venezuela a 24 niños de Sub 14 [del Trujillanos FC del fútbol] y estamos formando otra Sub 16, que serían 24 más, para un total de 48 niños”, expresa Vivas. “Más o menos el aporte va variando mediante el cambio, ya sabes que en Venezuela cada día es diferente, de momento se les paga el equipo entero, estadio, transporte para las competiciones, campamentos en otras ciudades con otros equipos de fútbol, director técnico y todo el equipamiento necesario para jugar, se les dan las clases de valores y de disciplina. Y refrigerios alimenticios, mientras entrenan y compiten, ya que no pueden costearse la comida por ellos mismos, debido a su situación de bajos recursos”.

Son cuatro benefactores, y son más de 100 que pueden alimentarse por el soporte de la Fundación. “En Venezuela están dos, Jesús Ayala y Juan Aponte, los dos son de Trujillo, y aquí en Madrid estamos los fundadores, Luis Almeida y yo. También quiero hacer referencia a mi maestro, Víctor Hugo Márquez”.

Vivas tiene un sueño que desea plasmar: “Para mi nación solo aspiro que, donde quiera que estemos, cada venezolano se prepare en diversos campos de desarrollo y organización, ya que muchos estamos en países con democracias justas, y donde se respeta el derecho al individuo con grandes ideas”. Él, como muchos otros venezolanos fuera de su país, desea regresar con las experiencias que ha acumulado y la intención de devolver la democracia a la nación. Es lo justo. Es la misma esperanza que tenemos en Miami todos los desterrados.

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