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Periodista venezolana cuenta cómo se vio obligada a desempeñarse en trabajos de limpieza para poder vivir como inmigrante

La vida le cambió de la noche a la mañana. Esta periodista que tuvo que dejar sus herramientas de trabajo por la escoba y el coleto en un país extraño, hoy nos cuenta desde el extranjero cómo funcionarios de la policía científica venezolana la desnudaron y humillaron por una cobertura

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Armada con una libreta, lapicero y grabadora, durante 20 años consecutivos salía todos los días a la calle a buscar noticias, labor periodística que definía como parte de su vida. Acompañada de un fotógrafo para desarrollar un trabajo en equipo, no dejaban pasar por alto ningún  acontecimiento, por insignificante que pareciera, si allí había algo que denunciar. Esto es lo que ella relata.

Tratando de responder un qué, cómo, cuándo, dónde y por qué, aunque fuera mínimamente en un país donde el periodismo es criminalizado; pagando plantones para que el gobernador de turno concediera una entrevista; tolerando los caliches (información vieja o sin importancia) de cualquier concejal que, para figurar en la página del diario, se inventaba una rueda de prensa, Beatriz Lara dice haber cumplido con el deber de su oficio. “Han sido más de 20 años cargando sobre los hombros la responsabilidad de plasmar en los textos periodísticos los hechos con imparcialidad, pero sobre todo entendiendo que mi principal misión era de ser la voz del desposeído, es decir del pueblo”. Lo que sigue es su testimonio sin cortes:

Pero la rutina periodística cambió cuando en 1999 en Venezuela se instala lo que sería la progresiva la dictadura de Hugo Chávez como. Se acaba el reportaje libre, el que iba acompañado de testimonios vecinales, con “tremenda” fotografía denunciando el mal estado de las calles, la deficiencia en los centros de salud, el deterioro de las escuelas, el abuso policial, la corrupción de los organismos del estado.

Comenzó la persecución a los medios y las amenazas a los periodistas. El comunicador social  intrépido, investigador tildado de revoltoso ya estaba siendo forzado a bajar la guardia. Los funcionarios públicos cerraron sus puertas a los medios. Nadie opinaba ni se atrevía a decir lo mal que funcionaban las cosas en Venezuela.

Entonces fue cuando el periodista “tomó al toro por los cuernos” y empezó a escribir basado en su observación de los hechos en vivo y directo. Nos encontramos con una  libertad de expresión, televisoras, estaciones radiales y periódicos silenciados, sin derechos a reclamar. Se cerraron medios por hablar de la desnutrición de los niños, por referir al acoso al ciudadano común, por denunciar crímenes, entre otros hechos. Cada año se intensificaba el atropello contra el periodista, las agresiones por los llamados colectivos (en realidad grupos armados bajo la venia del Estado), detenciones ilegales, la humillación, como fue mi caso, por funcionarios del Cicpc de Zamora estado Aragua”.

Para no vivir entre el miedo y la miseria decidí levantar mis alas y buscar nuevos horizontes. Una nación europea me abre sus puertas, me recibe con los brazos abiertos y me permite trabajar, moverme libremente recordando a la Venezuela de ayer. Un país encantador solidario y hospitalario con los emigrantes.

Los venezolanos que escapamos del asedio del gobierno socialista que lidera Nicolás Maduro, de su maltrato y abuso, nos encontramos en tierras lejanas, con un nuevo estilo de vida, lejos de la familia de los afectos familiares y trabajando en lo que no sabíamos hacer, y es cuando te das cuenta de que la vida te cambia de la noche a la mañana.

En mi caso particular, cambie mi pluma y libreta por una escoba y una fregona (coleto) de limpieza.

Al régimen de Nicolás maduro le debo mi nuevo oficio. Luego de ser una prestigiosa periodista de investigación de VENEZUELA, donde me gané el respeto y el afecto, aquí soy la  chica de limpieza que no es un trabajo que deshonra sino que por culpa de un sistema político inoperante, la vida te cambia en un cerrar y abrir de ojos.

“Hoy visto con una bata y zapatillas de limpieza. Ya no paso cinco horas frente a una computadora redactando reportajes especiales y la noticia del día. Hoy son 5 horas que  dedico a limpiar casas, edificios, y oficinas ejecutivas.

A Nicolás maduro le debo que después de 20 años de periodista solo sea la chica del aseo domiciliario. No obstante, me siento triunfadora. Soy una venezolana menos de los que pasan hambre porque el sueldo no les alcanza para comprar los alimentos, o porque simplemente no hay. Soy una venezolana que tiene la obligación con sus hijos de garantizarles vivir en libertad en democracia y con una calidad de vida digna. Soy una venezolana que protege a sus hijos de la inseguridad, de la pobreza, de la impunidad, del abuso policial y de otros tantos males”.

Hoy les digo que sigo siendo esa reportera que cambió su profesión por el oficio de limpieza, pero con la esperanza de regresar algún día a ver a la Venezuela donde nací, donde se respetaba el libre tránsito, la libertad de prensa, y se podía ir al supermercado y comprar con el sueldo, fruto de nuestro trabajo, los alimentos que se necesitaban. Ese día llegará otra vez, porque he aprendido que Dios nunca llega tarde”.

Fuente https://ipysvenezuela.org/2018/07/27/beatriz-lara-mendoza-de-periodista-a-limpiadora-que-nadie-nos-calle/

 

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