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La Cueva del Guácharo de Venezuela, un templo de aves en El Caribe

Felix Eduardo Gutiérrez

José Fonseca era aficionado a las cuevas. Había visitado algunas, pero nunca había tenido tanta expectativa de conocer, como aquella tarde, la famosa cueva del Monumento Natural Alejandro Humboldt, mejor conocido como La Cueva del Guácharo, situada en Caripe, al norte del estado Monagas (Maturín), en los límites con el estado Sucre (Cumaná), a un promedio de 522 kilómetros de Caracas, la capital venezolana, en el Oriente de la nación caribeña.

La Cueva del Guácharo fue declarada como Monumento Natural tal día como hoy 15 de julio, pero de 1949, y como Parque Nacional en 1975. Se encuentra en la Serranía del Sistema Montañoso Caripe, constituido por Cerro Negro, Cerro Papelón y Cerro El Periquito del Macizo Caripe.

EL GUÁCHARO, AVE NOCTURNA. FOTO WEB.

Se caracteriza porque en el interior de la cueva, habita el guácharo, ave conocida científicamente como Steatornis Caripensis, las únicas aves del mundo que comen frutas y a la vez habitan en cuevas, son animales nocturnos.

Los guácharos pueden tener una longitud de 55 centímetros. Sus plumas suelen ser marrones con manchas blancas. Sus ojos son muy sensibles a la luz.

Construyen sus nidos sobre las salientes de las paredes en la profundidad de las cavernas y ponen de dos a cuatro huevos durante los meses de mayo y junio, con un período de incubación de 33 días.

Estas aves se caracterizan por navegar a través de la eco localización, que es la capacidad de conocer el entorno por medio de la emisión de sonidos y la interpretación del eco que los objetos a su alrededor producen.

Los guácharos habitan en el interior de este monumento natural, llamado oficialmente Alejandro Humboldt o Cueva del Guácharo para sus visitantes, un verdadero templo de aves en el Caribe venezolano.

La maravillosa experiencia de escuchar a los guácharos

Contó Fonseca que aquella tarde no pudo ingresar a la cueva porque estaba llegando el ocaso del día, pero contempló un preámbulo de lo que viviría en su interior al día siguiente.

Fonseca relató que al acercarse a la plaza que se encuentra frente a la cueva “pude escuchar algo que sonaba como una caída de agua”.

Eran los graznidos de los guácharos. “Apagaré la lámpara para que escuchen mejor el sonido” de las aves, dijo el mismo guía que llevaría a Fonseca y a sus acompañantes al interior de la famosa cueva, al día siguiente.

ENTRADA DE LA CUEVA DEL GUÁCHARO. FOTO WEB.

“Ya no entraba más luz a la cueva”, contó Fonseca luego de que el guía apagara la lámpara “y ahora centenares de guácharos generaban un impresionante sonido que nunca olvidaré, cerré los ojos para escuchar el abrumador sonido de las aves”

Luego el guía les pidió que abrieran bien los ojos y “junto a mis amigos”, contó, “esperamos la salida de las aves, primero dos, luego cuatro y así sucesivamente salían los líderes de las colonias hasta que ya más oscuro salieron miles en bandadas”.

Agregó que “fue impresionante observar tantas aves volando y escuchar cómo el sonido se perdía, hasta quedar la entrada de la cueva y sus inmediaciones en un silencio también abrumador”.

Un monumento para proteger y cuidar

La Cueva del Guácharo forma parte de un lugar natural de 62.700 hectáreas y fue declarada Parque Nacional El Guácharo el 27 de Mayo de 1975, para garantizar la continuidad de los procesos geológicos y biológicos que se cumplen en su interior.

Además, el Cerro Negro, donde se localiza la cueva, fue el primer lugar de Venezuela declarado como Monumento Natural, en 1949. Lleva el nombre de Alejandro de Humboldt, en homenaje al explorador europeo que descubrió en 1799 para la sociedad científica occidental, esta impresionante maravilla natural, aunque los pueblos originarios de este continente ya la habían descubierto.

La Cueva del Guácharo se sitúa a 1.065 metros de altitud, con una temperatura promedio anual de alrededor de 21°C, y una longitud de aproximadamente 10,5 kilómetros.

Sus rocas sedimentarias se formaron hace 130 millones de años en la Era Mesozoica.

José Fonseca contó que el recorrido, en el interior de la cueva, comienza con una caminería de aproximadamente 500 metros.

“Definitivamente los dueños del lugar son los guácharos”, destacó. “Revolotean por toda la cueva, el sonido es impresionante, pero hay que tener cuidado con el excremento que dejan caer desde arriba”, advirtió.

“Cuando entras a la caverna, la oscuridad y humedad es total. El guía habla de la historia del lugar y muestra las formaciones de estalagmitas (formaciones naturales en el piso de las cuevas) y estalactitas (formaciones en el techo), con nombres colocados por su apariencia”.

Una se llama El Cardón, otra La Virgen del Carmen, La Virgen del Valle, El Ángel de La Guarda, La Palmera, El Cuarto de los Pechos y Patas de Elefante, entre otros.

“La cueva está dividida por espacios, en nuestra visita, fue posible entrar al Salón Humboldt y la Galería del Silencio. En el salón Humboldt están los guácharos y es la primera parte de la cueva, mide aproximadamente 750 metros”.

Aseveró que luego “encontramos la Galería del Silencio, un espacio en el cual no encuentras a las aves y su sonido también desaparece. Acá se puede usar la cámara y tomar una fotografía para el recuerdo”.

Cuestiona que en el trayecto del recorrido, se puede observar como “en épocas anteriores algunos visitantes dejaron sus firmas, mensajes o su daño al llevarse pedazos de estalactitas o estalagmitas, sin pensar en las perjudiciales consecuencias que se producen a las formaciones que duran miles de años en desarrollarse y se destruyen en minutos”.

Agregó que “el daño es para la naturaleza y para las futuras generaciones, recordemos que este es el único planeta que tenemos, es nuestro gran hogar, al viajar asegurémonos de hacer el menor daño posible”, recomendó Fonseca sobre la maravillosa experiencia.

Fuente https://www.elciudadano.cl/turismo/la-cueva-del-guacharo-de-venezuela-un-templo-de-aves-en-el-caribe/07/15/

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