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Galería Odalys de Madrid inaugurará exposición del venezolano Ángel Hurtado

Ángel Hurtado ha logrado juntar lo que a simple vista parecen dos disciplinas artísticas con sus propias y diferenciadas formas y gramáticas.

Carolyn Manrique

En su quehacer creativo pintura y cine conviven, se alientan y retroalimentan. Incluso, estando detrás de cámara, Hurtado transformó a un joven Carlos Cruz-Diez en protagonista de una comedia de ficción titulada «Al fin solo».
Del 7 de julio al 22 de septiembre, la Galería Odalys de Madrid (Calle Orfila 5, 28010) presentará la exposición Ángel Hurtado. Pasajes del tiempo, que reúne 18 de sus obras audiovisuales, en las que predominan los documentales que detallan el proceso creativo de artistas venezolanos como Armando Reverón, Jesús Soto, Alejandro Otero y Cruz-Diez, entre otros, así como el registro de tradiciones culturales del país, específicamente de El Tocuyo, estado Lara, donde Hurtado nació en 1927.
Pero además de sus colegas y coterráneos, el interés cinematográfico de Hurtado, afincado desde hace más de dos décadas en la isla de Margarita, estado Nueva Esparta, abarca también a creadores internacionales como el hondureño José Antonio Velásquez, el mexicano José Luis Cuevas y el uruguayo Joaquín Torres-García.
La trayectoria pictórica de Hurtado se inició en la abstracción geométrica, que luego mutó hacia la abstracción lírica y el neoexpresionismo. En su obra fílmica destacan los documentales Los tambores de San Juan (1964), Tamunangue(1968), Alejandro Otero en Venecia (1982), Reverón en Nueva York (2007), y Carlos Cruz- Diez: a New Vision of Color (2013), entre otros que se expondrán en Odalys.
Lo cierto es que cuando Hurtado no pinta, hace cine, y cuando no hace cine, pinta.
-En su caso, ¿qué une al cine y la pintura?
-La relación del cine con la pintura para mí es muy sencilla. A ambas las considero artes visuales, y el cine es la más completa de las artes pues las abarca casi todas: pintura, música, movimiento, ritmo, literatura, poesía… Cuando estoy filmando y miro por el visor de la cámara, estoy pintando, no con pigmentos de color, sino con luces y sombras. Si lo que estoy creando tiene movimiento lo filmo, si es estable lo pinto. Por eso no hago pintura de personas, pues parecerían disecadas; en cambio en el cine, se mueven, hablan, danzan, cobran vida. Si lo que me interesa es algo abstracto o de difícil expresión a través de un lente, lo hago en pintura. No siento dicotomía entre ambas expresiones artísticas.
-A los 91 años, ¿considera que ha cumplido todas sus expectativas?
-En absoluto, mis expectativas están muy lejos de haber sido cumplidas. Aunque he hecho muchas cosas en el arte, hubiera querido hacer más, muchos proyectos se han quedado en la papelera, y ya son quimeras de imposible realización. Con respecto al cine hay una expectativa que me ofrece la Galería Odalys con esta exposición en Madrid, que consiste en un festival de documentales sobre arte, que he realizado a lo largo de mi vida.
-Su trabajo será expuesto en Madrid, ¿pero qué otras aspiraciones tiene hoy?
-Mis aspiraciones hoy día son y serán las de siempre, dedicar mi vida al arte, y conservarme aislado del «mundanal ruido». Quizás la única que tengo es ver publicado en vida, no en forma póstuma, un libro que acabo de terminar titulado La vida es un soplo. Son apuntes biográficos y consideraciones sobre la vida y el arte que terminé al cumplir 90 años.
-En la Venezuela actual, ¿qué quisiera filmar?
-En la Venezuela de hoy me gustaría hacer documentales sobre la horrenda situación en la que se encuentra el país, pero ya no tengo la suficiente fuerza física para intentarlo. Además, ya hay muchos documentalistas y periodistas más jóvenes que se están encargando de eso con mayor conocimiento.
-En parte de su obra pictórica dominan los paisajes, los tepuyes por ejemplo. ¿Qué significa para usted la naturaleza?
-Los paisajes significan para mí, sobre todo en pintura, la impresión que causa la naturaleza en mi percepción y que me induce a sugerirla en imágenes en cualquier disciplina, pero evitando copiarla en forma realista, sino con sugerencias de la belleza que ella suscita. Yo sufrí por algún tiempo el alejamiento por razones de trabajo y sobrevivencia, pero busqué un regreso a las fuentes puras de la naturaleza y me aislé en esta isla.
-¿Para «escapar» decidió mudarse a Nueva Esparta?
-Tuve dos razones: la primera, porque El Tocuyo no tiene mar, y la segunda, porque no creo en obligaciones ni en determinismos geográficos. El hecho de nacer en un sitio es fortuito, si hubiese nacido en Tucusiapon eso no me obligaría a volver a ese sitio para trabajar o para morir. Uno debe buscar el lugar conveniente donde pueda desarrollar su potencial, sea cual sea. Estaba harto de la de mediocridad del arte actual y necesitaba un regreso a la pureza de la naturaleza. Por eso escogí aislarme en Margarita, porque cuando lo hice en 1995, este era un país libre. No presentí esta tragedia.
-¿Se sigue pintando hoy como se hacía en su época?
-Se sigue pintando pero mal, lo que se ve es muy mediocre en comparación con el Arte Mayor que fue la pintura del pasado. Hay buenos pintores, sin embargo, muy pocos que sepan pintar. El oficio de la pintura, como todos los oficios, hay que aprenderlo, hay que estudiarlo y saber dominarlo para poder expresarse. Ochenta por ciento de los pintores de hoy no conoce el oficio ni las técnicas pictóricas. Hay mucha piratería.
-Y del cine venezolano, ¿qué opina?
-Ha mejorado muchísimo a pesar de la mordaza a la que ha sido sometido por los gobernantes actuales. Hay excelentes directores, camarógrafos y técnicos que darán su fruto cuando vuelva la democracia y la libertad de expresión.
-¿Qué pinta ahora Ángel Hurtado?
-Pinto desde los 15 años porque nací con el virus de la pintura, que es inmune a cualquier antibiótico. Pinto lo que siento sin preocuparme de «lo que se está haciendo», de lo que muestran las grandes ferias de artes, lo cual no es otra cosa que una manera sutil de comercializar el arte, de hacerlo un negocio que beneficia más a marchantes inescrupulosos que a los verdaderos artistas.
-¿Cómo ha evolucionado su obra?
-Mi obra tanto pictórica como cinematográfica ha cambiado con los tiempos que he vivido, adaptándose a las circunstancias y a las nuevas tecnologías, pero sin cambios bruscos, conservando el estilo que cada artista lleva dentro de sí y que marca su personalidad.

 

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