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La antigüedad de la arepa

Por: Weildler Guerra

Es amplio el horizonte de la arepa en América y sería arbitrario atribuir el origen de esta preparación indígena al territorio de un solo país o a una sola región. La arepa tiene un extenso arraigo en los territorios que hoy llamamos Colombia y Venezuela. Las técnicas empleadas pueden variar de una región a otra, enriqueciendo esta diversidad. Sin embargo, ¿qué otra cosa son sino arepas las “gorditas” de maíz que cualquier viajero puede degustar en el mercado público de Guadalajara en México?

Una de las primeras menciones de la arepa es la que hace el florentino Galeotto Cey, un primo pobre de los Medici, en su obra Viaje y descripción de las Indias (1539-1553). Cey es un observador minucioso que se detiene, describe y dibuja los artefactos, cereales, semillas, frutos y tubérculos empleados en las cocinas indígenas. Este infortunado viajero registra tempranamente palabras de origen amerindio que hoy se preservan en la lengua castellana, como cimarrón, hayaca, caribe y guacharaca. Para referirse a la arepa dice: “Hacen otra suerte de pan, a modo de tortillas, de un dedo de grueso, redondas y grandes como un plato a la francesa, o poco más o menos, y las ponen a cocer en una tortera bajo el fuego, untándola con grasa para que no se peguen, volteándolas hasta que estén cocidas por ambos lados y a esta clase llaman areppas y algunos fecteguas”.

La arepa aparece como sustento primordial de los buceadores indígenas en las pesquerías de perlas del Cabo de la Vela en 1544. En una de las visitas realizadas por las autoridades hispanas durante ese año, el clérigo Diego López se queja de las disputas surgidas alrededor de este alimento entre buzos indígenas y capataces europeos “porque algunas indias de servicio le dan algún pescado o arepas más que a otros, y los canoeros porque se echan con todas estas, de celos los tratan mal”. El adecuado suministro y correspondiente peso de las arepas en estas pesquerías fue ordenado y reglamentado por jueces como el licenciado Juan Pérez de Tolosa en 1549: “Que se dé a cada cuatro indios un almud colmado de panes de maíz y que se les dé pescado o carne por lo menos una vez al día”. Un almud es una antigua medida de peso que hoy podría equivaler a tres kilos y medio, sin embargo, estas medidas eran muy variables. El cronista José de Acosta afirmaba en 1580 que de la masa del maíz molido se hacen “unas tortillas que se ponen al fuego y así calientes se ponen a la mesa y se comen, en algunas partes las llaman arepas”.

A la arepa se le otorga hoy un carácter emblemático en el conjunto alimentario de Colombia y Venezuela. Para millones de personas, ella es un elemento constitutivo de su universo social y, en cierta forma, como los territorios, la arepa conlleva un origen y un destino. En un mundo inestable e impredecible todo está en riesgo. Si algo merece la preservación son las históricas arepas, a las cuales muchos asociamos con la memoria y la felicidad gustativa.

wilderguerra@gmail.com

Fuente https://www.elespectador.com/opinion/la-antiguedad-de-la-arepa-columna-755251

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