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Escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez nos habla de su novela publicada en Madrid

Por Karen Anaís Lentini Gómez

Desde octubre de 2017 circula en España la novela: La ola detenida, y ya en 2018 esta obra comienza a llegar a las librerías latinoamericanas. Su autor, el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, respondió algunas preguntas sobre este libro y sus proyectos en marcha.

Tu nueva novela: La ola detenida (Harper Collins Ibérica) tiene un personaje impactante como protagonista: Magdalena Yaracuy, una detective que usa la brujería marialioncera para resolver sus casos. Háblanos de ella.

Como lector, las novelas que suelen interesarme son aquellas que giran alrededor de un personaje poderoso, inolvidable, alguien a quien quisieses conocer o cuya vida ficcional te interesa tanto o más que lo que pueda interesarte la vida de un vecino. Por eso intento escribir novelas en las que el personaje central tenga algo especial, algo seductor, algo atractivo. Magdalena Yaracuy nace de esa intención. Una mujer madura, aguerrida, seductora, que vive en Europa desde hace veinte años, cuando se mudó de Venezuela, y que trabaja desde 1996 como detective. Una de esas venezolanas que allá llamamos “echadas pa´lante”, que no se amilana ante las dificultades, que reclama su espacio de persona libre, que quiere disfrutar de la vida y a la vez siente necesidades tan básicas como amar mucho y ser muy amada, que conoce de artes marciales y de armas de fuego. Y ella además tiene relación con el espiritismo marialioncero; creció cerca de esos rituales, los practica, les tiene mucha fe. Pero sucede que Magdalena, como bruja, no es demasiado talentosa, así que ella compensa con su capacidad analítica lo que sus ansiados poderes mágicos a veces no le otorgan.

Le tengo cariño a ese personaje. Hace poco en el festival “Barcelona Negra”, me encantó que en una entrevista el periodista me dijo: “me gustaría conocer a Magdalena, ¿me la presentas?”

Llama la atención esa fe religiosa del personaje, en España el espiritismo marialioncero es apenas conocido y en Venezuela es un ritual que algunas personas rechazan.

Eso es algo muy divertido. El rechazo a María Lionza tiene un matiz importante; nadie cree, pero luego los encuentras haciendo su consultica con un brujo, por si acaso, ya se sabe…Prefiero no detenerme demasiado en el clasismo que a veces envuelve ese rechazo. Yo crecí en un muy duro barrio obrero de Caracas, soy nieto de campesinos caficultores larenses. Crecí con el respeto y el cariño hacia esos rituales espiritistas. Son una de las creaciones culturales más hermosas que tenemos como pueblo. El que no quiera entender eso, se le respeta,  pero desde luego se está perdiendo de una memoria cultural de gran belleza, un imaginario que nos explica, que nos interpreta, que nos interpela. Las religiones con una mujer como eje central son antiquísimas y muy extrañas en este momento. Los venezolanos humildes que hicieron de una diosa su centro espiritual conectaron con esa diosa blanca de la que habla Robert Graves, y que era propia de religiosidades anteriores al siglo IV antes de Cristo. Eso es maravilloso. Al pensar en María Lionza pensamos en la luna, en la fertilidad, en esa fuerza femenina que nos explica como país, pues en mi infancia, las mujeres eran el eje de las familias; piensa que las figuras masculinas y las figuras paternales eran distantes, en ocasiones ausentes. Allí resulta lógico que la diosa central que se crea en nuestros hogares campesinos sea la de una mujer que reina sobre las aguas, los animales y la naturaleza, y que esa diosa viaje a nuestras zonas populares urbanas.

El espiritismo marialioncero no es la santería cubana, no es el vudú haitiano, no es el candomblé brasileño. Puede tener conexiones con ellos, pero es una religiosidad original, propia de la historia venezolana del siglo XX y a la vez conectada con raíces míticas muy profundas. ¿Cómo no iba a hablar de eso en alguno de mis libros? Además, te cuento que amigos españoles fueron los que en cierto momento me dijeron, “alguna vez deberías escribir sobre ese mundo que conoces”, y así lo hice.

Esas voces están en mí, soy agnóstico, pero la belleza de esas voces de la montaña de Sorte están en mí y me gustó escribir sobre un personaje que las respeta y las vive desde dentro.

Un thriller, un policial, combinado con la brujería marialioncera. Una mezcla curiosa la que has escrito, en un libro que realmente engancha.

Bueno, yo deseaba que el lector al tomar La ola detenida no pudiera soltarla. Que sintiese vértigo, que quisiese acompañar a Magdalena Yaracuy en su aventura. Me gustan las mezclas. En alguna oportunidad comenté que somos el país que se reúne a cocinar las maravillosas hayacas, esa combinación gastronómica donde coinciden los sabores hispanos, indígenas y africanos.

Yo entiendo lo venezolano de ese modo, como un gusto por la mezcla. En este caso, combinar el policial, el thriller con la magia marialioncera me parecía una idea muy seductora.

También suele haber en tus novelas, y La ola detenida no es la excepción, una mirada hacia mundos mágicos: sueños con seres especiales, gigantes, animales, brujas.

Así es. Me interesa mucho la presencia de esos mundos paralelos que acompañan al mundo cotidiano y que son el mundo cotidiano. Ver lo que hay de mundo tras el mundo. Ir más allá del dato realista. Es decir, que el dato esté allí, el nombre de una calle, la presencia de una comida, el humo de un café, pero que tras esa apariencia se intuya que hay de manera simultánea otras capas de universos que viven en este, universos poéticos, míticos. El gran poeta Rafael Cadenas dijo en una ocasión que el misterio vivía entre nosotros, que el ojo del escritor quizá no debía extraviarse buscando otros mundos, sino mirando en profundidad el que tenemos.

Tu novela anterior, El baile de madame Kalalú también tiene como protagonista a una mujer. Pero es una mujer más racional, más contenida, incluso más vanidosa que la que protagoniza La ola detenida. El caso es que cuentas en esta última novela que las dos mujeres estudiaron juntas en la universidad. ¿Piensas reunirlas alguna vez en otra novela?

Es algo que me planteo, sí. Una es ladrona de joyas y obras de arte, la otra es detective. Una finge ser bruja en algún momento de su vida, la otra es bruja. Podría ser un encuentro o un encontronazo interesante. Por otro lado, sí, en efecto, aunque son dos mujeres fuertes, poderosas, enamoradizas, la protagonista de La ola detenida es más impulsiva, es más violenta, es más proclive a dejarse arrastrar por su lado pasional. En la novela se puede ver, hay un momento en que ella siente que un hombre la ha traicionado en un asunto de trabajo y ella sin dudarlo saca su revólver.

 

Algo que sucede con Magdalena Yaracuy es que te quedas con más ganas de ese personaje. ¿Lo hiciste con esa intención?

Claro que sí. Tenía presente a personajes maravillosos como Petra Delicado o Maigret, así que me apeteció experimentar la idea de un personaje que regrese en varias novelas. Ya estoy tomando notas muy serias para una nueva aventura de Magdalena Yaracuy, ahora con una historia relacionada con la presencia de Los Beatles en España en 1963; un caso que a ella le queda lejano en el tiempo, así que significa hurgar desde el presente en la memoria que las personas conservan en torno a una muerte sucedida en esos días.

Veamos qué tal me va. Porque el caso es que en La ola detenida, Caracas es el otro personaje fundamental de la historia. A Magdalena la contratan en Madrid para que vaya a la muy peligrosa Caracas a enterarse sobre qué ha sucedido con la hija desaparecida de un político español. Sabemos que esa muy querida ciudad es ahora mismo un lugar donde sólo respirar o comprar una barra de pan es toda una peligrosa aventura. Así que ella debe enfrentarse a delincuentes, colectivos, militares, espías y sicarios.

En Francia, la editorial Métailié acaba de publicar Los maletines, la primera de tus novelas donde aparece la Caracas terrible de este momento.

Adoro esa editorial desde hace años. Me produce mucha felicidad estar en ese catálogo. Y tengo muchas ganas de que el libro circule allí y consiga sus lectores francoparlantes.

Por cierto, algo que me encantó fue comprobar que en este momento, en el mercado de habla francesa circulan novelas de los venezolanos Alberto Barrera Tyszka, Francisco Suniaga, y Rodrigo Blanco Calderón. Eso, al menos que yo sepa, quizá son más.

Me encanta esa coincidencia venezolana. Vivimos momentos muy duros. Innecesario es recalcarlo; Venezuela ahora mismo no es un país, es una catástrofe. Así que nos aferramos a esos pequeños detalles para sentir que el país también viaja, se mueve, dice cosas al mundo que no son sólo sus terribles tragedias y su escenificación cotidiana del mal.

La ola detenida circula en España desde hace meses y ya comienza a circular en América Latina.

Así es. Me llegan noticias de que el libro ya se encuentra en Argentina, y entiendo que pronto estará en otros países. Qué alegría da que los libros viajen más que uno mismo.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Si hablamos de escritura en proceso te confieso que navego entre una novela de aventuras sobre los españoles que huían a Venezuela a finales de la década del cuarenta, o una nueva aventura de Magdalena Yaracuy. Y también hay otros proyectos más lentos que me acompañan: algún libro de misceláneas, algún cuento para niños.

Pero ya firmé contrato para un nuevo libro que está concluido y en fase de revisión final. Un libro de cuentos que aparecerá en España en 2019 en la editorial Páginas de espuma. Son historias de tipo fantástico y mítico en el que se mezcla la Biblia, con el Cantar de Gilgamesh, el Popol Vuh, el Pentamerón, leyendas wayú o pemonas, y también leyendas sobre María Lionza.  Así que allí puedes encontrar a los reyes magos caminando por Siquisique, o a Judas huyendo hacia El Tocuyo, o a María Lionza intentando ayudar a la gente pues viene un diluvio universal.

Fui feliz escribiendo ese libro; me sentí por unos meses un minúsculo evangelista moderno, que le daba palabra y escritura al universo rural que vislumbraba yo en mis vacaciones de infancia.

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