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El Papa reza en la Pascua «por el pueblo venezolano, que vive «en tierra extranjera» en su propio país»

Juan Vicente Boo

El mensaje del Papa el día de Resurrección es siempre de alegría, pero sin olvidar a los que sufren, y por eso este domingo ha invitado a rezar «por el pueblo venezolano, que vive en una especie de ‘tierra extranjera’ en su propio país». Su mensaje de Pascua desde el balcón de la basílica de San Pedro antes de impartir la bendición «Urbi et Orbi», no podía ser mas contundente y claro.

Respecto a Venezuela, el Santo Padre ha pedido que «encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime». Entretanto, suplica a otros países que «no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria».

En una mañana de sol radiante, que invitaba a la alegría, Francisco ha obligado a pensar en primer lugar en quienes sufren bombardeos, y ha urgido con gran vigor «a todos los responsables políticos y militares que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo» en Siria, «cuya población está extenuada por una guerra que no tiene fin».

Refiriéndose a la reciente matanza de palestinos por soldados israelíes, el Papa ha invitado a rezar también por «la reconciliación en Tierra Santa, que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos».

En un tono de cierta esperanza, Francisco ha implorado «frutos de diálogo para la península coreana, para que las conversaciones en curso promuevan la armonía y la pacificación», suplicando «que quienes tienen responsabilidades directas actúen con sabiduría y discernimiento».

El mapa de países en conflicto mencionados por el Papa ha incluido Yemen en Asia, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo en África, y Ucrania en Europa.

Pero el eje del mensaje del Santo Padre era, naturalmente, espiritual, subrayando que «nosotros, los cristianos, creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, aquella que no defrauda».

Aunque a veces tarde en verse, la fuerza de Jesús «produce fruto, también hoy, en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias».

Según Francisco, el cristianismo «trae frutos de esperanza y dignidad donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados —tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte—, a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo».

Aunque todo ciudadano debe sentirse responsable de aliviar el sufrimiento que tenga cerca, el Papa ha espoleado a los políticos «para que respeten siempre la dignidad humana, se esfuercen con dedicación al servicio del bien común y garanticen el desarrollo y la seguridad a los propios ciudadanos».

Dos horas antes de dirigir al mundo entero el mensaje de Pascua y la bendición «Urbi et Orbi» desde el balcón de la basílica, el Santo Padre había celebrado la misa en una plaza de San Pedro más hermosa que nunca gracias a las 50.000 flores -sobre todo tulipanes y orquídeas- ofrecidas y colocadas cuidadosamente por católicos holandeses siguiendo una bonita costumbre iniciada hace tres décadas.

En su homilía, Francisco hizo notar que «los anuncios del Señor son siempre sorpresas porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas. La sorpresa te conmueve, te toca el corazón donde menos te lo esperas».

A la sorpresa sigue la prisa, como «las mujeres que van corriendo» a dar la noticia de la Resurrección a los discípulos, como «Pedro y Juan que corren hacia el sepulcro», como «los pastores que corrían hacia Belén la noche de Navidad», como «la samaritana que corre para informar a la gente de su pueblo», o como sus paisanos, «incluida el ama de casa que deja las patatas en la olla y se las encontrará quemadas cuando vuelva, para ir a ver a Jesús».

Siguiendo su esquema habitual de tres puntos. A la sorpresa y la prisa, el Papa añadió como tercero una pregunta: «¿Y yo? ¿Qué me dice a mi esa sorpresa? Y yo, en esta Pascua de 2018, ¿qué hago? Y tú, ¿qué haces?».

Así concluyó su homilía en una plaza de San Pedro llena de gente al máximo de lo que hoy permiten las normas de seguridad. El riesgo de atentados obliga a dejar espacios de movimiento y alejamiento más amplios, y buena parte de los fieles seguían la ceremonia desde la plaza exterior a la de San Pedro y la Vía de la Conciliación.

Al menos, como consuelo, Francisco se acercó en el «papamóvil» para saludarles de cerca antes de subir a toda prisa al balcón de la basílica para estar allí puntualmente al mediodía.

Fuente http://www.abc.es/sociedad/abci-papa-reza-pascua-pueblo-venezolano-vive-tierra-extranjera-propio-pais-201804011230_noticia.html

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