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Eliza Arcaya, la aliada venezolana de la jet madrileña

En sus locales puedes encontrarte con Paula Echevarría, con Juanes o incluso con Michelle Obama. Tras ellos, Eliza Arcaya, la restauradora criolla que triunfa en la capital

En quince años ha hecho de Madrid su casa y de la noche madrileña su mejor aliada. Eliza Arcaya salió de Caracas con un marido y dos niños pequeños tras el llamado ‘paro petrolero’, la huelga general que paralizó el país en 2002, y llegó a la capital de España sin saber qué haría con su vida. Atrás quedaban dos restaurantes, un catering y una tienda de delicatesen (esta última aún la conserva). Y encontró su hogar.

Menuda, de aspecto frágil pero con mucha determinación, convirtió el viejo café Murillo en un lugar de reunión de amigos, no siempre venezolanos, y triunfó. Ahora tiene tres restaurantes: el mencionado café, frente a la puerta Murillo del Museo del Prado, de cocina española y latina; el Velázquez 17, más asiático, y Garaje Grill, con un concepto más joven, de hamburguesas y costillas, de lo más concurrido. Y le encanta la cocina, pero también le gusta explorar. El mundo de la moda es ahora su objetivo. Entre Madrid y la Miami Fashion Week ayuda a promocionar a diseñadores latinos para potenciar su proyección internacional.

Pregunta: ¿Te costó adaptarte a Madrid?

Respuesta: Me mudé hace 15 años con mi marido y dos hijos pequeños. Aquí tenía dos buenas amigas que me lo hicieron más fácil, pero es duro. Además, mis tíos habían vivido en España durante un tiempo, porque fueron exiliados, y mis primos habían estudiado en el colegio británico. Madrid siempre había sido muy cercana. A mi padre le encantaba, veníamos muchísimo.

P: Tus hijos se habrán hecho mayores aquí, ¿añoras Venezuela?

R: Desafortunadamente ahora es muy peligroso viajar allá. Hace cuatro o cinco años que no voy. Es un riesgo demasiado alto. Y lo añoro, claro, por eso metí platos venezolanos en la carta. Dejé familia atrás, pero mi gente también se ha ido marchando. Me quedan algunos primos y amigos, pero cada vez menos y eso me rompe el corazón.

P: ¿Tenías claro a qué te ibas a dedicar en España?

R: Al principio no. Me costó muchísimo el cambio, pero poco a poco fui entendiendo la ciudad. Y viviendo aquí, en el barrio de los Jerónimos, me di cuenta de lo que quería. Murillo fue para mí una necesidad. Cuando llegué, lo primero que hice fue montar un catering. También trabajé para Paco Roncero. Y monté BabyDely, como tres años después, en plena crisis, en 2007; pero Madrid no estaba lista para la comida orgánica para bebés. Hoy en día ya sí, pero, bueno, abrimos un camino. El catering lo sigo teniendo, se llama EatdeLux y me divierte todo porque dependiendo del cliente diseñamos el menú. Es un trabajo muy creativo.

P: ¿Y qué tal con Paco Roncero?

R: Me rotaba en aperitivos, platos fríos, dulces… Yo era pinche de cocina. Quería aprender la cocina molecular y por eso empecé a trabajar con él. Le conocía porque era amigo de Héctor Soucy, mi socio en Venezuela, y esa fue mi primera conexión con mi mundo gastronómico en Madrid.

P: ¿Y así fue como llegaste a servir en la cena previa a la boda de Felipe y Letizia?

R: Sí, esa cena en el Palacio del Pardo fue impresionante. Yo llevaba como un año en España y me pidió que le ayudara. Fueron 24 horas de trabajo, comenzamos a las 12 del mediodía y salimos a las cinco de la mañana. El menú era bueno, pero los aperitivos eran una obra de arte. Y lo que más me impresionó fue la dirección de orquesta. ¡Cómo se sirvió aquella cena para 330 personas! No fue fácil: la logística, las cocinas que montaron, con Arzak y Ferrán Adrià organizando. Fue una gran experiencia. Éramos como 87 hombres y cinco mujeres, una de ellas, Elena Arzak, y yo pedí estar en su grupo. En los restaurantes dominan los hombres. En la vida doméstica en las cocinas mandan las mujeres, pero en los restaurantes… La mayoría de mis cocineros son señores.

P: ¿Imaginabas entonces que ibas a tener este éxito?

R: No siento que sea un éxito, siento que la gente tiene empatía con lo que hago. Lo que pensé fue: si tú vas al Metropolitan en Nueva York, cuando sales no tienes dónde comer, tienes que coger un taxi…, y aquí, teniendo esta joya de la corona que es el Museo del Prado, este es un sitio excelente para los turistas. Y monté un local que abre a las 9 de la mañana y cierra a medianoche, y la cocina siempre está abierta. Quería un sitio accesible, que hubiera continuidad de servicio, que fuera flexible, para celebrar, para trabajar, para pasarlo bien.

P: ¡Y Boris Izaguirre te ayudó con la carta!

R: Todas las cosas que hay en la carta son las cosas que a mí me gusta comer: las pizzas, la ensalada de pollo al curry… Hay mucha mezcla. Un día comiendo con él, le dije: “Mira, Boris, estoy sufriendo con la carta porque parece un restaurante chino, con griego y tailandés”. Y él me dijo: “¿Qué es lo que mas te preocupa?” Y yo dije: “Las pizzas”. Entonces empezó a nombrarlas como las emperatrices, Margarita, Sissy, Josephine, María Teresa…, y luego la ensalada solidaria Ghandi… Y todo eso volvió mucho mas noble la carta. ¡Ese día nos divertimos tanto! Yo le conocía ya de Venezuela, pero obviamente aquí nos hemos hecho mucho más cercanos.

De Marta Hazas a Miguel Ángel Muñoz

P: ¿Qué otros venezolanos forman tu pandilla en España?

R: No es tal pandilla. Yo tengo amigos muy cercanos, pero en diferentes sectores y lo que hago es que los junto. Tengo amigos artistas, de cine: Miguel Ángel MuñozPaula Echevarría y Marta Hazas, de ‘Velvet’… Tengo amigos que son restauradores, igual que yo, y cuando voy a sacar un plato nuevo les pido que vengan a probarlo: José Asín y Fernando Andina, de Greener Café, o Chiqui Calleja, del grupo Larrumba. Me gusta compartir las cosas que yo hago o si tengo inquietudes, me apoyo en la gente de mi sector y me encanta porque es cierto que nos nutrimos los unos a los otros. También tengo amigos cubanos que son artistas maravillosos desde pintores a cantantes, amigas con periódicos digitales como Paula Quinteros; periodistas, como Raúl del Pozo, que lo adoro, Javier Maroto y su esposo Josema...

Para mí es muy divertido reunirlos, por eso de vez en cuando hago esos almuerzos o cenas. Esa mezcla es la que me divierte, también tengo muchos clientes que son gente del barrio o que vienen solo a tomarse el café o a tomarse la pizza. Y del hotel Ritz nos envían clientes con sus exigencias correspondientes: “Al señor tal no le gusta mirar a la pared”, pues al señor tal le sentamos con su espalda contra la pared. Aquí cada cliente tiene lo que necesita. Es un lujo que quieran venir a tu restaurante y eso es muy de agradecer

P: ¿Amigos venezolanos famosos?

R: Virginia Troconis la conozco, tenemos amigos comunes y coincidimos en Sevilla, en la pasarela We Love Flamenco. Fabiola Osborne es amiga de mi socia, pero vamos a colaborar con ella en un evento para recaudar fondos para su fundación. Y Margarita Vargas es muy amiga mía, pero es mucho menor que yo; la he conocido aquí. Carolina Herrera era ya amiga mía y Nicolás Toth…, bueno, él es mi alma gemela, me encanta, es fantástico.

Famosos gracias a Michelle Obama

P: ¿Y americanos?

Hay muchos que nos han descubierto porque vino Michelle Obama. Tenías que haber visto la calle, vino con cuarenta personas. Ella se sentó en una mesa de ocho y pagó su cuenta y los de seguridad pagaron también su cuenta. Todo por separado. A ella le gustó el tinto de verano. También han venido Alec BaldwinJuanes, Falcao, pero vinieron ‘undercover’, sin prensa. Me gusta que sientan que no es un sitio ‘to be seeing’, sino tranquilo.

P: ¿Los venezolanos se han hecho fuertes en el barrio de Salamanca?

Si, y son asiduos siempre a los mismos restaurantes, tienen cerca el Corte Inglés…; crean ahí su micromundo. Les resulta cómodo, porque no conducen y van a todos lados andando. Vienen a España porque es más barato que Miami, por ejemplo, o por el idioma o porque tienen familia. España es la madre patria.

P: ¿Tu mundo gira en torno a una mesa y un mantel?

R: Mi mundo gira en torno a la mesa, la cocina y el mantel, pero sin mucho protocolo. Y mis mesas se expanden, de repente somos diez y aparecen cuatro mas. Pues yo pongo cuatro sillas más y cero estrés. Mi plato favorito es el pollo al curry porque con él puedo invitar a 20, 30 o 40 amigos. Es el plato que más disfruto y el que más puedo compartir. Ahora, además, con mis amigos de Miami Fashion Week también estamos tratando de descubrir talentos en la moda y darlos a conocer. En eso me apoya Naty Abascal. Por cierto, Naty cocina de morir y sus hijos también. Son unos cocineros extraordinarios, de verdad te lo digo. A Rafa le gusta hacer la fideuá y Luis es más de pescado. Pero Naty cocina todo, ella les enseñó.

P: ¿Ayudas a los venezolanos que van llegando a España?

R: Trato de hacerlo. Y si no puedo, les pongo en contacto con personas que puedan. Es muy difícil emigrar. A mí me pasó cuando llegué, necesitas todo, hasta saber a qué dentista ir, y hay que ser generoso. Cuando ya has vivido una transición y has cambiado de vida, de rutinas, de amigos, es más fácil entenderlo.

Eliza Arcaya no pierde de vista a su Venezuela natal. (Foto: Manu Torres)

P: Compara Madrid y Caracas…

R: Madrid es una ciudad muy abierta y cualquier idea puede ser bien recibida y eso hace mas fácil que te incorpores al sistema, a la economía, la educación… Eso es algo mágico de Madrid; si no, yo no estaría aquí. En Caracas es más difícil ser emprendedor.

P: ¿Por eso elegiste Madrid para vivir?

R: Elegí Madrid por el idioma, la educación, el concepto de familia, la cultura… Tener una ciudad con estos museos y esta colección de arte para mí es fundamental. Y también por la posibilidad de viajar. Tener el aeropuerto a veinte minutos del centro y estar a dos horas de París, Londres o Roma… Aunque no vaya a ir, mentalmente, solo saberlo, para mí es espectacular. Además, mi familia está aquí. España es mi casa, mi hogar. Si me dicen que tengo que volver a vivir a Venezuela, me amarro de un poste y me encadeno.

P: ¿Cómo llegaste del diseño a la restauración?

Yo estudié diseño gráfico, pero tiene mucho que ver porque en diseño utilizamos elementos visuales y arquitectónicos para crear un producto final y en el restaurante, en vez de hacer un logo que represente una compañía, componemos un plato. La comida, la decoración, el servicio, todo tiene que ver, incluso el precio. Yo voy a un restaurante que me cobra 100 euros y me amargo, porque sé lo que cuestan las cosas y sé lo que cuesta cocinarlas. Se pueden comer por 25 o 30 euros cosas muy buenas y muy bien presentadas.

P: ¿Lo has tenido más difícil por ser mujer?

R: No. Lo he tenido más difícil en el sentido de que a los hombres no les gusta que les manden; de hecho a mí me dicen jefa (ríe), pero he logrado encontrar un lenguaje de comunicación. Entiendo que para una mujer muchas cosas pueden ser muy complicadas, aun hoy en día, y sé que he tenido una gran suerte de tener gente elevada a mi lado.

P: ¿Cuál es el secreto de tu éxito?

R: El secreto del éxito personal es ser generoso y ser abierto; yo lo soy. Y creo que las oportunidades hay que aprovecharlas todos los días. No hay que atormentarse por la cuenta de mañana porque si viene, que venga y si no, vendrá otro día. Hay que dejar que las cosas fluyan. Y ni soy la principal empresaria de la zona ni me gusta ser la venezolana de la que todo el mundo habla. A mí me gustaría que se dijera simplemente “qué bien se come en su restaurante”. Tener el Murillo desde hace 9 años es ya fantástico y que perdure es lo que más quiero. Y atraer a más público. Al principio, todo el mundo me decía ‘en esa zona no hay nada’ y, mira, ahora hay un montón de lugares. Además, Madrid está creciendo y eso me encanta y motiva.

Créditos

Fotos: Manu Torres

Maquillaje y peluquería: Paco Orellana

https://www.vanitatis.elconfidencial.com/noticias/2018-03-14/venezuela-madrid-eliza-arcaya-vip-paula-echevarria-marta-hazas_1534820/

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