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Orgullo tricolor

De unos meses para acá, varios venezolanos han demostrado en las pantallas foráneas sus dotes artísticas con poderosos resultados. Su talento es bálsamo de esperanza para muchos emigrantes y también para quienes los apoyan con pasión desde este, su terruño. Aquí, tres de ellos comparten la experiencia de brillar en grande con todo un país haciendo barra

Valentina Villalba 

Tiene 13 años, porte de princesa y un contraste fascinante: la voz de ardillita dulce con la que todavía conversa se crece de pronto –y con potencia impetuosa, digna de represa hidroeléctrica– cuando le toca cantar.  “Miren a esta niña maravillosa”, tuiteó Ricardo Montaner. “Canta glorioso”, opinó Viviana Gibelli. “La voz de oro”, como conocen a Valentina Villalba en las redes, ganó notoriedad hace unos meses en el show televisivo Ecuador tiene talento, un programa de Ecuavisa en el que la angelical estudiante de 9° grado cautivó al jurado con su interpretación de Así no te amará jamás de Amanda Miguel.

Oriunda de los Valles del Tuy, Valentina llegó hace año y medio con sus padres y hermanos a Quito, en busca de mejores oportunidades. “Mi mamá es abogada y maestra y mi papá también es cantante. Cuando yo tenía como ocho años lo acompañé a un evento en un club en Paracotos, y cuando terminó, le pedí permiso para usar el micrófono y cantar algo”. Las condiciones vocales de la pequeña se revelaron como un fenómeno y comenzó a asistir a la Academia Cantar es Fácil. Luego de su participación en varios concursos y apariciones en programas de Venevisión, Televen y Canal I, la probabilidad de presentarse en Ecuador tiene talento la animó y le pidió a sus padres que la llevaran. “Mi papá preguntó si una extranjera podía participar y le dijeron que todo el que hiciera la cola del casting podía entrar”. Juan Villalba pasó la noche en vela, en fila, para cuidarle el puesto a su niña.

Apenas en su primer episodio, luego de haber prevalecido en una selección entre 5.000 talentos, Villalba ganó un “botón de oro” que la convirtió directamente en semifinalista. En ese entonces confesó que si ganaba, le gustaría llevarse a su abuela a vivir con ella. En sucesivos programas, la menuda fan de Whitney Houston, Christina Aguilera y Mariah Carey sorprendería de nuevo con su registro. “Toda mi escuela me apoyó; cuando llegué no le caí bien a muchos niños, pero a medida que me fueron conociendo me animaron mucho”, asegura.

“El programa fue una experiencia muy bonita. Los nervios siempre están, pero conoces gente y vives nuevas emociones. Yo sabía que probablemente no iba a ganar porque el programa se llama Ecuador tiene talento y yo soy venezolana, pero no me puse triste y agradezco que me dieran la oportunidad. Me sentía muy bien porque de todos modos ganaba con todo mi país apoyándome por las redes y porque el concurso es un paso más en mi carrera”. Aunque no alzó el trofeo, desde entonces surgieron numerosas invitaciones y contratos, que han llevado a sus padres a considerar una segunda migración para propulsar aún más su desarrollo artístico.

“Amo mi país y lo extraño. Con el favor de Dios espero ir pronto”, admite ella. Mientras tanto, sus seguidores venezolanos y ecuatorianos le desean bendiciones y mucho éxito. “Hay personas de las redes que me escriben porque quieren dedicarse al canto, pero otros les dicen que no lo hacen tan bien, y yo les digo que sigan adelante y vayan por sus sueños”. Es la misma convicción que la llevó, por lógica pura y sin trazas de arrogancia, a decretar sonriente en pantalla: “Yo sé que voy a lograr lo que quiero”.

En Instagram: @valentinavillalba.lavozdeoro

Las cartas están echadas

Dania Díaz

La niña de Punto Fijo quedó literalmente hechizada la primera vez que vio a un mago por televisión. Tenía diez años y la impresión fue tanta que decidió intentarlo. “Le pedí a mis papás que me compraran kits de magia y empecé a inventar mis truquitos chimbos”, recuerda con gracia Dania Díaz. Con los años, aquel hobby infantil se reforzaría cuando decidió crear con unas amigas de la universidad una empresa de animación de festejos y por fin pudo ver, por primera vez en vivo, como un mago llamado Jorge causaba arrobo con sus actos. A la larga, la joven estudiante de Turismo dejó su emprendimiento para convertirse en asistente del prestidigitador. “No podía creer que me pagaran por hacer algo que me gustaba tanto”, recuerda.

Luego de tres años de aprendizaje, Díaz comenzó a desarrollar una carrera propia como ilusionista, viajar a congresos y festivales y concursar. A los 25 años de edad, ya lograba vivir de la magia. Sin embargo, la inflación comenzó a frenar su potencial, pues le resultaba cada vez más difícil comprar implementos y asistir a eventos fuera del país. Sentía que en el extranjero tenía más oportunidades de crecer. Luego de una temporada en Colombia, donde la comunidad mágica la apoyó y le consiguió trabajo, Díaz decidió probar suerte en Panamá. Allí trabajó como camarera en el hotel Trump y en el mismo lugar cubría turnos como ilusionista. No obstante, sus rachas no siempre fueron mágicas. “Llegué a presentarme en plazas, semáforos y autobuses porque me daba angustia no poder pagar el alquiler”, señala. Apenas mejoró su situación, decidió llevar su arte a España para participar en el Congreso Nacional de Magia, y ganó. Unos días después, le extendieron una invitación para pasar una temporada y seguir trabajando.

Era una oportunidad nada despreciable, pues España es una de las potencias en cartomagia, su especialidad. Con varios premios en la chistera, y tras recibir una propuesta para participar en el concurso Got Talent de ese país, Díaz puso manos a la obra. ¿Qué presentar ante un público más versado que el promedio? Al principio pensó en rutinas clásicas con alto impacto visual, pero dos días antes del casting despertó a medianoche con una idea poderosa: si aquello iba a ser visto a distancia por su familia y amigos en Venezuela, resultaba más sensato honrar esas raíces compartiendo su historia a través de las cartas. “Todo surgió esa noche; empecé a diseñar mi número y a practicarlo muchísimas veces. Creo que por eso no me temblaron las manos ni la voz. Solo me interesaba transmitir que si luchas por lo que crees y eres constante, ese sube y baja que es la vida a la larga te pone donde debes estar”.

Díaz no imaginó nunca el furor que causó ni la avalancha de mensajes de afecto que recibió tras aquella emisión. “Realmente fue una sorpresa total. Todavía no he podido leer todos los mensajes y siguen llegando. Ha sido una locura”. Su acto, que le valió un pase directo a la semifinal, aún hoy circula en cuanto muro de Facebook y grupo de Whatsapp tenga a un venezolano incluido. “Creo que de algún modo mucha gente se sintió identificada y piensa: ‘si ella insistió y pudo llegar allí, todos podemos lograrlo. Ella nos representa’. Honestamente es una responsabilidad muy grande, pero si mi país lo ve así, con gusto la asumo”.

Mientras tanto, sigue presentándose los fines de semana en el teatro Off de La Latina en Madrid, con cada vez más público y sobre todo con más espectadores venezolanos que la celebran. También ha recibido invitaciones y propuestas que está barajando con entusiasmo. Aunque la fecha de la semifinal del show aún es incierta, la maga de 29 años de edad está resuelta a preparar un número aún más contundente. “Pase lo que pase, siento que ya gané mucho más de lo que esperaba, porque mi única intención ha sido que más personas vean mi trabajo. Les agradezco mucho a todos su apoyo. Espero poder aportarle a mi país más esperanza y más alegrías”.

En Instagram: @daniadiaz1

Sentir y hacer sentir

Yadam Andrés Guevara

Tuvieron que pasar dos años para que Yadam Guevara pudiera inscribirse en el concurso “Canta en Francés” de la Alianza Francesa. El joven estudiante maracayero –que viajaba a diario hasta la UCV para cursar Estudios Internacionales– debía ser mayor de edad para poder optar al premio de pasar una semana en el país galo. Había aprendido el idioma por su cuenta con unos libros viejos de su abuelo e imitando la pronunciación de los cantantes que reproducía sin cesar en YouTube. Ante su facilidad para los idiomas, le ofrecieron una beca en China para estudiar mandarín, pero se enfermó y no viajó. Más adelante, otra beca para Brasil no logró convencerlo de que ese era su camino.

El muchacho, asiduo seguidor de shows de talento como The Voice y Factor X, disfrutaba más cantando y compartiendo sus covers en las redes. Elegido como la mejor voz de su facultad, cuando finalmente llegó su turno de concursar en francés eligió el tema Crier tout bas, de la cantante Coeur de Pirate. Poco se imaginaría que al cabo de unas semanas, tras ganar el concurso de la Alianza, viajar, decidir prolongar su estadía en Francia y ser cobijado espontáneamente por una pareja nicaragüense –que lo acogió en su casa aún sin conocerlo para que no pasara trabajo–, esos anfitriones lo animarían a presentarse en las audiciones para el show Nouvelle Star. Guevara tampoco tenía cómo adivinar que sería seleccionado entre 20.000 talentos, cantaría frente a su estrella favorita, la haría llorar interpretándole su propio tema y ella misma le daría el pase para integrar uno de los concursos musicales más vistos de Francia. Con su sentida voz, su carisma y una sonrisa permanente emisión tras emisión, el muchacho de 19 años de edad se metió por igual a jueces y espectadores en el bolsillo.

“Yo siempre he sido diferente. Nunca fui popular, pero al crecer en un hogar con una mamá soltera y un hermano autista, quizás he vivido cosas distintas a las que experimenta otra gente de mi edad. Cuando canto, procuro exprimir lo que siento: miedo, felicidad, dolor, alegría. No sé por qué la gente llora porque yo sé que no es fácil conmover, pero sin querer creo que siempre me expreso desde mi corazón. Concentro todo lo que siento y eso toca algo en los demás y en mí también”.

Su total serenidad al cantar sorprende tanto como la confianza que irradian Valentina Villalba o Dania Díaz en escena. “Supongo que tiene que ver con que venimos de Venezuela y ya hemos luchado tanto que, cuando la vida te pone frente a una oportunidad como esta, te das cuenta de que ese es tu momento de brillar, de no tener miedo, de disfrutar y de llevar un mensaje positivo”, opina. “En estos países ven que somos sinceros y que no estamos allí por un asunto de ego, sino porque lo que hacemos es nuestra pasión. Cuando trabajas, tratas bien a los demás y haces las cosas con buen corazón, muchas puertas se abren y los sueños se hacen realidad si luchas por ellos. Odio que sea un cliché rayadísimo (risas), pero es verdad”.

Su vida aún busca acomodo en el limbo de la normalidad y el estrellato. Mientras se prepara para cursar estudios audiovisuales en una universidad francesa, trabaja un par de horas diarias cuidando a dos niños. El resto del día se reúne con artistas, managers y productores –entre ellos Coeur de Pirate, su mentora autoproclamada– para grabar, componer, decidir qué rumbo tomará su carrera y con cuál disquera firmar. Aún le cuesta asimilarlo. “Hace seis meses yo era un nerd que se encerraba en su cuarto en Maracay a cantar solo y a montar sus videos en Instagram. Ahora trabajo con artistas que seguía en Internet y gente que no conozco me felicita cuando camino por París. Es bien cool”, admite risueño.

No obstante, se resiste a que la vanidad lo secuestre. “Aunque gané el concurso de la Alianza Francesa, quedé en segundo lugar en la Voz Ucevista  y en Nouvelle Star también. No me sienta mal, más bien lo tomo como una señal de que todavía hay mucho en lo que puedo mejorar y creo que eso me va a ayudar más a crecer que si hubiese ganado, porque a veces es bueno perder”, sostiene. “Me da mucho orgullo decir que soy venezolano y sé que solamente soy un chamito normal que tocó una buena puerta”. ¿Qué más sueña hacer en París, además de labrarse un nombre rutilante en la música? “Volver a estar con mi familia. Llegar todos los días a mi casa, darle un beso a mi mamá y decirle que le traje un croissant”.

En Instagram: @yadamandres

María Gracia en Masterchef.

María Gracia Sosa fue noticia en diciembre pasado, cuando resultó ganadora de la segunda edición de MasterChef de Uruguay. La venezolana, oriunda de Valencia, llegó a ese país en 2014, recién graduada de médico cirujano y aficionada a la cocina, aunque nunca la estudió formalmente. Fanática del programa, envió un video para concursar por sugerencia de su novio. Mientras participaba, trabajaba y estudiaba en el día y practicaba en los fogones de madrugada.  En una de las pruebas salió airosa con un asado negro con papelón y chips de plátano verde y mereció el premio final con una mousse de parchita y chocolate. En Instagram está como @mariagraciamch

Sindy Lazo ante las cámaras. 

La joven actriz, hija de Mimí Lazo, concursa en la primera edición del MasterChef Latino, transmitido por Telemundo. Allí pone en práctica una pasión que ya había decantado en un libro y en un programa de televisión: La cocinita de Sindy. En Instagram: @sindylazo @mclatinotv

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