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PDVSA, la joya del petróleo de Venezuela, al borde del colapso

An oil tank reads “Fatherland, socialism or death” in Ameriven company, part of the Complex Jose in Anzoategui state, 200 miles East from Caracas, Venezuela. The complex, that make refined crude from the heavy oil of the Orinoco Belt, is a joint venture between Venezuelan state owned PDVSA and the foreign companies Chevron, British Petrolum, Total and Statoil. May 1st 2007 Venezuelan President Hugo Chavez changed the stock holding of the complex to make PDVSA ,with 60 percent of the stocks , control the participating companies.
Photographer Diego Giudice/Bloomberg News

La estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), sumida en una grave crisis de corrupción, una ola de arrestos, despidos y emigración desesperada, se encuentra al borde del colapso y amenaza con desestabilizar al país, según publicó el diario The New York Times.

Mientras que el resto de los productores de petróleo del mundo se recuperan gracias a que los precios se han fortalecido, la situación de Venezuela se debió a una administración deficiente, la corrupción generalizada y la crisis de agotamiento económica que atraviesa el país, señaló el rotativo en un artículo firmado por los corresponsales Kirk Semple y Clifford Krauss.

Los problemas cada vez más graves que enfrentan la petrolera estatal, amenazan con desestabilizar el país que enfrenta una terrible recesión, una inflación altísima y un contexto delictivo irrefrenable, además de una grave falta de alimentos y medicamentos. Cuando los precios de la energía comenzaron a bajar, Venezuela y otros países dependientes del petróleo comenzaron a verse afectados. Ahora que los precios van al alza, otras naciones del sector petrolero se van recuperando.

Arabia Saudita va eliminando sus déficits y sus utilidades van en aumento. Incluso países como Libia e Irak se han dedicado a exportar y exportar como locos. Pero eso no sucede en Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de todo el mundo.

Petróleos de Venezuela se encuentra al borde del colapso y todos sus problemas son, a la vez, tanto como las causas de la espiral económica descendente en la que se encuentra la nación. Los motivos son evidentes en el amplio complejo de refinación petrolera de Paraguaná, ubicado en la costa caribeña.

Era la joya de la industria venezolana, pues no solo impulsaba la economía boyante del país, sino que también producía en una variedad de tipos de gasolina y de exportación. Hoy en día, el complejo está muy deteriorado. Según los críticos, la falta de inversión, la combinación con problemas de flujo de efectivo y una falta crónica de refacciones, han afectado las operaciones.

Al cierre del año, ópera solo al 20 por ciento de su capacidad, con 76 de sus 84 plantas paralizadas, señaló Iván Freites, líder sindical y un franco crítico del gobierno. El complejo no cuenta con el software necesario para diagnosticar sus problemas de producción y, en todo caso, tampoco tiene dinero para arreglarlo. “Va muriendo poco a poco”, comentó. Con instalaciones en mal estado por todo el país, Venezuela no ha podido aprovechar el alza en los precios extrayendo más crudo y reforzando las operaciones en las refinerías.

La producción cae entre 20 mil y 50 mil barriles al día cada mes, y ahora se encuentra en el nivel más bajo que ha tenido en casi tres décadas. Puesto que vende menos petróleo, PDVSA ha incurrido en mora en el pago de sus deudas. Rápidamente se está convirtiendo en un pasivo que podría obligar al país a cometer incumplimientos.

Los problemas de producción se han visto exacerbados por los tiempos turbulentos que viven sus líderes. En los meses pasados, el gobierno del presidente Nicolás Maduro arrestó a un gran número de empleados que ocupaban cargos administrativos por cargos de corrupción.

Maduro afirma que se han tomado estas medidas con el propósito de depurar la empresa. Sin embargo, sus críticos consideran que el embate es una purga política con la que Maduro intenta consolidar su poder antes de las elecciones presidenciales del año próximo. Además, el mes pasado el presidente nombró al mayor general Manuel Quevedo como presidente de PDVSA y ministro del Poder Popular de Petróleo y Minería, a pesar de que no se sabe que tenga experiencia en el sector energético.

Los críticos de Maduro consideraron esta medida como un esfuerzo por dar transparencia y protegerse contra un golpe de Estado. Durante varias generaciones, PDVSA cumplió cabalmente las promesas de las reservas petroleras de Venezuela, pues financió la revolución nacional inspirada en ideas socialistas y convirtió al país en uno de los más ricos de América Latina. Sin embargo, la producción se fue a pique en años recientes, a tal punto que ya no puede cubrir la demanda interna de diésel y gasolina, por lo que el país se ha visto obligado a importar cada vez más de ambos productos, incluso de Estados Unidos.

Las exportaciones de crudo del país también han caído drásticamente. Los embarques a Estados Unidos, el mayor mercado extranjero de PDVSA, cayeron un tercio el año pasado. Los problemas de la empresa son especialmente evidentes en las dos enormes refinerías que bordean la pequeña ciudad de Amuay y forman parte del Centro de Refinación Paraguaná, uno de los mayores complejos del mundo.

En 2015, este centro, cuya capacidad es de casi un millón de barriles al día, procesaba unos 587 mil barriles diarios, según el sitio web de PDVSA. El crudo se convertía en varios productos como gasolina, combustible de aviación, asfaltos y lubricantes. Sin embargo, las refinerías, al igual que la mayoría de las instalaciones de la petrolera en todo el país, se encuentran en pésimo estado.

La situación ha obligado a realizar recortes sustanciales en las operaciones por lo que se ha despedido a varios empleados y eso ha incrementado el número de accidentes y lesiones, según los propios trabajadores y sus líderes sindicales. Hace poco, las refinerías comenzaron a sufrir una serie de percances. A finales de octubre, Amuay sufrió un derrame de 200 mil galones de gasolina y otros productos de un tanque de desechos hacia la bahía adyacente. El derrame dañó la fauna silvestre y obligó a los pescadores locales a suspender la pesca durante semanas.

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