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Cerámica que muta y se desprende de su fin utilitario

“Mutable” examina el papel de la cerámica en el arte contemporáneo

Patricia Morales es tajante al señalar los dos momentos más importantes del arte cerámico en Venezuela. El auge de este movimiento lo ubica entre 1980 y 1990, consolidándose con la Bienal del Barro de América  que coordinó en cinco oportunidades. Con la llegada del nuevo milenio la cerámica es reinventada por artistas que experimentan con formas abstractas, geométricas y escultóricas, vinculadas con propuestas más conceptuales que utilitarias. 

Morales y Verónica Liprandi -ambas a cargo de la asociación civil Factotum- congregan la obra de 10 artistas en la galería del Centro de Arte El Hatillo en una exposición colectiva e introspectiva que examina la posición de este material y su potencial plástico. Lleva por nombre Mutable, nombre inspirado por su naturaleza maleable, resistente al tiempo y refractaria, y permanecerá abierta al público a partir de este domingo 19 de noviembre a las 11:00 am  en dos horarios: jueves y viernes de 9:00 am a 4:00 pm, sábados y domingos desde las 11:00 am hasta las 4:00 pm. Esta colectiva se hizo en conjunto con la Fundación Fenice Larralde, que a principios de año asumió la restauración de la galería ubicada en la calle Bella Vista del casco histórico de El Hatillo y que había permanecido cerrada debido a filtraciones en la infraestructura. Una vez concluidas las obras, la Galería del Centro de Arte El Hatillo inauguró en abril de este año con la exposición Shakespeare entre líneas, dando inicio a una programación artística y cultural ininterrumpida.

Las obras que integran Mutable se pasean entre la abstracción y la geometría, la vuelta a la naturaleza y a civilizaciones perdidas. Es el caso de Luis Arroyo Poleo, pionero de la arqueología venezolana que en su obra Vestigios de la Atlántida compara el mito de la ciudad desaparecida con la arqueología arcaica hallada en el Lago de Valencia. Mientras tanto, Alberto Asprino presenta una Roca fabricada con cerámica y otros materiales  para marcar un punto de retorno hacia la naturaleza y la materia básica. María Esther Barbieri hace lo propio y coloca el foco sobre la simbología indígena y su aproximación a formas universales y Noemí Márquez hace una aproximación al ritual a través de figuras totémicas de gran formato.

Otra importante mutable es un fragmento de la Fisicromía en honor a Andrés Bello de Carlos Cruz-Diez, ubicada en la Plaza Venezuela de Caracas. El maestro construye su obra con serigrafía impresa sobre cerámica intercalada con hierro y aluminio. Cristóbal Ochoa, por su parte, reinventa el traje utilizado en su acción performática conos de madre y lo desdobla para crear patrones trigonométricos y repetitivos.

Lucía Pizzani crea capullos brillantes, sinuosos, de apariencia viscosa; mientras que Isabel Cisneros elabora esculturas flexibles utilizando conos de arcilla. Esther Alzáibar, directora por tres décadas del taller Barro y fuego, expone un moral circular texturizado y Josefina Álvarez  rinde homenaje a Armando Reverón en su pintura sobre lajas irregulares de cerámica que emulan la textura en las obras del maestro.

Fuente http://www.eluniversal.com/noticias/cultura/ceramica-que-muta-desprende-fin-utilitario_678096

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