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Seguridad para el venezolano que vuelve

Alfredo Yuncoza

En reciente reunión de amigos en Caracas, una de esas oportunidades que aún nos permiten compartir un café, dos de ellos se manifestaban evidentemente preocupados. Comentaron que su hija de 23 años de edad, y desde hace tres residenciada junto a su núcleo familiar fuera de Venezuela, debía regresar al país para realizar unas gestiones vinculadas a documentos, propiedades y bancos. La angustia de sus padres se originaba en las condiciones de inseguridad vigentes y la posibilidad que pudiera ser víctima de un hecho delictivo.

Sus preocupaciones no son infundadas, lamentablemente se han producido casos de turistas y compatriotas que durante su estancia han sufrido diversos tipos de delitos, algunos incluso fatales. De allí que le compartiera algunas sugerencias generales de prevención.

Mirar con otros ojos. En primer lugar, hay que tener presente que el país que va a conseguir ese venezolano no es el mismo de hace años atrás, incluso no es el mismo que dejó cuando emigró recientemente. Los cambios en las condiciones sociales, políticas y económicas, entre otras, han sido constantes, acelerados y hasta bruscos, lo que indudablemente influye en el comportamiento del delito. Por tanto, hay que mirar el país con otros ojos, los de la prevención.

Hábitos compartidos. La alegría de estar nuevamente en el país y compartir con los seres queridos es humana y totalmente comprensible. Las reuniones sociales y los encuentros en locales pudieran multiplicarse, lo que es absolutamente factible de realizar, pero compartiendo hábitos que permiten mantener los niveles de seguridad necesarios. Si el visitante o sus acompañantes no están alineados en cuanto a lo que debe y no hacerse, automáticamente generan un eslabón débil que el delincuente no va a dejar de identificar y atacar.

Planificar. Las gestiones administrativas públicas y privadas por lo general han sufrido cambios haciéndolas más burocráticas. Aunque hay procesos que exigen la presencia y participación directa de los interesados, hay algunos que pueden ser delegados a familiares o amigos, de manera que se adelantan pasos, se minimizan los desplazamientos y en general se puede ser más eficiente. Pero de igual forma, hay que tener un “plan B” para el caso que los tiempos se alarguen y los requisitos se multipliquen. Creo que la inmensa mayoría de los venezolanos son personas decentes y trabajadoras, pero no es así con una minoría negativa. Es este grupo el que, con prácticas deshonestas como la corrupción en sus diversas formas, va intentar aprovecharse de sus necesidades, algo para lo que hay que estar preparado a afrontar.

Cuidar el mensaje. Es mucho más común de lo que se imagina que la persona comente su condición de visitante fortuito, lo cual dispara las posibilidades de ser víctima. Se supone que quien vive en el exterior tiene acceso a divisas que son uno de los valores más buscados. Debe mantenerse “bajo perfil”, no sólo en su imagen, sino en el contenido de sus conversaciones públicas. Ahora más que nunca las paredes tienen oídos.

Comunicación constante. Sobre todo, en los más jóvenes, puede no ser costumbre mantenerse comunicados con los familiares. Menos aún, cuando ya se han adaptado a otras condiciones de vida escasamente inhóspitas. Es importante hacerles ver que el contacto permanente con sus seres queridos no sólo facilita poder asistirlos ante cualquier eventualidad, sino que permite determinar la trazabilidad de sus movimientos y poder ubicarles con mayor rapidez en caso de una emergencia e interrupción de la comunicación.

No es turismo de aventura. Algunas acciones, aunque llenas de buenas intenciones pueden ser totalmente imprudentes y definitivamente peligrosas. La necesidad de documentar su visita o revivir experiencias debe ser previamente analizada. Por ejemplo, un “selfie rapidito” en plena vía pública puede generar un hurto o un robo. Una visita nocturna o incluso en pleno día, al parque de su infancia para que lo conozcan los hijos debe evaluarse. Los entornos han cambiado y si bien es cierto que en oportunidades los niveles de seguridad permiten acceder a numerosas áreas, primero debe verificar si ello no implica exponerse a amenazas latentes.

Equilibrar emociones. La inseguridad ciudadana en Venezuela por lo general genera estrés, angustias, depresiones, entre otros, que impactan en quienes aquí hacemos vida. Por tanto, la inteligencia emocional es una excelente herramienta cada vez más considerada como alternativa. Nos permite desarrollar la capacidad de entender las emociones propias y de terceros, a relacionarnos y a minimizar el impacto de los riesgos psicosociales.

Nuestra realidad país impone altos niveles de prevención en seguridad como costo adicional para quienes aquí vivimos y para quienes nos visitan sean o no paisanos. Considerar con anticipación aspectos que pudieran ser obvios, pueden hacer de ese viaje un recuerdo aún agradable y minimizar las posibilidades de ser víctimas del delito.  

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Twitter: @alfredoyuncoza

Fuente El Universalhttp://www.eluniversal.com/noticias/opinion/seguridad-para-venezolano-que-vuelve_667680

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