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En 3 años, crece al doble el número de venezolanos que llegan a Jalisco

Ana Carolina Navarro dejó la capital de Venezuela junto con su mamá para comenzar una nueva vida en Guadalajara en octubre de 2015.

La joven de 19 años señala que la situación en Caracas era insostenible en cuestión de inseguridad y economía, por lo que decidieron viajar a México, aunque una parte de su familia se quedó allá.

Jalisco se ha vuelto un destino para venezolanos que buscan nuevas oportunidades ante la crisis que viven en su país. El Instituto Nacional de Migración (INM) informó que en 2014 había 691 personas originarias de Venezuela en el Estado, de los cuales 260 eran permanentes y 431 temporales. Sin embargo, hasta el 21 de julio de este año la cifra aumentó al doble con mil 239 personas registradas (766 temporales y 473 permanentes). En todo el país habitan 25 mil 248 venezolanos.

El especialista en Comunicación Política de la Universidad Panamericana, Alejandro Motta, asegura que la migración de venezolanos continuará, incluso si se da un cambio de Gobierno, debido a la carencia económica y la inseguridad, “problemas que no se resolverán de la noche a la mañana. Puede bajar el índice, pero no se va a arreglar rápido”, afirmó.

Por su parte, el subdelegado federal del INM, Gustavo González Matute, señaló que existe un acuerdo de supresión de visa entre México y Venezuela, y aseguró que los venezolanos que entran de manera irregular corren peligro de caer en delitos como trata de personas o de no recibir salarios y las prestaciones que marca la ley. Para ello impulsan el Programa Temporal de Regularización Migratoria (PTRM), dedicado a quienes llegaron al país antes de 2015. “Una de las virtudes del PTRM, que termina en diciembre, es que no existe sanción por no haber entrado legal. (En el caso de) los que llegaron después se analizaría por separado cada caso”.

En Venezuela  la “vida vale nada”, relata estudiante

Ana Carolina Navarro

Ana Carolina Navarro todavía se sorprende con las tormentas de Guadalajara. Hace una pausa en su relato cuando el viento arrecia de tal manera que parece que el parabús de afuera se va a caer; se disculpa: “Es que en Venezuela no llueve de esa forma”.

Antes de que la conversación se interrumpiera por el asombro de la joven de 19 años ante las inclemencias del clima, Navarro recordaba un episodio de injusticia cuando se realizaba una manifestación por la crisis que se vive en Caracas. “La Guardia Nacional, que es la gente que debería de defenderte, está en contra de ti, ya no hay nadie que te ayude. Si vas a protestar llega un guardia te dispara en la cara y nadie hace nada, así le pasó a un muchacho. Entonces dices: ‘si mi vida vale nada’, no te vas a quedar en un país así”.

Ana Carolina dejó la capital de Venezuela para comenzar una nueva vida en Guadalajara en octubre de 2015. Ella hizo trámites a contaduría pública en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (Cucea) y su mamá logró obtener una oferta de empleo. “Me alejé de mi papá, hermano, toda mi familia se quedó allá, es difícil. El costo de los pasajes es muy caro, como de mil dólares y no se aceptan bolívares, no te puedes venir con todos”, cuenta.

Recuerda que en Caracas la situación ya era insostenible en materia de inseguridad. “Ya ni siquiera puedes confiar en la policía, un policía te pueda robar también, si ya no hay nadie que te proteja el único que se puede proteger eres tú. Los barrios están armados. Matan a una persona, su familia la entierra y es todo, nadie va a investigar lo que pasó, no hacen absolutamente nada”.

La joven señala que cada vez era más difícil adquirir los productos básicos de alimentación. Explica que hay días en que según tu número de cédula (el IFE) el gobierno permite que compres arroz, pan o leche pero a veces hay filas tan largas que los alimentos se agotan, por lo que no queda otra opción que buscarlos en el mercado negro. “Son personas que te lo venden mucho más caro, pero hay cosas como pañales para bebés que sólo así los consigues, así le pasó a mi cuñada y duele porque son niños a los que tienes que decirles que no hay o que sólo puedes hacer una comida al día”.

Además, Ana Carolina subraya que para comprar un kilo de carne, por ejemplo, debes gastar el sueldo de medio mes, entonces la gente ya no sabe qué comer. “Hay gente que está comiendo de la basura, hasta hicieron campañas para los que tiraban  la comida la pusieran en una bolsita para que cuando fuera la gente pobre no tuviera que buscarla entre la basura”.

Las mujeres llegaron a la Perla tapatía con unos familiares pero la madre de Ana, de 54 años, se quedó sin empleo. “Fue muy difícil, a mi mamá la rechazaban de muchos trabajos por la edad, ella laboró en varios lugares pero lo que le pagaban no alcanzaba para mantenernos a las dos y a mí no me aceptaban porque mi visa es de estudio”.

La venezolana  explica que el trámite para entrar a la Universidad de Guadalajara no fue complicado, pero ha batallado para que le reduzcan el cobro a cinco mil pesos, ya que por ser extranjera debe pagar más de 16 mil pesos cada seis meses. “En el primer semestre me aprobaron la condonación, el segundo la fui a pedir y no me la aprobaron porque una de las chicas había perdido mis papeles. No pude pagarlos en el segundo semestre, en el tercer semestre expuse mi caso y se han tardado mucho en responder, entonces ya debo 40 mil pesos”.

Navarro señala que luego de un año su madre logró conseguir un empleo fijo y mejor renumerado que los anteriores, pero que aún así les alcanza sólo para lo básico. “Es difícil llegar a otro país y comenzar tu vida desde cero, pero o te quedas a pasar hambre o te vas a otro lado aunque cueste mantenerse, es la razón principal por la que la gente se va de Venezuela. Otro miedo que tenemos es que vayan a modificar la constitución y luego no dejen salir a los venezolanos”. 

En Guadalajara la tratan bien y son amables, aunque Navarro dice que a veces hay personas que sienten que ellos llegan a invadir su territorio. “Éramos un país que cuando otros estaban mal los acogimos, recibimos a todos con cariño, por eso sientes feo que algunos aquí quieran que te vayas porque no venimos a quitarte un lugar”.

La joven no sabe si algún día regresará a Caracas, dice que le gustaría volver para ayudar a que Venezuela salga adelante pero sólo si hay un cambio de régimen. Por lo pronto está segura que quiere terminar sus estudios y si Dios quiere conseguir un empleo.

Afuera terminó la tormenta y en poco tiempo parece que nada ocurrió, como si minutos antes el viento no hubiera estado apunto de tirar un parabús. Antes de volver a la que ahora es su casa, Ana Carolina reflexiona. “En Venezuela hay gente que no tiene medicinas o que padecen cáncer y están decididos a morir porque no tienen cómo curarse. Ponerse a pensar un segundo que si tu estuvieras pasado por la misma situación te gustaría que llegara alguien y te dijera: ‘yo te ayudo, ven, te doy espacio en mi casa’. Para qué ponerte en contra si al final de cuentas somos seres humanos, ¿sólo porque somos de países diferentes?”.

 

Latinoamérica debe mirarse en el espejo de Venezuela: directivo

Ricardo Cueto Gutiérrez

“Todos los pueblos de América Latina deben de mirarse en el espejo de Venezuela, nadie que haya conocido Venezuela podría imaginarse que llegaría a estar así. Vean el espejo de Venezuela y no se dejen embaucar por profetas del desastre”, dice Ricardo Cueto Gutiérrez, director comercial de Grupo Camarena, quien decidió venirse a vivir a Guadalajara en el 2001, cuando el chavismo llevaba tres años en el poder.

El tono autoritario de Hugo Chávez y cuestiones de inseguridad asustaron a su esposa, quien es tapatía. “Ella no se sentía cómoda, segura, visualizábamos desde aquel entonces que se avecinaban problemas para el país y decidimos dar el paso de venirnos a México, yo inmediatamente tuve ofertas de trabajo en una empresa y me desarrollé en el ramo automotriz desde que llegué y hasta el presente”.

Cueto Gutiérrez explica que el pueblo venezolano no estaba acostumbrado a emigrar, y al principio de la crisis principalmente sólo se iban los ricos o la clase media. “Pero hoy emigran a todo el mundo por la violencia, inseguridad, y sobre todo el odio que logró sembrar el régimen dentro de la población”.

El especialista en la industria automotriz detalla que no se trata sólo de una situación económica, sino de la situación política de los últimos 18 años que se ha ido deteriorando los últimos cinco años con la llegada de Nicolás Maduro al poder.  Ya no es solamente del dinero que tengas, sino que lo poco o mucho que ganes no tienes qué comprar con ello, es una situación de carácter humanitario. Cuando un joven se gradúa de la universidad y por ejemplo es periodista, ve que dentro de poco ni los periódicos van a salir porque no hay papel, que los medios poco a poco van a estar todos en manos del gobierno, que definitivamente no hay un futuro para crecer ni él ni sus hijos”.

El directivo recuerda que cada que ha ido a visitar a sus familiares en Venezuela se ha percatado de cómo la situación ha ido empeorando. “Ves cómo el resentimiento social está a flor de piel, uno lo percibe, yo en Caracas me críe, estudié, fui a la universidad, nacieron mis hijos. Yo amo México pero mi tierra es Venezuela, allí nací, dejé el ombligo. Era un país donde se vivía muy bien porque teníamos somos pocos millones de habitantes, unos 30, para repartirse una riqueza que creíamos inacabable pero que este régimen echó por el suelo”.

Cueto acepta que tenían problemas de inseguridad y corrupción, como los que pueden existir ahora en México, pero en Venezuela había fe. “La gente tenía esperanza de poder crecer, ser alguien, recuerdo que había un sistema de becas que se llamaba Gran Mariscal donde venezolanos podían ir a hacer especialidades a las mejores universidades del mundo, pagado por el Estado, y no era un grupo de privilegiados, eran muchísimos”.

Cueto Gutiérrez dice que ahora todos están buscando salir. Cuenta que hace poco su mamá se fue a vivir a Europa ante el problema hospitalario que existe, ya que las medicinas no se pueden conseguir fácilmente. Incluso recuerda que una vez una niña murió en Venezuela porque no pudo conseguir un diurético que en México cuesta 15 pesos. “Aunque vayas al mejor hospital privado del país, el más caro, corremos el riesgo de no conseguir medicinas, insumos. Mi madre es mayor y entendimos que corría peligro si enfermaba”.

Ricardo Cueto se mantiene informado sobre lo que pasa en Venezuela, como la  elección para conformar la Asamblea Nacional Constituyente, que reformaría la constitución de 1999 promulgada por Hugo Chávez. “Nadie quiere que se haga de la manera que se está haciendo que es ilegal, porque la constitución que tenemos dice que primero hay que preguntarle a los venezolanos si quieren o no la Asamblea, pero aquí no se le preguntó al pueblo si quería o no”.

El venezolano sueña con que las cosas mejoren en su país, para poder ir con libertad y ver a sus familiares bien. “Es lo que anhelo y deseo, aunque va a costar la recuperación principalmente en lo social. La Venezuela de antes que un solo pueblo, donde unos podrían tener más educación o dinero que otros pero se respetaban, con mucho que mejorar, pero hoy en día hay una división social enorme, y eso es peor que los problemas económicos”.

El directivo planea seguir en México, donde vive tranquilo pese a los problemas de inseguridad que también existen. “Sí hay violencia pero no a los niveles de Venezuela. Allá a las 9 de la noche se van a su casa, no van al cine, cuando un muchacho sale a un antro los padres tienen el corazón en la garganta, la vida allí vale muy poco, esa es la verdad”.

Fuente http://www.informador.com.mx/internacional/2017/732848/6/en-3-anos-crece-al-doble-el-numero-de-venezolanos-que-llegan-a-jalisco.htm

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