martes , octubre 22 2019
Manuel Angel
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«No creo en nadie, sólo en Venezuela»

Zaki Banna  / @Zaki Banna

No han pasado 6 horas desde que ocurriera la mal llamada “liberación” de Leopoldo López, y desde entonces, he escuchado con bombos y platillos, y en no menos de 45 oportunidades, el anuncio reiterado de tal noticia.

Meses atrás, Luisa Ortega Díaz, jerarca titular del Ministerio Público, decidió pronunciarse en contra del gobierno de turno y, en especial, por los hechos violentos perpetrados en contra de los manifestantes por miembros de la Fuerza Armada Nacional. Luisa Ortega era, por cierto, la misma titular de ese despacho imputador que solicitó al tribunal el encarcelamiento de Leopoldo, por los mismos hechos que para ese momento satanizaba, y por los que hoy aboga.

La Fiscal General de la República –que es como se le llama a quien ostenta la titularidad del Ministerio previamente mencionado-, pareciera haber sido inoculada en las filas opositoras, cosechando la esperanza extraviada entre el descontento, ¿y cómo no? si los dos líderes principales se encuentran inhabilitados y enmudecidos. Por ello, tan pronto se le da cobertura a unas declaraciones de la referida rubia con montura al aire, todos salimos a sintonizar y escuchar con atención.

Si yo fuera un gobierno tiránico, y en mí imperare el deseo de abrazar a Maquiavelo para elaborar mis estrategias, lo primero que consideraría es controlar a la oposición desde su seno, precisamente con alguien que con un poco de esfuerzo pueda resultar confiable por su gallardía y por el riesgo de exponerse en contra de mi gabinete, pero que en secreto me responda a mí.

Por otro lado, el Tribunal Supremo de Justicia se ha lavado la cara, o mejor dicho, nos ha dado jabón y agua para que nosotros mismos le lavemos la cara frente al mundo, precisamente con la noticia que hasta el momento se ha hecho viral en Venezuela, y la cual está por convertirse en tendencia mundial; siendo también que, el titular de ese máximo tribunal, aparece hoy relatado como “quien se avocó sobre el caso Leopoldo, acordándole casa por cárcel como medida humanitaria”.

Primero fue la OEA, que desde una perspectiva internacional exógena no contó con el número necesario de países interesados para atender lo nuestro; y ahora son el Ministerio Público y el TSJ, quienes con nuestra ayuda en la difusión masiva, han generado internacionalmente la perspectiva endógena de que en esta República existe la diversidad política, incluso en el ala oficialista, y que se vela por los derechos humanos desde  tan cuestionado tribunal.

Leopoldo es el símbolo de la calle, e impulsó a las personas a hacerse escuchar desde los espacios públicos, y por ello fue capturado. Las expectativas de su regreso al ruedo siempre han tenido un carácter magno, por lo que enviarlo a casa, cuando ya la gente se encentra en su mayor descontento, servirá para demostrar que las cosas seguirán su curso, y que su presencia afuera de los barrotes no es garantía de un desenlace soñado. Por otro lado, si la lideresa de facto termina siendo privada, sería pensable que es parte del libreto; si en cambio se consolida en una esperada transición, se convertiría en la única posibilidad de tener mano de seda con quienes hoy la alimentan; pero, si termina exiliada, se consagraría como una informante directa desde las entrañas de la facción opositora.

Que perdamos la ingenuidad, mas no el horizonte, porque estamos luciendo como aquellos turistas que, en el trayecto de su excursión, hacen una parada en cada mirador para brindar con algo frío y así tomarse las fotos de rigor.Venezuela necesita mucho más que eso. Por ahora no hay tiempo para celebraciones.

 

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