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Venezuela los acogió, hoy Maduro los ignora

El chavismo adeuda veintiuna mensualidades a 12.000 compatriotas emigrados. Una cuarta parte reside en Galicia, de donde hace décadas partieron con sus padres. Sin ingresos y a su edad, son minoría los que trabajan y crecen los que tienen que recurrir a ayuda y comedores sociales en una etapa de su vida que habían soñado de un modo muy distinto. Así lo relatan

Abraham Coco

El testimonio de tres familias, la de Francisco Javier Salas, la de Antonia Rodríguez y la de Andrés Varenkow, se resume en una paradoja: el país que un día los acogió, hoy los ignora. Ellos mismos o antes sus padres y abuelos encontraron refugio en Venezuela décadas atrás tras abandonar una España de miseria. Ahora, han realizado el viaje a la inversa, casi a la huida de un entorno que cada vez se parece menos a aquel en el que crecieron y donde quemaron etapas de sus vidas, entre ellas muchas jornadas de trabajo. Desde hace casi dos años, el gobierno de Nicolás Maduro no les abona sus pensiones. Cuando deberían disfrutar de su jubilación, algunos se lanzan a abrir sus propios negocios para subsistir, aunque son los más quienes ya no encuentran un empleo por la edad o a quienes la salud se lo impide. En algunos casos, el agua ha sobrepasado el cuello. Y no confían en que el chavismo acuda en su rescate.

Las estadísticas son cambiantes en función de la fuente, pero se estima que hay unos 12.000 emigrantes venezolanos repartidos por el mundo, de los que cerca de 3.000 viven en Galicia. Es el caso de Francisco Javier y su mujer, a los que les está costando olvidar algunos de los males que sufrieron en Caracas. Después de dos asaltos a punta de pistola en casa y un atraco en la calle a plena luz de día, les queda ese deje de acelerar el paso cuando un joven camina detrás de ellos. De la escasez en los supermercados persiste todavía el gesto de coger de dos en dos los productos al hacer la compra en Brión.

Con una prestigiosa carrera profesional a sus espaldas, optó por volver tras dos atracos a punta de pistola en casa y un asalto a plena luz del día

Francisco Javier Salas, de Zaragoza, se estableció en brión en 2015

Causas encadenadas

Tras los 72 años de Francisco Javier está una exitosa trayectoria profesional con puestos de responsabilidad en prestigiosas agencias de comunicación y canales de televisión y años como profesor universitario. Esta doble vocación de periodista y docente la plasma en una charla de hora y media en la redacción de ABC, donde analiza las causas que han colapsado Venezuela y repercutido en el impago de sus pensiones: «miles de empresas han caído en picado tras ser expropiadas»; esto provoca un déficit de producción que a su vez genera corrupción «en una doble dirección». Por un lado, tipos de cambio de divisas disparatados, «donde las reglas del juego cambian constantemente». En función del sistema empleado un dólar puede equivaler a 10 bolívares o a 2.000. Las necesidades de importación se complican. Por otro lado, una carencia de alimentos que deriva en trapicheo con los llamados «bachaqueros». A estos factores se suma la caída del precio del petróleo, principal fuente de ingresos para Venezuela desde el exterior, y que es utilizado, además, «con fines geopolíticos», pues Salas anota que una parte se envía de forma casi gratuita a pequeños países del continente con derecho a voto en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Francisco Javier Salas, de 72 años, que regresó en 2015– Miguel Muñiz

«Podemos gritar en la plaza de la Quintana, pero en Venezuela no se nos oye», lamenta. Así lo hicieron hace una semana, cuando también rezaron en la Catedral de Santiago por la paz en el país por petición del cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas. Salas es natural de Zaragoza, de donde partió antes de los diez años con sus padres. Hace dos y medio decidió salir de Venezuela y volver a España con su mujer tras haber residido por su carrera en Reino Unido, Costa Rica, República Dominicana y Estados Unidos. Ninguno de sus cinco hijos permanece en la actualidad en el país latinoamericano. Sin ingresos en todo este tiempo, los ahorros solo merman. Lo mismo le sucede a otros compañeros de la Asociación de Pensionados y Jubilados de Venezuela en Galicia (Apejuveg), varios de los cuales asistieron el miércoles al pleno del Parlamento donde se aprobó, pese a las reticencias de En Marea y BNG, una iniciativa para instar a la Xunta a realizar gestiones con el Gobierno central para tratar de solucionar su problema. Este colectivo lo preside desde Vigo Andrés Varenkow.

Su esposa y él salieron de Venezuela en 2002, «al predecir por dónde venía el viento». De padres pontevedreses ella y rusos él, encontraron acomodo en la antigua casa familiar. Sus tres hijos también están hoy fuera del país donde nacieron, repartidos por Colombia, Galicia y Madrid. Él trabajó para firmas de éxito y cotizó «suficientes años» allí, que se sumaron a ocho más en España. Sus dos primeras nietas han nacido en la Península. Ahora, con 66 años y sin pensión, reconoce que es «imposible lograr un empleo». Durante algún tiempo siguió viajando de visita a Venezuela, hasta que empezó a ver que «era peligroso» y optó por no volver.

Falta de voluntad

«Hemos tenido muchas reuniones para resolver esta situación. Siempre se nos dijo que era algo temporal, incluso que era un problema con la plataforma, pero después de veintiuna mensualidades impagadas, seguimos sin ningún compromiso», comenta al teléfono Varenkow, que celebra la reacción de las autoridades gallegas y estatales. «Hay gente en situaciones desesperadas y no hay ninguna medida concreta en marcha», advierte. Ante el desdén del gobierno de Maduro, desmiente: «Sabemos que hay menos dinero, pero se trata de prioridades y falta de voluntad». Sus cálculos concluyen que «si durante cinco días se dejaran de enviar a Cuba los 80.000 barriles de petróleo regalados, se pagaría la mensualidad de los emigrados de todo el mundo. Pero ya se ve que es más importante mantener a Castro que a sus compatriotas abuelos».

«Esto es un callejón sin salida. A Maduro le importan un rábano las personas que salieron del país. No le veo arreglo. ¿Cómo se pelea contra un monstruo?»

Antonia Rodríguez dejó Carballeda de Avia de niña. Volvió a Vigo en 2008

Antonia Rodríguez dejó Carballeda de Avia, en Orense, con 7 años. Hoy tiene 62. En 2008 emprendió rumbo a Galicia, como su madre y sus tres hijos. «Entonces comenzaba a haber problemas, pero hoy son 50.000 veces peores. Ya con Chávez había escasez y no teníamos seguridad jurídica», anota. Ante los impagos, y «cuando esperaba otro tipo de vida», ha reconvertido sus aptitudes para la hostelería y se ha atrevido a abrir una tienda de venta de té al desconfiar de una cercana resolución: «Esto es un callejón sin salida. A Maduro le importan un rábano las personas que salieron del país. No le veo arreglo. ¿Cómo se pelea contra un monstruo? Y más desde aquí». Sabe que otros compatriotas retornados «están recurriendo a comedores sociales». «Los mejores años de mi vida fueron en Venezuela. Siento una gran tristeza».

FuenteABC.eshttp://www.abc.es/espana/galicia/abci-venezuela-acogio-maduro-ignora-201705281113_noticia.html

 

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