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Venezuela y la nueva política norteamericana

Sergio Arancibia 

Los diferentes gobiernos norteamericanos a lo largo de los últimos 60 años han ido paulatinamente incrementando la cantidad de mercancías que Estados Unidos compra y vende en el mercado internacional y, consecuentemente, han ido impulsando una creciente liberalización del comercio mundial, como corresponde a quien quiere vender lo más posible al resto de los países del mundo. Algunos gobiernos han avanzado más rápido y otros más lentos, pero todos han seguido más o menos el mismo camino: exportar lo más posible y lograr, por la vía de la imposición, de la presión o de la negociación la mayor apertura posible de los mercados internacionales. Sin embargo, sin perjuicio de esa política – y de todo lo que se pueda decir sobre la potencia y la prepotencia del imperialismo norteamericano – lo cierto es que la presencia comercial de Estados Unidos en el mundo contemporáneo ha ido en continuo descenso en el transcurso de los últimos 60 años.

Cuando termina la Segunda Guerra Mundial y se reestructuran los canales y las normas del comercio internacional, Estados Unidos emerge como el país con mayor poder económico, comercial, financiero y tecnológico en el escenario mundial. Sin embargo, las exportaciones de dicho país representaban en 1948 solo el 21.7 % de las exportaciones mundiales. Cinco años después ese porcentaje había bajado al 18.8 %. En el año 1963, el porcentaje de las exportaciones norteamericanas en el total de las exportaciones mundiales bajó a 14.9%. Diez años después ese nivel se ubicaba en 12.3 %. En 1983 había alcanzado un porcentaje de 11.2%. En 1993 presentó un ligero aumento con respecto a la década anterior y alcanzó un porcentaje de 11.6 %. Pero en el año 2003, ya en el siglo XXI, el peso de Estados Unidos en el comercio internacional se había reducido al 9.8 % de las exportaciones mundiales. Para el 2014 ese porcentaje bajó al 8,8 %.

Podemos decir, por lo tanto, que hoy en día el peso de Estados Unidos en el comercio mundial está en el nivel más bajo de los últimos 60 años. Y por primera vez en las últimas décadas Estados Unidos tiene un presidente que pregona abiertamente que pretende reducir las importaciones norteamericanas y modificar toda la red de acuerdos que han conformado el cuerpo normativo del comercio internacional contemporáneo, de modo de generar no más liberalización comercial, sino más proteccionismo. Si eso lo intentara llevar adelante un país pequeño, de poco peso en el comercio internacional, lo más probable es que no pasaría nada. Pero si lo intenta quien todavía detenta el 8.8 % del comercio internacional, es indudable que el conjunto del sistema se tiene que sentir afectado o trastocado. No tan afectado como cuando Estados Unidos controlaba el 20 % o más del comercio internacional – situación en la cual su poder de imponer, de normar o de influir era extraordinariamente alta – pero lo suficientemente afectado como corresponde ante las acciones de un socio que no es marginal en el comercio mundial. Hay hoy en día otros actores que tienen tanto o más poder comercial que Estados Unidos. La Unión Europea y China, fundamentalmente, y en menor medida, Japón y Rusia, países todos que reaccionarán en defensa de sus intereses. Ellos no tendrán una actitud pasiva o meramente contemplativa de lo que quiera hacer el Sr. Trump, sino que reaccionarán en forma preventiva, defensiva y/o retaliativa. Por lo tanto, estamos a las puertas de una gran modificación de la estructura, de los volúmenes, de las normas, de los canales y de los flujos del comercio internacional contemporáneo.

¿Cómo puede todo eso afectar a Venezuela? Como el comercio exterior venezolano es bastante simple, esa pregunta se responde analizando que puede pasar en el mercado petrolero internacional. Si la política proteccionista del Sr. Trump alcanza también a este mercado – y no hay razones para suponer lo contrario – es dable suponer que Estados Unidos caminará hacia la autosufuciencia petrolera, incentivando la producción interna en desmedro de las importaciones. Eso implica incentivar la producción de los yacimientos petroleros convencionales y potenciar también la producción por la vía del fraking, todo lo cual puede llevar a incrementar la producción mundial de petróleo y a reducir más aún más las exportaciones venezolanas hacia el mercado norteamericano. Eso se suma a la ya consolidada búsqueda internacional de energías no contaminantes y a la difusión de los automóviles eléctricos, todo lo cual puede implicar a mediano plazo un mercado petrolero poco propició para los intereses de Venezuela.

Fuente Tal Cual Digital

http://www.talcualdigital.com/Nota/136348/venezuela-y-la-nueva-politica-norteamericana

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