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Los Pierre: el último caso de emprendedores españoles de éxito

Son jóvenes. Son primos. Son emprendedores. Son los Pierre. Y quieren comerse el mundo. Ambos tienen esa media sonrisa del emprendedor que sabe que tiene éxito. Esa mirada inquieta. Y buena labia en varios idiomas. Uno estudió ingeniería aeronáutica. El otro ejerció de auditor en la multinacional PwC. Pero dejaron sus trabajos porque «se aburrían» y, si de pequeños eran compañeros de travesuras, ahora se pican para ver cuál de sus empresas crece más rápido.

De la cabeza del mayor, Carlos (26 años), nació Badi, el Tinder de los pisos compartidos. De la de Óscar (24 años), Glovo, la app de los Recados 2.0.

Ambos nos esperan en los bajos del número 85 del Carrer Pallars, en Barcelona. Estamos en las oficinas de Glovo, donde Óscar y su equipo de 60 chavales trabajan en una aplicación que permite comprar cualquier tipo de producto y recibirlo en casa en menos de una hora. Más de 100.000 personas ya lo han usado en Madrid, Valencia, Barcelona, París o Milán.

Carlos llega a la oficina en moto. Su proyecto, Badi, conecta a personas que ofrecen habitaciones en alquiler con aquellas que las buscan. Todo de manera más humana que las webs convencionales. De su funcionamiento se encargan 22 trabajadores con una media de 28 años. Ya la han usado 260.000 usuarios y, en 2015, fue elegida la mejor aplicación española por la plataforma The App Date.

Los Pierre se sientan en uno de los bancos de madera de oficina de Glovo. Se parecen físicamente. Dentro de su burbuja emprendedora dicen que es fundamental el «buenrollismo» laboral. Ellos lo saben y lo practican.

 ¿Qué aconsejáis a los nuevos emprendedores?

Lo primero, que emprender no es para todo el mundo. Hay que tener inquietudes, ser inconformista, tener ganas de crear algo novedoso que va a ser usado. Y lo más fácil es hacerlo cuando vives en casa de tus padres.

Óscar Pierre empezó a estudiar Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Politécnica de Barcelona. «No me gustaba el sistema educativo y me fui a Atlanta (EEUU) a terminar la carrera. Allí empecé a trabajar en Airbus. Pero descubrí que lo que realmente me interesaba era emprender».

Por eso, volvió a Barcelona. Su misión: crear su propia empresa. «Glovo surgió de la idea de lo pesadas que son las grandes ciudades y lo poco accesibles que son muchos productos», dice. «Gracias a nosotros, tú necesitas una cosa, la que sea, y la tienes en tu casa en menos de una hora».

Lo comprobamos encargando una caja de ibuprofeno de 600 mg para pasar la resaca navideña en Madrid. Al cabo de 25 minutos, llega con el pedido un tipo montado en una scooter con el logo de Glovo en el maletero. El suplemento es de dos euros y medio.

¿Cuál es vuestro pedido más loco?

Hay cosas muy graciosas cuando se acerca la medianoche… -contesta Óscar-. La sección erótica está bastante activa. También cosas muy frikis, como un tío que iba a cruzar de Barcelona a Mallorca en moto de agua y se le rompió la batería. Nos pidió comprársela en una tienda muy específica e ir a dársela al puerto. Y en Navidades íbamos a El Corte Inglés a comprar los videojuegos para los regalos de los niños.

Eso sí, el 40% de sus pedidos son a restaurantes. Para el reparto, Óscar cuenta con 750 glovers (repartidores) que hacen unos 100 pedidos al mes. La empresa les da de alta como autónomos, les cubre el kilometraje y se llevan entre dos y cuatro euros de comisión por cada pedido, aunque son ellos quienes ponen el medio de transporte, ya sea moto o bicicleta. La empresa, que tiene una amplia red de colaboración con supermercados, restaurantes, joyerías y floristerías, se lleva entre un 10 y un 40% del precio de venta del producto. «Tenemos 100.000 pedidos al mes y esperamos facturar este año entre 35 y 40 millones», asegura Óscar.

Su primo Carlos confiesa que usa Glovo todas las semanas para pedir comida. Estudió Administración y Dirección de Empresas y al terminar, con 23 años, empezó a trabajar en la prestigiosa PriceWaterhouseCoopers (PwC). «Entonces vi cómo mi primo empezaba con Glovo y decidí seguir sus pasos».

La idea de Badi le surgió mientras buscaba un piso compartido en Barcelona: «Leí un blog de una chica norteamericana que había colgado el anuncio de su piso en Tinder y en dos días ya había encontrado a su compañero perfecto al que alquilar una habitación. Me di cuenta de que nos faltaba un sistema que nos ayudase a encontrar piso de forma más personal. Conociendo a las personas con las que vas a vivir y hablando con ellas instantáneamente, sin intermediarios. Eso es Badi».

En resumen: una plataforma móvil para encontrar compañeros de piso según tus afinidades en el menor tiempo posible. La probamos buscando habitaciones en el centro de Madrid y vemos como, por ejemplo, un chico llamado Rubens -trabajador, no fumador, sociable, ordenado y fiestero- alquila una por 600 euros. «El 15% de las interacciones entre los usuarios acaban en éxito. Y tenemos 1.200 al día», dice Carlos.

Carlos todavía no cobra ninguna comisión por usar la aplicación. «Ahora funcionamos en casi toda España, pero la idea es que en poco tiempo nos expandamos por las principales ciudades europeas y ya monetizar la app», explica este empresario que prepara la versión web.

Son emprendedores. Son primos. Son jóvenes. Son los Pierre.

Fuente El Mundo

http://www.elmundo.es/papel/lideres/2017/01/24/58872c22e2704e616b8b4598.html

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