miércoles , noviembre 13 2019
Anis Cartujo
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Alerta por estafas a venezolanos en España

Migdalia, una joven  venezolana, emprendedora, fue a España hacer negocios, el día 28 de noviembre del 2016, y   se metió en una deuda de 26.000 euros con el fisco español, dos multas que superan los 5.000 euros cada una, prestaciones y salarios caídos por importe de 15.000 euros, inventario y proveedores con facturas pendientes rondando los dramáticos 50.000 euros y pare usted de contar. También, en el transcurso de este periodo esta mamá y pilar de sus hijos fue adquiriendo obligaciones privadas como de automóvil, casa y comida. Deudas diarias, consumos de su vida y la de sus hijos. El negocio nunca dio sus frutos.

Desde el día primero Migdalia notó que algunas cosas “no cuadraban”. Las luces se apagaban a intervalos, la cocina no parecía tener salida de humos, el proveedor de cerveza le mencionó algo de una deuda del anterior dueño “porque en esta calle la cosa está muy chunga, hay muy poco cliente”, los camareros contratados le comentaban que la máquina lavavajillas “era una mierda, no lava y fuga” y que “La barra está mal hecha. Esto así no sirve para los sifones, se bota cerveza y se empapa todo” y muchas otras cosas así. La venezolana, preñada de emprendimiento, desestimó todas las alertas y pensó que se debía a que los españoles “Viven muy cómodos, ya no quiere arriesgarse, no quieren trabajar”. La realidad era otra.

En el caso de la Sra. Díaz la franquicia era un conocido, y en teoría popular, restaurante/bar de tapas que ofrece una experiencia de tapeo “vasca” a precios de McDonald. La propuesta de los apoderados detrás de esta franquicia es sencilla “Esto es infalible, todo te lo damos ya hecho. El estudio de mercado, las instalaciones del local, toda la permisología, la estructura de costos, nosotros somos los proveedores del producto, hasta el personal te lo podemos entrenar si lo quieres” La realidad es muy diferente.

En los últimos años en España se ha desatado el furor de venderle franquicias a los extranjeros. En especial a los Venezolanos. Franquicias que van desde lavanderías, tiendas de call-center, restaurantes y locales de comida rápida, hasta academias de idiomas y pare usted de contar. Todos estos negocios se publicitan bajo la misma premisa “Esto es infalible”. Los vendedores de estas franquicias, y los apoderados que representan, aparecen en congresos, dan conferencias, hacen reuniones “informativas” y sobre todo, pescan potenciales clientes en las redes sociales. En especial potenciales clientes atormentados por la idea de cambiar de vida. Cuando la víctima está desesperada, cualquier espejito se puede cambiar por oro.

La estrategia de ventas de estas franquicias tóxicas es la de saturar al interesado con cifras, números, datos. Mostrar interminables estructuras de costos que siempre, siempre, arrojan un balance positivo. Asegurar que existe un riesgo, claro que sí, pero “es mínimo” para rematar luego con la excusa preventiva “Si esto no le funciona, es porque usted no lo supo hacer”. El modelo de negocio se presenta, con claridad, como una apuesta segura que “una vez que está rodando ya va produciendo por cuenta propia”.

La realidad está en que muchas de estas franquicias ni son remotamente rentables para el franquiciado, ni están bien montadas a nivel de infraestructura, ni posee toda la permisología que deberían, ni sus estructuras de costos son las reales.

El inmigrante criollo viene con aspiraciones y sueños que otros hermanos latinoamericanos, más conscientes de la realidad, no tienen. Los colombianos, hondureños, ecuatorianos y bolivianos, por nombrar algunos, llegan a España claros de que vienen a trabajar y a ahorrar. Que su inmigración es transitoria. Que vienen de empleados y que se irán luego de “Hacer las Españas” de vuelta a sus países de origen para vivir con sus familias en una condición mucho mejor.

El venezolano normalmente llega a España a quedarse, no hay una posibilidad de regresar para él. Se equivoca al pensar que puede adquirir en muy poco tiempo la posición que siempre tuvo o quiso tener. Los criollos llegan a una parte y desean lo mejor, en cambio, todos los demás: bolivianos, colombianos, peruanos, argentinos y chileno saben que deben trabajar duro, hacer dinero, regresar a su país, saberlo administrar,  quedarse en su país y con el tiempo volver.

-Los nombres de este artículo son ficticios, las ubicaciones también. Las historias no, son reales.

Fuente Vzla vamos

http://vamosvzla.com/estafan-a-los-venezolanos-en-espana/

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