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Irse de Venezuela: La Verdad Sobre Emigrar

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Por Yorliana Cañas

A lo largo de nuestras vidas hemos estado rodeados de aquellas personas que hemos querido, nuestros padres, familia y amigos. Siempre juntos en un ciclo constante de recuerdos y momentos que hemos compartido a lo largo de los años y en diferentes ocasiones, como un cumpleaños u una boda o simplemente un típico fin de semana donde el mejor plan se arma sin haberlo planeado; un plan que consiste en reunirse en casa con amigos y familia preparar una deliciosa comida, y como no, tomarse unas copas. Sin razón ni motivo aparente más que las ganas de compartir y pasarlo de fábula en un bello día soleado de un sábado con nuestros seres queridos.

Todas esas cosas conforman un importante conjunto de elementos que sin duda alguna echaremos de menos si un día debemos tomar la decisión de irnos de nuestro país de origen. Y es que emigrar no es una tarea para nada fácil y menos aun siendo de un país como Venezuela cuya población lleva la alegría, la fiesta y la unión en las venas; ¿pero qué pasa cuando nos llega el día de tomar dicha decisión? Pasa que nos rompe el alma, pues llevamos tatuado el nombre y el calor de nuestro país en la piel, muchos creen que tomamos este tipo de decisiones a la ligera pero a menudo ignoran las razones que nos llevaron al borde de un abismo donde tuvimos que decidir entre el amor por nuestra tierra o nuestra propia vida. Si colocamos en una balanza esos dos factores creo que no hace falta que diga hacia qué lado se inclinara más, las cosas caen por su propio peso.

Pero no por eso deja de ser duro ni menos doloroso y menos aun dejando atrás toda una vida de trabajo, sacrificios, ahorros y esfuerzo para que todo eso se reduzca a un cheque con unos cuantos ceros que te permitirán comprar los boletos con fecha más cercana que te sacaran volando de aquella miseria en la que puedas estar viviendo. Se dice fácil pero hacerlo no lo es, requiere de energía y mucha fuerza de voluntad para dejar ir todas esas cosas por las que tanto luchaste, no es tanto el valor material sino el sentimental aunque sea un simple jarrón, pero fue un jarrón que para poder comprarlo tuviste que ahorrar bastante y ahora de repente tienes que renunciar a él porque vives bajo un sistema gubernamental que cada día hunde más el país en la miseria y que para más en colmo culpa a terceros de todas esas desgracias.

Te encuentras de repente vendiendo tu casa, tu coche y renunciando a tu trabajo para escapar de aquel lugar porque el sueldo que antes te daba para llevar una vida de buena calidad ahora no te alcanza ni para comer, ni vestirte ni gozar de servicios sanitarios que tan primordiales son para la vida. La rabia, la tristeza, la decepción y la zozobra de no saber si mañana tendrás para darles un plato de comida a tus hijos, a tu esposa o esposo y a ti mismo  y el hecho de salir a la calle con el nombre de Dios en la boca porque no sabes en qué momento se te acerquen para robarte, el hecho de no saber si regreses a casa ese día es lo que te lleva a meter toda tu vida en una maleta, tomar a tu familia y coger el primer avión que encuentres en la fecha más cercana posible a cualquier lugar donde puedas estar tranquilo y en paz.

Esas son las verdaderas razones por las cuales cada día mas venezolanos están escapando y llegando a lugares tan recónditos en los cuales nunca imaginaron estar. No es como la mayoría cree, que nos vamos porque queremos volvernos ricos en otro país o porque tenemos suficiente dinero como para empezar de nuevo en otro lado, y no, esa no es la realidad. La realidad es que al aterrizar en otro país te sientes tan perdido como la primera vez que vas al colegio, desorientado y sin idea de que hacer o por donde moverte. En el primer instante en el que abres la boca y dices que eres de Venezuela la discriminación que te hacen sentir es tan punzante que te sientes ahogado por el gran nudo que se forma en tu garganta e inmediatamente no puedes evitar preguntarte si es que te equivocaste de destino o de decisión. Llegamos con un montón de maletas que además de ropa también están llenas de sueños y esperanzas, de ilusiones de poder encontrar de nuevo una vida tranquila, de poder conseguir todo aquello que dejamos de tener de la noche a la mañana pero todos esos sueños de esfuman cuando la realidad de golpea tan fuerte que  de repente te ves tirado en una esquina hecho un ovillo sin saber qué hacer ni a donde ir. Primero debemos afrontar el hecho de que siendo emigrante venezolano jamás podremos conseguir empleo a menos que poseas un permiso de trabajo, el cual solo se puede obtener de dos maneras: casarte con una persona nativa del país a donde te has ido para luego de un tiempo poder optar por la nacionalidad o bien sea por arraigo social.

Estaúltima opción conlleva una serie de pasos y situaciones que debes soportar si quieres establecerte  debidamente, no es tan fácil como tal vez puedas creer ya que puede tomarte mucho tiempo, incluso años lograrlo por lo cual requiere mucha paciencia, esfuerzo y dedicación. También debemos afrontar el hecho de que no a todos les simpatizas por ser de Venezuela, es una tarea sumamente ardua hacer amistades, naturalmente, también conseguirás personas que te tenderán la mano y que querrán ayudarte de todas las maneras posibles, si tienes suerte, las encontraras. Tampoco es como muchos dicen, que a los tres meses de irse del país ya tienen trabajo, coche, piso y IPhone 6, son mentiras que crean para tapar la triste realidad que se debe encarar día con día, son carencias que no dejamos ver a los demás por temor de burla, o  peor, de lastima, así que optamos por dibujar la mejor sonrisa en nuestras caras y dejarle creer al mundo que estamos bien.

Día a día se nos hace inevitable cuestionarnos sobre la decisión que hemos tomado, nos castigamos continuamente por habernos dejado seducir por la idea de empezar de nuevo en otro país, y si, se llega a un punto en el cual te arrepientes de haberte ido. Emigrar es todo un proceso que se compone de tres etapas y la mejor manera de explicarlas es la siguiente: pre-guerra, guerra y post-guerra.

Pre-guerra: es el inicio de fase donde albergamos todas nuestras esperanzas e ilusiones, donde llenamos nuestras maletas de miedos, dudas y sueños. El momento donde saboreamos la dulce perspectiva de nuestro nuevo comienzo.

Guerra: Es aquel momento donde la realidad nos arroya como si de un tren de cargas se tratara, donde nos damos cuenta de que nuestra dulce perspectiva está a años luz de la realidad. Nos sentimos como si nos usaran  de perita de boxeo y no pudiéramos defendernos, también es un momento de depresión y mucho arrepentimiento. Es el momento más crítico de todo el proceso emigratorio en el cual debemos reunir todas las fuerzas y el valor que nos sea posible para salir a flote en un océano de decepciones y complicaciones.

Post-guerra: para llegar a esta fase debemos pasar por una serie de acontecimientos desafortunados que nos deja como pez fuera del agua pero una vez que llegamos aquí es cuando finalmente luego de tantas lagrimas podemos reírnos de todas las desgracias que nos hicieron más fuertes y valientes. Es el momento donde ya hemos alcanzado nuestras metas, puede llevar tiempo, quizás un par de años, pero se logran y una vez logradas sentiremos que todo el esfuerzo y sacrifico valió completamente la pena.

Porque la verdad es que el venezolano siempre fue como un niño mimado al cual nunca nada le falto, pero ese niño tuvo que crecer y afrontar realidades y situaciones para las cuales no estuvo preparado, pero en nuestro ADN corre el luchar y no darse por  vencidos y día a día demostramos que si podemos triunfar aun en las situaciones más difíciles y en los momentos más oscuros. Y aunque estemos a miles de kilómetros de nuestras tierras siempre llevaremos a Venezuela en la medula, en nuestra piel y nuestros corazones.

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