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¿Cómo decirle que se quede en Venezuela?

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Por Caterina Valentino

Antes, en Venezuela, un joven abandonaba su casa porque se casaba o decidía independizarse. Hoy la realidad es abrumadoramente distinta. “¿Después de estudiar tanto, después de trabajar tanto, cuándo crees que podré comprarme un carro propio? ¿Cuándo mi propia casa?”. “Ni siquiera consigo lo que necesito para vivir”. “Ya no se puede ni salir”.  “Nos han robado todo. Hasta la libertad”.  Algunas de las frases lapidarias a las que una optimista como yo no consigue darle respuesta. No logro los porqués necesarios. A cada joven, no sé cómo decirle que se quede.

Son muchos los obstáculos que ha tenido que sortear nuestra juventud en estos últimos 17 años. Las universidades están prácticamente asfixiadas. Con la intención de intervenirlas o ejercer sobre ellas control político, no se le hacen llegar los recursos necesarios. No existe ya un programa nacional de becas como en otrora y dólares preferenciales NO HAY. Y ni hablar de nuestros estudiantes venezolanos en el exterior que se han quedado a la deriva porque ya no existe la ayuda desde acá. ¡Prefiero limpiar baños en otro país y empezar así, pero sé que aseguraré mi futuro! Son algunas de las expresiones que se escuchan a diario. Las citas para apostillar documentos están copadas este año. Es un efecto cascada. El que ve lo que hace el que se está graduando toma nota se pone en sus zapatos y dice, nada que hacer aquí. Qué pena y qué dolor para esta Venezuela que se queda sin relevo.

En foros que he realizado en algunas universidades del país, me consigo con estos cuatro grandes accionadores para la emigración. 1. Ausencia de libertades y la impunidad. 2. Dificultades para el crecimiento económico y personal. 3. Escasez y Desabastecimiento del que no escapa nadie y el más importante: 4. La inseguridad. “Es que uno sale y no sabe si va a llegar a la casa, o lo van a matar”, me dice un joven pasante mientras, en la radio,  chequeamos las noticias. Este es el punto más álgido en nuestra Venezuela de hoy. En una entrevista me decía el  abogado y criminólogo, Fermín Mármol García que el «primitivismo» que sufre la sociedad venezolana no tiene precedentes, «esto nos aleja del progreso, del bienestar colectivo”. “Esta es la siembra de 17 años donde no se erigió una conducta desde el poder de hermandad, solidaridad y respeto a la ley”, aseguró. “Nos hemos irrespetado, nos hemos tratado como enemigos hasta en cadena nacional y eso ha hecho mucho daño a la sociedad», aseveró.Según el experto «no en vano Venezuela es el país más corrupto del planeta tierra y eso impacta en la sociedad. Lo lamentable de esto es que hemos desarmado a las fuerzas policiales”.

Entre tanto, el presidente Nicolás Maduro negó que la juventud venezolana esté abandonando el país para buscar oportunidades de progreso en otros países y atribuyó esa información a una campaña orquestada por “la derecha maltrecha”. No. No es una campaña Señor Presidente. Vaya a Maiquetía cualquier día de la semana y verá a familias enteras  despidiéndose de sus muchachos  con llanto porque no saben si se volverán a ver. No es un invento las cifras y solicitudes que reciben a diario las embajadas de todo el país. O la deserción estudiantil. Ojalá se tratara solo de una campaña mediática.Sería todo más fácil de reconstruir.

Los destinos que más reciben a nuestros conciudadanos son,  Estados Unidos “el país de las oportunidades”;  España,  por su parte, es un gran destino académico;  y cada día más,  se escogen Canadá y Australia, “por ser naciones abiertas a la inmigración con calidad de vida y seguridad personal”,  según los expertos. Ni hablar de los países hermanos fronterizos. Colombia, por ejemplo,  ha recibido un gran número de venezolanos.

Es triste,  pero nadie que tenga sentido común le puede decir a un joven “quédate aquí”. Se pierden los años más productivos, los mejores,  cuando no se pierde la vida. Por cierto que esta semana generó indignación la muerte de un chef pastelero de 26 años que iba en una buseta a Petare (zona popular de Venezuela) y fue asesinado por el hampa. No hay distingo de ningún tipo. No te preguntan si eres chavista o no. La inseguridad no pregunta. Ataca a mansalva y ya.

¿Qué nos queda?…a los que nos quedamos. Más que seguir luchando;  hacer nuestro un deber ineludible: Lograr un país distinto, con estabilidad y firmeza. Dibujar una nueva geografía toda, que abra los brazos a la esperanza y que sea lo suficientemente atractiva para que nuestro futuro desee emigrar dos veces. Cuando se fue y  cuando ha de volver. Trabajemos, pues,  porque llegue pronto esa Venezuela que una vez fue, hecha legítimamente de democracia y libertad.

Fuente El Nacional

http://www.el-nacional.com/caterina_valentino/decirle-quede_0_938906101.html

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