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Santa Elena de Uairén, la única ciudad de Venezuela donde no existe la escasez

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“No importa cuánto es, lo que quiero es que me pongas todo en el camión”.

El hombre corre por el abasto. Con una bolsa de mercado llena de billetes apura a un joven chino para que le coloque pacas de arroz, pañales y pasta en la plataforma de un Tritón. Luego de la faena, el muchacho cuenta la montaña de dinero recibida con una máquina contadora, como la que hay en los bancos. El sujeto parte rápido con la mercancía hacia un lugar desconocido de la sabana.

Santa Elena de Uairén, la última ciudad del sureste venezolano de cara a Brasil, escapa en buena parte del socialismo salvaje. En el poblado donde confluyen mineros, contrabandistas de combustible, indígenas y citadinos que se instalaron ante la belleza de la Gran Sabana, se vive una realidad paralela a la del resto del país, ilustra el reportaje de El Estímulo. 

Hay pan en las panaderías, cauchos en las caucheras. Abundan pañales de diferentes marcas y tamaños. Igual pasa con el champú, las toallas sanitarias, el papel tualé, el jabón de baño y de lavar; la harina de maíz, el café, la mayonesa, la salsa de tomate, el aceite de soya o el arroz.

Entre San Félix y Santa Elena de Uairén hay 20 alcabalas militares donde se supone revisan alimentos y productos regulados que van hacia el sur del estado Bolívar. Sin embargo, todos los insumos que no se ven desde hace años en ciudades como Maracay, Barquisimeto, Caracas o Puerto Ordaz se encuentran a precios inflados en este poblado de casi 30.000 habitantes.

– Todo a precio de “bachaqueo” –

Las colas, los saqueos, los llamados “bachaqueros” y las compras por números de cédula son vistas por sus habitantes como postales de una catástrofe que está pasando “en la ciudad”. Pero la tranquilidad de vivir en una economía sin esquizofrenia se paga caro. En Santa Elena los precios de los productos cuestan lo mismo que impone cualquier revendedor del resto de Venezuela.

Muchos explican el porqué de los infartantes costos: servir como centro de acopio a los campamentos mineros, depender a los vaivenes de la economía de Brasil y estar en el país con la mayor inflación del planeta son algunas de las causas que colocan a los productos en lo más alto de un Tepuy.

Un kilo de arroz cuesta mil bolívares; uno de azúcar proveniente de Brasil 1.100 bolívares; una pastilla de jabón Protex cuesta 800 bolívares, aunque su “precio justo” marca 16 bolívares. Cuatro rollos de papel tualé están en 1.650 bolívares, mientras un paquete de 48 pañales de marcas Huggies o Pampers ronda los 7.400 bolívares.

Un champú anticaspa Head & Shoulder cuesta 2.000 bolívares, pero marca 36 bolívares en el envase. También se observan en los anaqueles marcas que estaban prácticamente desaparecidas en la mente del consumidor. Un litro de desinfectante Mistolín con la etiqueta “hecho en socialismo” cuesta 800 bolívares. En tanto, medio kilo de Café Madrid, 2.400 bolívares.

Fuente: Siente América

http://www.sienteamerica.com/posts/19503-santa-elena-de-uairen-la-unica-ciudad-de-venezuela-donde-no-existe-la-escasez

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