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¿Qué presidentes venezolanos fallecieron en el siglo XX?

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Luis Leopoldo Montaño y Ana Reyes escogieron casarse el sábado 5 de abril de 1969. No hubo contratiempos, nadie se atravesó en la puerta de la iglesia Santísima Trinidad de Macarapana, en Carúpano, a proclamar su objeción a la unión ante Dios. Hubo arroz sobre los nuevos esposos, vestido blanco y huevos de codorniz con salsa rosada. Música no. Debieron apagarla, porque a la fiesta se presentó una comisión militar que exigía respetar el decreto de duelo nacional, de tres días, firmado por el presidente Rafael Caldera. Esa mañana había muerto Rómulo Gallegos.

A Caldera, hombre tan cercano al protocolo y a las fórmulas eclesiales, le tocó encabezar, en su primer gobierno, las exequias de honor a tres expresidentes de la República: Gallegos, apenas estrenándose en Miraflores; su antecesor, Raúl Leoni, muerto el 5 de Julio (día de la Firma del Acta de la Independencia de 1972), y el general en Jefe Eleazar López Contreras, quien se despidió de la vida terrena el 2 de enero de 1973.

La vandalización a las tumbas de los expresidentes Gallegos y Medina Angarita, ponen en perspectiva las cifras de exjefes de Estado fallecidos durante el siglo XX: ocho, incluyendo uno que no murió por causas naturales sino en el único magnicidio consumado en la historia del país: el del contraalmirante Carlos Delgado Chalbaud, el 13 de noviembre de 1950.

Después de la muerte de Juan Vicente Gómez, el 17 de diciembre de 1935; el entierro de Estado que siguió fue ese, el de Delgado. Tres años después, el 15 de septiembre de 1953, moría en Caracas el general Isaías Medina Angarita: hace 63 años. Lo aquejaron dolencias cardiovasculares en Estados Unidos, donde cumplía forzado exilio desde el golpe de Estado que lo depuso el 18 de octubre de 1945: pidió permiso para regresar a Caracas, y allí murió.

Diecinueve años después, el primer venezolano electo presidente por votación popular moría en Caracas. Rómulo Gallegos Freire, quien de paso es el más universal de los novelistas venezolanos, recibió honores en el Congreso Nacional, y cientos de caraqueños fueron a verlo, por última vez, en el Salón Elíptico. Era el 5 de abril de 1969.

Tres años después, se despedía Raúl Leoni Otero, el segundo presidente de la era democrática, igualmente, tres años después de entregar la jefatura del Estado. Y, apenas seis meses más tarde, el protocolo fúnebre volvía al salón Elíptico: moría López Contreras.

Ocho años transcurrieron entonces para que Caracas asistiera a otro velorio de un personaje de peso histórico. Rómulo Betancourt murió en Nueva York, el 28 de septiembre de 1981. Una inmensa masa de caraqueños recorrió los 20 kilómetros que separan el Palacio Federal Legislativo, en el centro de Caracas, hasta el Cementerio del Este, en La Guairita, el camposanto que se estrenó con Leoni, como última morada de los jefes de Estado.

 Otros dos jefes de Estado fallecieron en el siglo XX pero, como su trascendencia no fue tan acentuada como presidentes, sus sepelios no alcanzaron la difusión de los anteriores: Edgar Sanabria, presidente de la Junta Cívico Militar de Gobierno en 1959, fallecido en Caracas el 24 de abril de 1989; y Germán Suárez Flamerich, presidente provisional de Venezuela de 1950 a 1952, fallecido también en la capital, el 24 de junio de 1990.

Fuente: Panorama

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