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¿Se te quedó algún papel? ¿Llevas los dólares bien guardados?

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Por: María José García Zambrano

Su nombre es Mariana Anillo, pude leer su relato y decidí pedirle autorización para compartirlo, en el mismo Mariana llena de profunda tristeza nos cuenta que hace una semana regresó de una visita a su tierra, Venezuela, una visita relámpago que tenía como propósito la renovación de su pasaporte.

Llena de miedos, emociones encontradas pero encomendada a Dios, Mariana  tomó la difícil decisión de hacer sus maletas y emprender el viaje con destino a la tierra que la vio nacer, la tierra del araguaney, del turpial, de la gente alegre, la tierra de Bolívar, la tierra tricolor con estrellas, esa donde vivió sus mejores años, esa donde jamás imaginó debía abandonar.

Aterrizó en el aeropuerto internacional de Maiquetía a las 2:30am, aún dentro del avión escuchó a una señora al fondo decir “los que suben a Caracas a esta hora que Dios los guarde y lo que se quedan en el aeropuerto, también”.

Vaya recibimiento, desde ese preciso instante Mariana sabía que la visita no sería color de rosas, al irse del país sus maletas se fueron cargadas de una vida resumida en equipaje, de sueños y la esperanza de algún día poder regresar, Mariana jamás imaginó que en una visita corta de 5 días su maleta vendría cargada de medicinas, ropa que no utilizaba, café y lentejas. Todavía en Maiquetía, Mariana pasa por un oficial de seguridad quien le preguntó ¿Por qué tantas maletas? Lo único que se le ocurrió decir fue “Vengo de visita”, amablemente el oficial le dijo “Bienvenida a su país” frase esta que causó emociones cargadas de nostalgia y a la vez de temor, temor de que al salir de allí fuese víctima de algún robo, o peor aún, víctima de un secuestro.

En esa misma madrugada tomó rumbo a la ciudad de Caracas. El chofer le dijo que trabajaba a esas horas encomendado a Dios y por necesidad.

Visitar a su familia le emocionaba enormemente, sin embargo, en el camino vio cómo le robaban la moto a un señor que ni se resistió – sólo se dio la media vuelta y salió caminando en la autopista, a escasos metros unos policías que se hicieron de la vista gorda, ante tal hecho y al observar su expresión su padre le dijo “Cálmate eso es el pan nuestro de cada día”.

Al estar reunida con su familia, vio como todos comenzaron a regalarse entre ellos mismos un desodorante, una bolsa de café, arroz (se lo trajo una tía que estuvo en Argentina), jabón de lavar ropa y ellos felices como si todo fuera un súper regalo, Mariana solo pensaba “hasta dónde hemos llegado”.

Mariana aprovechó la oportunidad para ver a sus amigos, los pocos que quedan aquí, no era fácil iniciar una conversación y ver sus expresiones de descontento y preocupación, luego, cuando creía que lo había visto todo, vio que había un supermercado sin colas, y en ese instante pensó que entonces todo se trataba de una exageración mediática, que en realidad no estamos tan mal, pero fue allí cuando su madre le dijo “vamos y vélo con tus propios ojos”, luego de esa frase y de ingresar al supermercado Mariana lloró de angustia y desesperación, vio que la cola la hacen dentro del supermercado, la cola daba vueltas y vueltas allí dentro, y que muchas de las personas lo que tenían eran solo dos envases de mayonesa, por solamente dos envases vio a una señora mayor, como de +75 años haciendo su cola sin tener ninguna prioridad. Al ver esa señora no aguantó más y con lagrimas en los ojos habló en voz alta “¿Cómo es posible que esto esté pasando? Es inhumano lo que están haciendo! Que te pasó Venezuela?”, y en ese instante su papá le respondió “Cállate que te van a llevar presa, tú estás loca!”

Luego de 5 días le llegó la hora de regresar. Después de encontrar ese desastre, un país sin ley donde reina la anarquía, la miseria, él hambre y la inseguridad, lo que queda es tomar foto oficial de la partida: El piso del aeropuerto. Ese piso es una obra de arte espectacular, creado por el artista plástico cinético Cruz D. Pero mientras estaba ahí, parada en ese piso, lo que sintió fue profundo dolor y decepción, vio a padres despedir a sus hijos buscado un destino mejor, lejos de su tierra, lejos de su familia y seguro preguntándose si algún día lo volverán a ver.

…..”Me llamas al llegar”. “Nos vemos en un mes”. “No llores vale”.

Su nombre es Yenitza Rivas, otra de las tantas personas que en pocas frases nos describe lo que TODOS los Venezolanos hemos vivido, el tener que resumir una vida en dos maletas o ver partir a algún ser querido por Cruz Diez sin saber cuándo regresará.

“Ya sabes, ¡no te olvides de traerme lo que te pedí!”. “Me llamas al llegar”. “Nos vemos en un mes”. “No llores vale”. Esas frases tan comunes han ido siendo sustituidas por abrazos interminables en la puerta de inmigración, por silencios y llantos que gritan verdades como “No quiero que te vayas, pero es lo mejor”. “Nos vemos pronto, haré lo posible para visitarte”.

Y nunca falta la inocente pregunta infantil, ¿Cuándo vienes? ¿Vas a durar mucho allá? A lo que los adultos responden con un indulgente ¡Pronto, ya vas a ver! Cuando la verdad es que nadie sabe exactamente qué cantidad de días, meses o años tendrían que pasar para ver cara a cara a esa persona que nostálgica aprieta contra el pecho sus documentos antes de marcharse.

Complicidad, ojos aguarapados. ¿No se te quedó ningún papel? ¿Llevas los dólares bien guardados? Muchas maletas y pocas ganas de dejar a los seres queridos. Pocas palabras y demasiadas miradas, evasivas y quebrantadas, de padres que ven a sus hijos partir, de hermanos, amigos, primos que se deciden por desplazarse a otras tierras.

Múltiples son los destinos y uno sólo el anhelo: “surgir” en el amplio sentido de la palabra. Progresar profesional y académicamente, lo que para muchos sociólogos y expertos se convierte no sólo en una fuga de cerebros, sino en una tristeza muda que emana de las paredes de una Venezuela herida, que se desangra ante la partida de los hijos que vio nacer.

Porque nadie puede quitarte lo que tienes en la mente y en el corazón, ser mejores cada día y, hay lugares hostiles para dicho crecimiento. Especialmente para generaciones jóvenes que deciden echar raíces fuera, porque el oxígeno se ha vuelto irrespirable, el abono tóxico, el agua dañina.

Padres besando a sus hijos, poniéndole escapularios, echándole la bendición, apretando los labios y conteniendo las lágrimas abundan en cada esquina de Maiquetía.

Fuente: Club debate

http://www.clubdebate.com/se-te-quedo-algun-papel-llevas-lo-dolares-bien-guardados/

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