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Desde China y Venezuela: dos restaurantes auténticos

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Nuestro cronista culinario visita La Cuchara y Casa Lafu: dos restaurantes ‘étnicos’ que se afianzan en Madrid

Perdonen que empecemos en plan Pero Grullo: hace 50 años, cuando en Madrid vivían muy poquitos italianos y casi ningún chino, los restaurantes italianos y chinos de nuestra región eran considerablemente menos auténticos que ahora, cuando 1.200.000 de los 6.500.000 habitantes de la Comunidad Autónoma son nativos de otros países, entre ellos unos 60.000 de China y 30.000 de Italia.

Desde hace algunos años, aquella categoría que conocimos en otros países con tradición inmigratoria, la de los restaurantes étnicosgestionados por personas de una nacionalidad y clientela formada en gran parte por paisanos suyos, ha aparecido y se ha afianzado en Madrid. Además, su número crece sin cesar, pese al relativo estancamiento de la población foránea debido a la crisis económica. Desde aquí los seguimos con regularidad porque vienen a enriquecer mucho la diversidad y el interés de la cocina pública madrileña. Y -como sucede en Nueva York, en Londres o en San Francisco- los aficionados autóctonos se van apuntando con entusiasmo a la novedad.

Para muestra, dos nuevos botones interesantes.

Un grupo nacional que sigue creciendo -hay razones políticas y económicas bastante conocidas- es el de los venezolanos: unos 24.000 según los últimos datos. Ya han pasado por esta página El Güero,Antojos Araguaney Grill y La Candelita. Más reciente es La Cuchara(Conde de Peñalver, 82. Madrid. Tel.: 91 309 34 05, calificación 12/20), pequeño y estrecho (ojo al abrir la puerta: está a centímetros de la primera mesa), de precios módicos y autenticidad evidente.

Comedor de La Cuchara.

La cocina venezolana, muy cargada de hidratos de carbono como tantas en las Américas, no es un prodigio dietético. Pero un patacón (plátano verde frito en lonchas, como el tostón cubano) con guacamole, queso blanco y pico de gallo está bien sabroso, como lo están las mini-cachapas, la versión en maíz de las arepas o tortas venezolanas, rellenas de queso guayanés (fresco). Ante los platos principales, abundantísimos y calóricos, dudará más el cliente local, ya se trate de la parrillada (punta trasera, secreto de cerdo, chorizo, morcilla, mazorca y yuca) o el clásico pabellón criollo (carne mechada, judías negras, arroz blanco y tajadas de plátano macho frito). Hay algún vino, pero la clientela venezolana bebe cerveza o zumos, y tiene razón.

Otra novedad es Casa Lafu (Flor Baja, 1. Madrid. Tel.: 91 548 70 96,calificación 14/20), que lleva a la Gran Vía la cocina auténtica, sin mixtificaciones occidentales, que algunos apreciamos tanto en los chinos de Usera. En este caso, además, con más confort y una carta de platos inteligible para el parroquiano español, que lo agradecerá. Lo más arriesgado es que el chef Hao Chen prefiere claramente los platos sichuaneses, que van de lo picante a lo picantísimo, y por ello asustan a algunos del lugar.

Pero láncense los atrevidos a los xiaozi (lo que solemos llamar dim sum) de la casa, con fiera salsa de Sichuan, o al huo guo (el hot pot uolla caliente sichuanesa), o a otro plato caldoso como el de falda de ternera agripicante, o a la cabeza de merluza, y verá lo que es bueno. Y una pista: los platos de Cantón y Shanghai, más suavecitos, también son buenos.

No es cocina, en principio, para tomar con vino, pero un chino con vinos de Roda -por ejemplo- en su carta es inhabitual, y se agradece.

Fuente: El Mundo

http://www.metropoli.com/comer/2016/04/25/571a084ae5fdea456d8b45a1.html

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