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Las facturas que caminan por América Latina

De Daniel Merchán

Después de casi dos décadas de predominio de la izquierda trasnochada en América latina, promotora del calamitoso socialismo del siglo XXI, los vientos de cambio soplan a favor de una nueva era democrática y de oportunidades para el desarrollo económico y social, cada nación de nuestro cono sur, de Centroamérica y el Caribe comienza a vivir tiempos de reflexión de cara al futuro, especialmente en un mundo con tantas complejidades de orden tecnológico, financiero, innovador, de libertades y emprendimiento que requiere preparación con visiones modernas para la época actual.

Es por ello, que los pueblos empiezan a pasar facturas a los modelos inviables, fracasados y anacrónicos que no pertenecen al nuevo ciclo del pensamiento para el desarrollo, en sus múltiples facetas, de allí que la otrora emblemática y “revolucionaria” Cuba, tenga que verse a obligada a mirar hacia el norte a la espera de la visita del presidente de EEUU, conjugando sus oxidados ideales en miras al logro de lo más parecido al sueño americano,  en Argentina, los Kirchner abandonaron el poder en medio de una serie de escándalos de corrupción, persecución a los medios de comunicación, un proceso inflacionario creciente, y una incesante polarización política que llevó al modelo K a una guerra sin cuartel con los sectores productivos del país, abriendo la necesidad de un cambio de timón que logro colocar a Mauricio Macri como nuevo presidente de los argentinos, claramente posicionado como el gerente que requerían para el manejo de la crisis.

En Colombia, la perdida de la alcaldía de Bogotá, que en varios periodos estuvo en manos de las alianzas izquierdistas más radicales de ese estado, y cuyo cargo es el segundo de mayor relevancia en el tablero de influencia política colombiana, demostró que las facturas tarde o temprano llegan, cuando existen deudas pendientes con la ciudadanía, pues las pasadas gestiones tuvieron fuertes retrocesos en frentes como la seguridad y la infraestructura, perdieron el control sobre la corrupción en el periodo de Samuel Moreno, y en definitiva trabajaron con una mediocridad administrativa asociada al clientelismo político durante la convulsionada etapa de Petro, que finalmente produjo el regreso de Enrique Peñalosa como burgomaestre de la ciudad capital, gracias a su pasada experiencia exitosa como referente para los bogotanos.

Bolivia en reciente referendo acaba de poner freno a la intenciones de Evo Morales de reelegirse para un cuarto mandato, colocando fecha y caducidad a su mandato, para no permitir lo que suele ser una condición megalómana comúnmente presente en estos caudillos, con la fijación absolutista de eternizarse en el poder, Brasil y Ecuador no están lejos de esta realidad, por su parte, Dilma Rousseff está contra la cuerdas en medio de protestas que solicitan su juicio político y una popularidad en picada que salpica a todo el partido de los trabajadores y al ex mandatario Lula Da Silva, con los sacudones de los casos Odebrecht y Petrobras, en Ecuador, pese a que Rafael Correa logró surfear varios enfrentamientos en estos años de gestión, aun subsisten dificultades económicas en base a la revalorización de la renta petrolera y la moneda de cambio luego de la dolarización, pero especialmente la tarea de superar el trance político que le a restado institucionalidad al país con maniobras meramente electorales.

Al llegar a Venezuela, nos conseguimos con el cumulo de todos los males antes mencionados, la mayor de las oportunidades perdidas y la factura que más acreedores tiene en su propio territorio y en la comunidad internacional, la más grande tasa de inflación del mundo, records de violencia callejera, reservas internacionales extraviadas, escasez de productos básicos, salarios insuficientes, corrupción desbordada, ilimitada deserción escolar y fallas sistemáticas de los servicios públicos, aunado a la llamada fuga de cerebros mediante la migración de talento humano, presentan el corolario de una receta que solo conduce a la quiebra moral, económica y existencial de toda una sociedad, el socialismo del siglo XXI encontró un conejillo de indias en el cual aplicar todo el recetario del desastre, sin embargo, hoy, afortunadamente apunta al cambio, a la transición y a la salida del régimen chavista-madurista que tanto daño ocasionó, Venezuela inició su cambio, dibujó un nuevo parlamento y pronto comenzara a reformar los años perdidos de involución para transformarlos en su reconstrucción, en emprendimiento, en meritocracia, en libertad para los presos de conciencia, en inversión y propiedad, en educación de primer mundo, pero sobretodo en alternancia plural y democrática, pues los integrantes del foro de Sao Paulo no volverán a debilitar las bases institucionales de todo un continente que se abre camino hacia la globalización participativa y dinamizadora del desarrollo responsable, donde América latina abre sus ojos y será protagonista de impacto mundial.

Daniel Merchán

@Daniel_Merchan en Twitter.

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