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Jóvenes venezolanos logran sobrevivir con poco más de un sueldo mínimo en el exterior

Jovene Venezolanos 33

Muchos son los venezolanos que llegan al aeropuerto de Maiquetía diariamente para dejar atrás la crisis económica, la inseguridad y la polarización; aunque por otro lado, deben sumar el sacrificio de despedirse también de familiares, amigos, recuerdos y miles de querencias; todo, con la firme intención de radicarse en otro país que les genere al ‘precio que sea’ el bienestar que no tienen en casa.

Acostumbrados a lidiar con las proyecciones inflacionarias más elevadas de la región, y que para el finales 2015 los analistas ubican en 200%, los criollos parten con la esperanza de lograr sobrevivir a las condiciones económicas de los países que escogen como destino de residencia, por lo menos, en un primer año experimental, “para probar”.

El estudiante en Montevideo

Días después de haber comenzado el 2015, José Carlos Motta, productor audiovisual de 27 años decidió emprender vuelo rumbo a Montevideo, capital de Uruguay. Relata que la labor no le resultó sencilla, pues luego de dos años de ahorro logró radicarse en tierras sureñas, y ahora, tras siete meses de ensayo y error puede obtener el primer balance de su estadía lejos de casa.

A la fecha, se ha mantenido con parte del dinero que pudo llevarse de Venezuela, no obstante, explica que mediante trabajos a destajo como mesero, call center, vendedor de tienda, etc; también ha podido sobrevivir cómodamente en una ciudad que describe como “algo cara”, pero en la que se puede vivir, pues deja claro que “no hay control de cambio y la inflación no es un tema de que preocuparse”.

El sueldo mínimo en Uruguay, está en 13.000 pesos, mientras que por cada dólar se pagan 27 de éstos. “Con el sueldo básico puedes pagar una habitación, los servicios y la comida. Quedarías bastante apretado, pero si se podría lograr como primer paso mientras te estabilizas”, afirma.

Detalla, que con este ingreso se puede obtener una habitación, cotizada en 5.000 pesos, que en Caracas, estaría ubicada en un eje similar al de Plaza Venezuela, Sabana Grande y Chacaíto. “A eso hay que sumarle que no hay problemas de inseguridad como en Venezuela. Sí existen los robos, pero desde el tiempo que llevo acá solo he escuchado de uno y fue con una navaja que se resolvió sin problemas”, señala.

Sigue optando por el ingreso a una universidad, en vista de que llegó al país cuando el año académico estaba a pocos días de iniciar. Sobre las ofertas estudiantiles, sostiene que la mayoría de universidades son públicas y de “costos accesibles”, lo que según su percepción, explica el gran número de estudiantes que hay en ese país, en parte ayudados por los beneficios que otorga el sistema.

“Los jóvenes tienen oportunidades que en Venezuela no son comunes. A los 20 ya muchos son independientes. Con un sueldo mínimo pueden iniciar su vida en solitario y lo intentan. Vivirán bastante ajustados, pero lo importante es que no es un imposible”, agrega.

Obtener un carro, también parece algo probable para un adulto joven, y es que explica que existen modalidades crediticias sin inicial, siempre que se cuente con un empleo que genere ingresos superiores al sueldo mínimo. “Hasta ahora no he conocido a alguien mayor de 25 que viva con sus padres acá. El sistema es amigable con los inmigrantes, puedes tener trabajos sencillos así tengas solo pasaporte. Después de obtener la cédula de residente es más fácil entrar en un mercado profesional. Por ahora, este será mi lugar, hay mucho por descubrir y conocer”, puntualiza.

Respirando los Buenos Aires

También en el sur del continente, pero un poco más al oeste, específicamente en Buenos Aires, la capital argentina, se encuentra María Alejandra, conocida por todos sus allegados como ‘Mariale’. Sus planes comenzaron en 2013, pero no fue hasta abril de 2014 que tomó la decisión de probar suerte en otro país.

La comunicadora social egresada de la Ucab, explica que los primeros meses de estadía contó con el techo de su hermana, quien tiene años radicada en ese país. “Ella estaba de viaje laboral; por eso estuve completamente sola en su casa. Sobreviví unos meses con lo que traía de Venezuela, compraba lo esencial, gastaba lo esencial, siempre con el miedo de que algún día al ir al supermercado, por algún motivo, no me pasara la tarjeta de crédito”, cuenta.

Mariale Briceño y Wilmer Sánchez en Argentina
Mariale Briceño y Wilmer Sánchez en Argentina

Durante el proceso de adaptación, no solo conoció el estilo de vida de Buenos Aires, sino que se dedicó a competir en ese mercado laboral, mientras esperaba por la llegada de su pareja Wilmer Sánchez, quien terminaba sus preparativos para alcanzarla tres meses después.

“Corrí con la suerte de que me postulé a varios empleos, pero el primero fue en la rama en la que me he desarrollado, Social Media. En eso ocupo mi tiempo, mientras sigo estabilizándome, esta vez en compañía de mi pareja”, sostiene.

El sueldo mínimo en Argentina –cuenta Mariale- se ubica entre 4.000 y 5.000 pesos, con los que dice se puede alquilar una habitación, pagar los servicios y la comida, siempre con la acotación ya de rigor, “se vive apretadito de dinero, pero se vive”.

Actualmente, gana poco más de un sueldo mínimo argentino, pero enfatiza que cuenta con la ayuda de Wilmer para cubrir los gatos del apartamento que ahora comparten ambos en las afueras de la ciudad. “Mensualmente aparto 4.000 pesos para los servicios y gastos, así me libro de eso. Juntar nuestros sueldos es de gran ayuda, a veces quedamos un poco más apretados, pero tengo que asumir que vivimos tranquilos porque si se pueden pagar cosas que con un sueldo mínimo es impensable en Venezuela”, comenta.

Reflexiona sobre lo que ha sido su primera vez como inmigrante al hacer énfasis en las cosas que ha obtenido y que en Venezuela no consolidó; para su nueva casa –dice sentirse orgullosa- de haber comprado cama, utensilios, y hasta una nevera sencilla que le gustó y pudo pagar. “Estando acá he podido hasta pensar en tener una bicicleta. Si bien hay inflación y dólar paralelo, las condiciones no son tan cuesta arriba como en Venezuela. Pensar en la independencia siendo joven es una realidad para los argentinos; yo tuve que hacerlo mucho después de mis 25 y en otro país”.

Por ahora, se queda allá, aunque reconoce que sus querencias se le hacen cada vez lejanas, pues afirma estar consciente de que es muy difícil que sus familiares viajen con frecuencia por el precio de los boletos aéreos. “Argentina me ha dado lo que no tuve en Venezuela, algo que todos teníamos derecho a vivir, pero nos fue quitado. Di mi salto y pueda que lo vuelva a hacer, nada me lo impide. Hay cosas difíciles, pero no imposibles”, finaliza.

El “American Dream”

En 2011 Orian Brito llegó a la muy cotizada ciudad de Miami, en EEUU; resalta que desde el principio contó con el apoyo de los familiares que desde hace tiempo están residenciados en la costa este estadounidense; sin embargo, sostiene que la potencia norteamericana tiene sus estilos de incursión laboral totalmente opuestos a los comunes por estos lados del continente. “Este es un mercado muy competido, y hay que tener convicciones y expectativas claras para lograr obtener un buen trabajo e ingresos que te permitan sobrevivir cómodo”, señala.

Un salario mínimo en el norte, oscila en los $1.300 – Orian dice- que la jornada se paga por horas y la sumatoria da esa cifra. Devengando ese sueldo, la persona podría pagar un apartamento modesto, pagar la comida y cubrir el transporte mientras consigue un vehículo propio, que es lo usual en la cultura estadounidense.

Orian Brito en EEUU
Orian Brito en EEUU

“No conozco a alguien que gane sueldo mínimo, quizás los meseros, pero cuentan con propinas que generan una entrada de dinero más sólida que les permite pagar más cosas”, explica el comunicador social egresado de las filas de RCTV, quien además agrega que un apartamento cuesta entre $800 y $3.000, siendo este último considerado ‘lujoso’.

Actualmente, obtiene poco más de un sueldo mínimo, con lo que ha podido pagar su vehículo, casa, celular, entre muchas otras cosas. No obstante, enfatiza que parte fundamental en la obtención de estos artículos es adentrarse en el muy común sistema crediticio de EEUU.

“Acá todo es por crédito, mantener una referencia limpia y al día te abre las puertas para optar a muchos artículos en los rubros que menos imagines, y sin necesidad de devengar millones de dólares. El secreto está en pagar a tiempo”, aconseja.

Insiste en que el sistema es difícil, sobre todo al momento de legalizar la residencia, y es que para nadie es un secreto lo difícil del trámite, sin embargo, deja claro que para una persona que decide emprender su camino solo, con $2.500 mensuales puede vivir “cómodo”, debido a que podrá costear casa, muebles, vehículo y los gastos cotidianos de supervivencia. “Le agradezco a EEUU las oportunidades. Aquí hay que moverse, salir a buscar lo que se desea”, exclama.

Sobre el terruño que dejó atrás, comenta: “Tengo muchos amigos en Venezuela, a veces quisiera ir de visita, pero pensar en el tema inseguridad me llena de miedo, por lo que prefiero estar cerca de mi gente a través de las redes sociales o las llamadas, por ahora”, finaliza.

Las cifras

En entrevista a la agencia AFP, el investigador y experto en inmigración de la Universidad Simón Bolívar, Iván de la Vega, afirmó que en la actualidad aproximadamente 1,5 millones de venezolanos viven en el exterior, según registros migratorios, censo de países de destino, así como, investigaciones de organismos multilaterales del mundo.

Christian G. Velasco / coordinador@finanzasdigital.com

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