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Arepas en Madrid

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Durante los últimos años, Arepa Olé ha venido a ser el refugio de cuantos añoramos en Madrid este emblemático manjar nuestro. En un local no muy grande, pero estratégicamente ubicado, hemos podido disfrutar de unas deliciosas arepas.

Arepa Olé no solo ofrece diferentes delicias de la culinaria venezolana, como los tequeños, en un ambiente informal pero cuidado, sino que también es posible encontrar allí otros productos nacionales, como nuestra singular «colita». Al mismo tiempo, ha pasado a ser una alternativa para proyectar y dar a conocer nuestra gastronomía entre los españoles. De hecho, probablemente tres son las claves en las que se ha apuntalado el éxito de Arepa Olé: el servicio a domicilio, la amabilidad en la atención, y esos detalles que resultan encantadores e introducen al público a otros productos de la oferta del local, como unos pequeños vasos de chicha servidos por cuenta de la casa entre todos los clientes. Es una gentileza, es verdad, pero también es una forma de facilitar la degustación de una especialidad de nuestra cocina.

Es el caso que, además, este pasado jueves 12 de febrero Arepa Olé pasó a ser una cadena de establecimientos operados bajo la modalidad de franquicia, cristaliza así la iniciativa acometida por Sonsoles García-Rendueles y Edgar Rodríguez, que comenzara con la importadora «Kiosko Venezolano», una empresa visionaria pero arriesgada, pues en aquel entonces no había tantos venezolanos en Madrid como ahora.

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La inauguración de un segundo local, ubicado en las inmediaciones de la Plaza Mayor, revela la aceptación de que disfrutan las arepas en España. La clientela está conformada en parte por la colonia venezolana y por tantos emigrantes retornados que conocen los sabores de nuestro trópico, pero también por todos quienes han ido descubriendo el placer que significa paladear este delicioso continente de maíz asociado a una diversidad de rellenos capaz de satisfacer todos los gustos. De hecho, los fundadores de Arepa Olé estiman que la clientela está conformada por españoles en un 70%.

Aumenta el número de los aficionados a la comida criolla, que penetra con éxito el mercado madrileño, y Arepa Olé está llamada a atender la creciente demanda de nuestros productos, proyectándose con fuerza como marca y como señal de identidad venezolana. La opción de la franquicia ha sido bien acogida, y de hecho la empresa se plantea cerrar el año con cinco nuevos establecimientos emplazados en Sevilla, Barcelona, Galicia y Valencia.

A la inauguración de este segundo local, mucho más amplio, con dos plantas bellamente decoradas, acudieron venezolanos tan populares como Emilio Lovera e Ivonne Reyes, así como numerosos empresarios interesados en la propuesta de la franquicia.

Arepa Olé parte de la premisa de la adaptación y, si bien aseguran que la oferta gastronómica tradicional venezolana goza de aceptación y no necesita modificaciones particulares, también han querido incorporar a su carta «la Arepa Ibérica», que utiliza jamón serrano, tomate natural y aceite de oliva, ingredientes característicos de la cocina española. Sin embargo, la predilecta continúa siendo la reina pepeada: «no hay quien la destrone», aseguran.

Yo disfruto descubriendo día a día las historias de personas que me resultan estimulantes por su valor, por su tesón, por su capacidad de trabajo. Ponerse en marcha, lograr metas, ya de por sí supone abandonar nuestra zona de confort. Hacerlo en un lugar que nos resulta familiar, con todas nuestras redes de conocidos al alcance, tiene mérito. Pero acometer un proyecto desde el principio, conocer otros mercados, otras leyes, comenzar a relacionarse, y tener éxito, es aun más satisfactorio. Sonsoles y Edgar no solo han logrado concretar una idea para su beneficio personal, sino que están creando posibilidades de empleo y de inversión para otras personas. Quienes adquieran la franquicia ya no partirán de cero, sino que se beneficiarán del trabajo que Sonsoles y Edgar han adelantado, ensayando hasta descubrir un modelo que resulte adecuado y rentable.

El mensaje, como siempre, no es que hay que irse. El mensaje es que valemos, que tenemos capacidad, y que así nos lo demuestran quienes aun en el extranjero, inmersos en un medio diferente, a veces sin compañía y acaso embargados por la nostalgia, consiguen llevar a buen término lo que se proponen, mejorando el entorno que los acoge y saboreando, cómo no, el orgullo de poder decir como Sonsoles y Edgar: «Yo soy venezolano».

linda.dambrosiom@gmail.com

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