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Venezuela mantiene intacta la habitación donde durmió Juan Pablo II hace 30 años

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El santo padre visitó la ciudad de Maracaibo los días 27 y 28 de enero de 1985. Tras el vidrio de la primera capilla papal erigida en el país pueden apreciarse los objetos empleados, tal cual los dejó. En el baño están su toalla y bata. Se mantienen allí, además, un jabón de afeitar, un desodorante Atkinsons, un talco English Lavender y hasta una botella de agua mineral de un litro.

 Redactor: Jairo Márquez Lugo / @JMarquezLugo

Fotos: Dickson Lozano / @dicksonlozano

 El 27 de enero de 1985, la ciudad de Maracaibo –al oeste de Venezuela- fue bendecida con la única visita que papa alguno le haya dispensado. El ahora santo Juan Pablo II celebró una misa multitudinaria en el sector Grano de Oro, aún recordada por muchos.

“Fue una eucaristía alegre, una celebración apoteósica”, rememora el presbítero Eleuterio Cuevas, párroco de la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

La capital del estado Zulia tuvo la fortuna de ser incluida entre las 104 visitas dispensadas por el “papa amigo” durante su pontificado. Fue una parada entre el millón 246 mil kilómetros recorridos por el ex cardenal Karol Józef Wojtyla.

 Grata bienvenida

 Luego del acto protocolar realizado en el Aeropuerto Internacional La Chinita, el sumo pontífice abordó el Papa Móvil y se trasladó hacia el sector Grano de Oro, haciendo un lento recorrido.

“El vehículo especial iba a una velocidad muy discreta. Las personas en la calle tenían oportunidad de verlo y saludarlo, y él les retribuía el cariño. Había muchas pancartas. Quienes estaban en ambos lados de la vía le lanzaban rosas y levantaban pañuelos blancos, como símbolo de unión y paz», recuerda el padre Eduardo Ortigoza, vicario de la Arquidiócesis de Maracaibo.

La comitiva llegó justo detrás del estadio “Pachencho Romero”, donde se erigió un inmenso altar concebido por el arquitecto Mario Biancardi. Desde allí, el papa y unos 100 arzobispos, obispos y sacerdotes concelebrantes se dirigieron a más de un millón de asistentes –provenientes de toda Venezuela y parte de Colombia-, así como a quienes vieron la transmisión televisada en más de 50 países. Ellos se encargaron de distribuir la sagrada hostia entre más de 100 mil almas.

En la homilía, su santidad se mostró complacido de estar a orillas del Lago de Maracaibo, al que comparó con el lago de Tiberíades. Invitó a una mutación profunda de mente y voluntad para lograr la conversión deseada por Cristo. “La fe en el Evangelio y, a través de él, en Cristo que lo proclamó, conlleva un conocimiento que trasciende en mucho el horizonte de la ciencia, pero sin romper jamás con ella”, aseveró.

 Pernocta y partida

 Al término de la eucaristía, Juan Pablo II se despidió de la feligresía y abordó de nuevo el Papa Móvil para hacer un recorrido hasta el Palacio Arzobispal -justo detrás de la Catedral de Maracaibo-. Una vez allí, se dirigió al segundo piso para hospedarse en la habitación número 7, donde todo olía a nuevo y había sido adquirido especialmente para el distinguido visitante.

Dicha habitación consta de estudio, dormitorio y baño, y se preserva 30  años después tal cual como la dejó, con mucho celo.

Esa noche fue la primera en que Juan Pablo II dormía fuera del Vaticano o de una Nunciatura Apostólica. Luego de quitarse la casulla (vestidura exterior) usada en la misa, ésta fue colocada sobre un maniquí y se preserva en el área de estudio, así como el resto de la indumentaria.

En el escritorio se encuentran el solideo (casquete de seda para cubrir la cabeza), la medalla conmemorativa de su visita, los libros de cantos de la celebración eucarística y hasta un frasco de vidrio con un dulce casero que el estudiante Javier Domínguez Araque le regaló. Según dicen, el papa lo probó, cerró el envase y olvidó llevárselo.

El menú de la cena consistió en plátano maduro frito –un plato típico de Maracaibo- con mantequilla y queso. De postre le dieron dulce de mango.

Sus oraciones en el reclinatorio antes de dormir fueron interrumpidas por varios jóvenes, quienes a las afueras del recinto le llevaron una serenata. Juan Pablo II se asomó al balcón y escuchó hasta el momento en que dijo: “el papa tiene que dormir”. La almohada usada aún refleja la marca de su cabeza.

Al día siguiente, despertó un poco antes de las 6:00 de la mañana. En el baño están la toalla y bata que usó. Se mantienen allí, además, un jabón de afeitar y desodorante Atkinsons, un talco English Lavender y hasta una botella de agua mineral de un litro.

Frente a la cama se perpetuaron unas pantuflas marrones de cuero, que para la época costaron 135 bolívares según se ve en la etiqueta.

Al salir de la habitación, el sumo pontífice se dirigió a la capilla del Palacio Arzobispal para rezar. En el lugar exacto donde estuvo el reclinatorio se lee lo siguiente: “Hincado desde aquí oró S.S. Juan Pablo II. 28/01/1985”.

Antes de abordar de nuevo el Papa Móvil hizo un alto para recibir la serenata de los Niños Cantores del Zulia, quienes entonaron las “Mañanitas”. El vehículo tomó rumbo al aeropuerto para que el distinguido visitante completara el itinerario de tres días previsto en Venezuela.

“Adiós, papa amigo, Venezuela estará siempre contigo”, dijeron quienes lo vieron partir en esa primera y única visita.

La habitación de Juan Pablo II en la Arquidiócesis de Maracaibo fue convertida en la primera capilla papal de Venezuela, y puede visitarse todas las mañanas en días hábiles. La mayoría de los objetos se aprecia a través de un vidrio.

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