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Contracorriente – Emigración emocional

Emigración emocional

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El hecho de plantearse la mudanza definitiva de un país a otro, aun cuando entre ambos existan vínculos o elementos parecidos, implica un proceso de ajuste emocional importante al cual es conveniente prestar atención.

Particularmente cuando no existe una tradición migratoria, tal como ocurre en el caso de los venezolanos, el duelo es más difícil de manejar.

La sensación de desapego, soledad y desubicación social se vuelve una constante, que puede elevar los niveles de ansiedad hasta el punto en que se haga necesario recurrir a mecanismos de defensa, que a veces no son los más útiles para facilitar la adaptación al nuevo ambiente o mejorar el funcionamiento general del individuo.

Emigrar implica un proceso de duelo y como tal debe enfrentarse.

Los duelos requieren de un tiempo de recuperación; exigen calma y paciencia, un poco de llorar, un poco de alegrarse, así como una conducta acorde con la situación interna que se vive.

Para nada es recomendable negar la tristeza y lanzarse en actuaciones de euforia, a “comerse el mundo”, sin tomar en cuenta que lo dejado atrás representa una parte muy importante de la vida. Tampoco es bueno, denigrar el pasado o el país que abandonamos porque de alguna manera nos denigramos a nosotros mismos.

Igualmente es contraproducente, sobrevalorar nuestra nacionalidad y disminuir la calidad de lo que encontramos en el ambiente actual, solo para compensar el temor que nos puede dar el rechazo que intuimos en cualquier gesto o comentario de sus habitantes.

No es fácil la emigración, aceptémoslo y pongámonos en el lugar que nos corresponde. Hemos dejado nuestro país por múltiples razones (cada cual tendrá la suya) y la forma más sana de resolver el conflicto que esto nos provoca, es evaluar lo más objetivamente la realidad.

¿Que hay defectos en Venezuela? Desde luego, como en todas partes. ¿Que la arepa, el chicharrón, el Pirulín y el ron venezolano son una maravilla? Por supuesto. Lo mismo piensan los españoles del jamón, los italianos del Tiramisú y los chinos de la lumpia. ¿Que en este país hay gente buena y gente mala? Naturalmente. Así somos todos los seres humanos.

Miremos al mundo como es. Tal vez no nos provoque tanto “comérnoslo”, sino vivir en paz con él, disfrutando de la máxima alegría posible.

El duelo pasará y ya veremos hacia donde decidimos orientar nuestra vida.

¡Salud a todos!

César Landaeta H. Psicólogo Clínico-Escritor
@celand29

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